Capítulo 15 «Mírame caer»

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Tom no solía ser un hombre romántico, ni mucho menos detallista. Algo espontaneo, tal vez, algunos días le daba cierto sentimiento comprarle algo linda a la chica con la que salía y le gustaba ver su rostro cuando veía su sorpresa. Además de…una recompensa por la noche.
Le estaba dando muchas vueltas al asunto, y a decir verdad llevaba muchos días sin tener algo de “acción” como le llamaba Bill, seudónimo que por cierto, Tom detestaba. No era que fuese indispensable follarse a alguna chica ingenua o borracha que se encontrase por allí en un bar o caminando por calle, pero desde que había conocido a Camille, extrañamente sus estándares se habían elevado. Como si ya no se conformase con la primera cabeza-hueca que pasase frente a él, sino que ahora buscaba a chicas que pudiesen entretenerlo, seducirlo, y luego tener sexo del mejor. Y eso, era exactamente lo que Camille podía ofrecerle. O al menos eso pensaba él…
Los días pasaron rápido, días en los que aprovechó para conocer mejor París en compañía de Camille, Brokelle y Bill, los últimos parecían estar exageradamente enamorados. Por otro lado, Tom nunca había pasado tanto tiempo con una chica, lo máximo había sido una semana ―la peor de su vida―, pero con Camille era diferente. Muy a pesar de sus trabajos, y lo que implicaba para ellos envolverse en esa extraña “relación”, se llevaban muy bien. Tan bien que a veces Tom temía sobre la verdadera intención de Gordon en cuanto a esa misión en específico.
Gordon nunca le platicó nada, nunca le explicó por qué ella y no otra. Lo cierto era que de todas las misiones que habían tenido, ésta, particularmente, había sido la más difícil…y extrañamente la más placentera. Rastrear a Camille fue más difícil de lo que Tom había pensado, para eso su padrastro tuvo que revisar todos y cada uno de los asesinatos cometidos en Alemania, estudiar con detalle y precisión cada pista del crimen, y finalmente dar con su localización.
Gordon siempre actuaba muy extraño cuando Tom sacaba a conversar ese tema. Siempre con evasivas, una mirada nostálgica, e irritabilidad en cada una de sus palabras, o más bien, en esa frase específica que era lo único que salía de su boca en momentos como ese; “No quiero hablar de eso”
Algún día tendrían que hablarlo, y Tom no estaba seguro si quería que ese día llegase… Camille era una chica que llenaba todas sus expectativas en cuanto a lo físico ―y unas cuantas más―, pero además de eso podía mantener una conversación con ella y no aburrirse o pensar en el tamaño de sus senos. De modo que, si tenía que matarla…sería toda una lástima.
―Tom ―Una voz a lo lejos le llamaba. Sacudió su cabeza para salir de su trance, y se volteó para encontrarse con su gemelo acercándose a él.
―Ya hice la reservación ―le hizo saber―. Hoy a las nueve.
―Bien… ¿hablaste con Brokelle?
―Sí, ella y yo nos iremos después ―Bill esbozó una sonrisa traviesa―. Hice reservaciones para mí también―Y guiñó un ojo. Tom, simplemente se limitó a sonreír.
―Bill ―musitó Tom mientras doblaba otra camisa y la introducía en su maleta―… ¿Crees que Gordon quiera hacerle daño a Camille?
Bill se extrañó unos segundos al oír la preocupación de su hermano en la voz. “Tal vez se esté enamorando” dijo para sus adentros, pero rápidamente descartó esa idea. Tom no era así, él estaba más concentrado en hacer su trabajo que en otra cosa. Muy probablemente él no sentía las cosquillas que Bill sentía al ver a Brokelle, de modo que la opción “enamorado” quedó rápidamente descartada…pero no de igual manera, aún quedaba la opción de “le agrada…y mucho”.
―No, no lo creo ―respondió al cabo de unos segundos, tratando de sonar firme.
―Odio no saber que nos atenemos ―resopló Tom―. No entiendo porqué carajos no puede decirnos por qué tanto interés en Camille.
―Tendrá sus razones ―replicó Bill arqueando ambas cejas, dejando la intriga de Tom volátil en el ambiente. No se dijo nada más, y después de que Bill le palmease la espalda a su hermano un par de veces, se retiró de la habitación.

•••

Camille entró a la habitación, totalmente cansada. Apenas abrió la puerta encontró a su derecha la maleta de Tom, con todo su equipaje dentro. Ella tenía planeado hacer lo mismo, pero ya que faltaban cinco días para el final de noviembre, fecha en la que partirían, decidió dejarlo para otro día, tal vez mañana.
No tardó mucho en despojarse de sus tacones y su gabardina, para tumbarse en la cama a disfrutar de la televisión francesa. Apenas hubo tomado el control remoto, cuando un par de puños tocaron la puerta de su habitación. Concedió la entrada de la persona que tocaba, y cuando la puerta se abrió lo primero que brilló fueron un par de cabellos rubios y ensortijados.
―Feliz Cumpleaños ―dijo Brokelle entrando con una sonrisa jovial. Camille sonrió de lado, y la rubia terminó por entrar y acostarse al lado de Camille, en la cama.
―¿Qué hay con esa sonrisa, eh? ―preguntó Camille al ver la expresión de Brokelle. Entre ellas los cumpleaños no eran demasiado importantes, y por ende la repentina felicidad de Brokelle le causaba cierta intriga.
―Saldremos hoy ―espetó la rubia ensanchando su sonrisa.
―¿Y? ―cuestionó Camille.
―Y eso, que saldremos ―reiteró sin explicarse―. Es tu cumpleaños, estamos en París…―Brokelle hizo la mímica de una balanza con sus manos.
―Oh, vamos, Broke ―resopló Camille―. Estoy muy cansada.
―¡No me vengas con excusas! ―replicó Brokelle―. Hoy es tu cumpleaños, y Bill, Tom y yo te hemos preparado algo especial ―Al termino de esa oración Brokelle dio dos aplausos al aire.
―¿Y ellos como saben que cumplo años?
―Yo que sé ―respondió con un ademán―. Ellos saben toda tu vida ―Camille volcó los ojos con una media sonrisa. A esas alturas ya no le importaba. Brokelle se incorporó y caminó hasta la maleta de Camille, y una vez allí comenzó a sacar cuanta prenda se encontraba, haciéndola dar volteretas por el aire.
―¿Trajiste algo bonito para salir? ―preguntó registrando una de las blusas de Camille.
―¡Oye, oye! ―reclamó Camille tomando sus ropas―¡Desordenas mi ropa!
Brokelle le miró arqueando una ceja, como si le dijese “esto no está ordenado, y lo sabes”. Camille se carcajeó.
―Bueno, bueno. No estaba ordenado, pero no tienes que venir a desordenarlo aún más.
Brokelle hizo caso omiso a los reclamos de Camille y continuó haciendo destrozos con el equipaje de la pelirroja. Que, a esas alturas, se encontraba mirando TV sin darle mucho interés a lo que decía o proponía Brokelle.
―¿Podrías hacer algo más que asentir? ―cuestionó Brokelle sosteniendo un atuendo que ella misma había armado para su mejor amiga.
―Lo siento ―se disculpó sonriendo―, es sólo que estoy cansada, y te lo advertí.
―Pues no es mi problema que te vayas a hacer quién sabe qué el día de tu cumpleaños cuando te hacemos una sorpresa ―replicó Brokelle ―. Ahora alístate, que nos vamos de compras―La rubia se colocó frente al TV de Camille y lo apagó.
―Estaba viendo algo importante ―bufó fulminando con la mirada a Brokelle.
―Por favor, ambas sabemos quién mató a Carter ―dijo Brokelle acusándole con la mirada. La noticia que pasaban era sobre las sospechas de la policía con el asesinato de Carter Boissieu.
―Bien ―se incorporó sin muchas ganas―. Pero si vamos de compras, no me culpes si compro toda la tienda de zapatos ―advirtió la pelirroja con una sonrisa. Brokelle sólo volcó los ojos y tomó su bolso, de todos modos ya sabía a qué se atenía yendo de compras con Camille.

•••

―No irás así ¿verdad? ―preguntó Bill al ver el atuendo de su hermano. Tom se encogió de hombros, realmente no le veía nada malo a llevar unos pantalones de mezclilla y una camisa de franela―. Eres un caso perdido ―bufó Bill volcando los ojos―. Necesitas una chaqueta, o algo así.
―Y tú necesitas cerrar la boca ―contraatacó el de trenzas, a lo que Bill hizo un mohín ―. No me pondré esas mariconadas que tú dices. Es sólo una cena, y ya.
―Una cena en el Jules Verne ―enfatizó Bill―. No seas ridículo, la dejarás en vergüenza si llegas así vestido.
―Será ella, no yo ―refutó Tom sin darle mucha importancia a su gemelo.
―¿Crees que será sólo ella? ―preguntó Bill con una carcajada, para después mirar de manera despectiva las zapatillas que Tom llevaba.
―Bien ―accedió Tom de mala gana―. ¿Qué propones tú, hermanito, gurú de la moda? ―cuestionó cruzándose de brazos y rebosando de ironía.
Bill omitió su sarcasmo y se limitó a disfrutar de su nuevo seudónimo “gurú de la moda”. Se acercó a su equipaje y de allí sacó un par de trajes de él mismo.
―¡Oh, este es genial! ―dijo Bill mostrándole uno a rayas verticales blancas y negras. Tom lo miró con desprecio y simplemente dijo “no”. Bill bufó y continuó buscando.
―Vale, encontraremos otro.
Segundos después sacó otro traje, de color plateado y camisa negra. A Tom no le pareció tan mal, solo que simplemente era muy ajustado.
―Busca uno menos ajustado ―dijo mientras Bill lo examinaba. Nuevamente el de cresta resopló lanzándole una mirada asesina.
―Estoy seguro de que tengo uno para ti.
Se volteó y volvió a buscar dentro de su equipaje. Encontró uno totalmente negro, y que afortunadamente para Tom, no era tan ajustado como los otros.
―Anda, pruébatelo ―le animó. Tom no estaba muy convencido, pero aún así lo tomó y entró al baño para ponérselo.
―¡Bill! ¡Me veo ridículo! ―le escuchó decir el de cresta.
―¡Sal para ver! ―replicó el pelinegro.
―¡Claro que no, me veo estúpido!
―¡Probablemente estés exagerando! ―repuso Bill ―¡Anda, sal de ahí para verte!
Segundos después Bill escuchó como la puerta se abría de a pocos. Cuando Tom salió, parecía más bien una recreación de Hulk cuando está a punto de transformarse. Todo era demasiado ajustado, las costuras parecían querer deshacerse, y sus rodillas estallarían en cualquier momento si las flexionaba. Sin embargo, para Bill era simplemente perfecto.
―¡Es estúpido! ―bufó Tom incomodo por la falta de movimiento al que se sometía en aquellos pantalones.
―¡No te gusta ninguno! ―vociferó Bill con tono cansado.
―¡Si me dieras uno que no me estruje las bolas creo que aceptaría! ―gritó como respuesta Tom, señalando como su entrepierna se encontraba totalmente acorralada por aquellos ajustados pantalones.
―Por favor, no es como si tuvieses una anaconda allí.
―Que seamos gemelos no implica que la tengamos del mismo tamaño ―replicó Tom―, y obviamente la mía triplica el tamaño de la tuya.
Bill bufó cruzándose de brazos
―Por favor, la única manera de que eso sea posible es si te llegase por el tobillo ―argumentó Bill―. Y obviamente no es así, así de que deja de quejarte.
―No me pondré esto, y punto ―concluyó Tom cruzándose de brazos, y se escuchó el sonido de su chaqueta desgarrándose.
―Puedo hacerle algunas mejoras ―propuso Bill mirándolo de pies a cabeza, con una mano en la barbilla. “Probablemente haciendo algún tipo de plan macabro para hacerme ver aún más ridículo”, pensó Tom.
―Quítate los pantalones ―ordenó Bill ―. De ninguna manera dejaré que vayas vestido como un drogadicto reprimido.
Tom sin más opción se quitó el atuendo, para después dárselo a Bill y quedarse ceñido viendo como su hermano hacía milagros con una simple aguja e hilo. Podría ser el hermano más ridículo del mundo, como pensaba él, pero no lo cambiaría por nada.

•••

―Camille…―repuso en tono cansado la rubia, volcando los ojos―. Llevas cinco pares de zapatos y ni un solo vestido decente. ¿Para qué quieres más?
―Para saber cual irá mejor con el vestido ―respondió Camille calzándose el zapato, y eventualmente mirándose al espejo con una gran sonrisa.
―Ni siquiera hemos comprado el vestido refutó Brokelle.
Por eso mismo Camille asintió a la chica anunciándole que se llevaría los zapatos. Así tendré más opciones.
Eres caso perdido resopló Brokelle y luego miró el reloj. Y se nos hará tarde…
Vale, pagaré por estos e iremos a ver vestidos. ¿Contenta?
Brokelle sonrió ampliamente y asintió al tiempo que Camille le miraba divertida. Finalmente pagó por los zapatos, y unió a su mano otra bolsa más que cargar. Esta vez Brokelle no había caído en su trampa, de modo que le tocó cargar sus propias cosas.
Se adentraron a una tienda del centro comercial, dónde había varios vestidos bastante lindos. A Camille le llamó la atención uno en color negro y blanco, y con sólo echarle un vistazo e imaginar lo bien que se verían con sus zapatos peep toe de gamuza negra, sólo bastó buscar uno en su talla y rápidamente lo compró. Brokelle insistió en ir a ver otros, pero Camille se encontraba sumamente satisfecha con ese, y pensó que ir a buscar otro vestido que le gustase más era una completa falacia.
De todos modos, Brokelle terminó convenciéndola para ir a ver otros vestidos, pero esta vez para ella. Un par de tiendas después, Brokelle escogió un vestido en color púrpura, también satinado, atuendo que más tarde culminaría con un collar largo que llegaba justo a la altura de su cintura. Cuando ambas tenían casi la misma cantidad de bolsas entre las manos –aproximadamente seis- y al ser imposible para ellas cargar una más, decidieron volver al hotel.
Por suerte para ellas, ni Tom ni Bill estaban en las habitaciones, de modo que tenían todo el espacio para alistarse juntas. Hacía mucho tiempo que ellas no disfrutaban de una tarde sólo para ellas, y ahora que lo hacían las risas traviesas no podían faltar. Maquillaje, ropa, perfume y accesorios para cabello era lo que más abundaba en la habitación, y mientras Camille peinaba un poco más su –ya bastante- liso cabello, Brokelle trataba de encoger aún más sus ondas.
¿Cómo me veo? preguntaron al unísono mientras se colocaban una frente a otra. Soltaron una sonrisa divertida y respondieron de nuevo a coro:
Bien.
Ahora ambas se voltearon al espejo, clavando sus miradas en el resultado final de una tarde tan atareada. El vestido de Camille llegaba hasta su rodilla, totalmente apegado a su figura. La parte de arriba era en color blanco, con un solo tirante grueso al lado derecho, dejando unos coquetos lunares al descubierto en su hombro izquierdo, y bajo el busto se entallaba la tela negra satinada en ondas, favoreciendo a su esbelta figura una cintura envidiable.
Ambas tomaron aire prolongadamente, volteándose de un lado y luego al otro para ver su perfil y cerciorarse de que todo estaba bien. Brokelle tomó su cartera de mano en color negro con una linda hebilla plateada, y Camille hizo lo mismo con la suya, a diferencia de que esta era de estampado de cebra.

•••

Están locos si creen que voy a subir allí de nuevo espetó Camille, de pies estática frente a los escalones que se adentraban a la torre Eiffel.
Vamos, vas a perderte tu sorpresa murmuró Brokelle un tanto berrinchuda. Camille le fulminó con la mirada, e hizo lo mismo con Bill.
Tom no se encontraba, pero Brokelle y Bill se las ingeniaron para darle una buena excusa, y dado que Camille a veces podía ser bastante distraída, simplemente les creyó.
¿Sorpresa? Probablemente sea una simple cena, y ya objetó la pelirroja, y de inmediato las miradas de Brokelle y Bill se clavaron en ella. Claro, “una simple cena” bufó Bill para sus adentros, por supuesto ella no había arriesgado su trasero amenazando al gerente.
Cam, sólo respira hondo y no veas a los lados propuso Brokelle, utilizando su más notable don, el de persuadir a las personas.
Pero yo…
Camille intervino Bill, quién no dejaría por nada del mundo que su trabajo fuese en vano, si no entras, me veré obligado a cargarte como lo hizo Tom.
De inmediato las miradas de Camille y Brokelle se clavaron en él, la de Camille, burlista, decía un notable “no hay manera de que puedas cargarme”. Mientras que la de Brokelle, un tanto celosa, espetaba un “no hay manera de que te deje cargarla”.
¿Estás insinuando que no tengo la fuerza suficiente para cargarte? preguntó Bill ofendido, mientras omitía completamente la mirada fulminante de Brokelle.
No lo estoy insinuando, lo estoy afirmando respondió Camille sin ningún tipo de prudencia. Bill agachó la cabeza, ligeramente avergonzado, y supo que lo que había propuesto había sido completamente estúpido.
Camille, tienes que entrar intervino Brokelle enfatizando la palabra “tienes”. No es como si se fuera a caer o algo por el estilo.
¿Y tú como sabes que no se va a caer y vamos a morir todos allí, eh? cuestionó la pelirroja, y su amiga rió al ver su rostro lleno de preocupación.
No seas dramática le dijo volcando los ojos. Y baja del auto, si no quieres que llame a otras personas que sí pueden cargarteAl decir lo último, Brokelle le lanzó una mirada envenenada a Bill.
Bien, bien accedió Camille abriendo la puerta. Joder, les odio a todos.
Luego azotó la puerta. Brokelle salió tras ella al igual que Bill, y los tres comenzaron a subir escalones hasta llegar al segundo nivel.
Los ojos de Camille encontraron las palabras “Jules Verne” en una pequeña carpa amarilla, que servía de techo en unos escalones que probablemente eran de la entrada. Se emocionó al verlo, y con los pasos de Broke y Bill siguiéndole, se adentro rápidamente. Se llevó una gran sorpresa al estar allí, y ver como sólo en el centro del lugar, permanecía una sola mesa con dos sillas.
Ya veo que tratan de hacer murmuró Camille para sí misma, mientras arqueaba una ceja. Se volteó hacia atrás, esperando encontrar a Bill y Brokelle, pero ellos ya no estaban. Miró a su derecha, y tampoco, luego a la izquierda y ni rastro de ellos. Finalmente miró hacia el frente, y por primera vez en el día, vio el rostro de Tom.
Sus labios esbozaron una sonrisa, y comenzó a dar un par de pasos hasta llegar a Tom. El pelinegro le miraba, expectante, embelesado, vislumbrando cada detalle de ella, de su manera de caminar y su sonrisa suspicaz. De aquellos ojos que brillaban y se veían aún más grises de lo que ya eran. De su cabello rojo, con el flequillo recto perfectamente acomodado, de sus piernas esbeltas que se dejaban admirar en aquel hermoso vestido, pendiente de cada detalle de su cuerpo. Para Tom, simplemente no había palabras para describirla, y si existía una, debía ser un derivado entre lo sublime y la perfección.
Así que esta es tu manera de llevarme a la cama dijo Camille cuando estuvo frente a él, con una sonrisa impredecible e inexplicable. Tom sonrió.
¿Y está funcionando? preguntó arqueando una ceja. Camille hizo un mohín, fingiendo estar pensativa.
Lo responderé al final de la noche respondió susurrándole al oído, y Tom se erizó repentinamente. De pronto una ligera melodía comenzó a sonar, y Camille le miró inquisitivamente.
¿Bailamos? le escuchó decir. Camille dejó su cartera en la mesa, y tomó la mano que Tom tenía extendida.
Sólo porque no es tango respondió ella, y mientras Tom sonreía, colocó una de sus manos en la cintura de Camille. Así, ambos comenzaron a moverse el son de la melodía, una tranquila y hasta cierto punto…romántica. Una palabra que ni a Camille ni a Tom les agradaba, pero que en ese preciso instante, se sintió increíblemente bien.
¿De dónde sacaste esa ropa? preguntó Camille aún bailando. Tom llevaba un traje gris, con la camisa negra y desabotonada. No estaba mal, simplemente un poco ajustada, algo muy raro en Tom.
¿Te gusta? cuestionó él.
No realmente respondió Camille con una carcajada. Tom no se ofendió, y por el contrario, estuvo de acuerdo con ella.
Joder, lo sabía inquirió con una carcajada. Bill me las pagará.
¿Dejaste que tu hermano te vistiera? preguntó con burla la pelirroja.
No debí admitió Tom, pero sí. Me convenció diciendo que mi ropa parecía de “drogadicto reprimido”Camille rió.
En ese caso, quedémonos con este traje murmuró. De todas maneras, estaba disfrutando de la vista que aquellos pantalones le daba. Claro que no podría decirle aquello a Tom, porque su ego aumentaría ridículamente, pero era simplemente…la verdad.
Los minutos transcurrieron, y entre bromas de Tom y risas de Camille, fue hora de dejar el baile de lado. Por parte de Camille, porque los tacones la estaban matando, y por parte de Tom, simplemente porque no se quedaría bailando solo. Si hubiese sido decisión de él, probablemente hubiesen estado bailando hasta el amanecer.
Camille pidió un poco de champagne al igual que Tom. Cuando llegó la hora de comer, antes del plato principal, les trajeron un poco de ensalada a ambos. Camille dio su primer bocado, y cuando tuvo la oportunidad de saborearlo, supo que algo no andaba bien. Trató de disimularlo, y contuvo las ganas de devolver el champagne que recién había tomado por respeto a los empleados y más que todo a Tom, quién parecía estarlo disfrutando.
¿Te ha gustado? preguntó Camille, después de tragarse lo que tenía en la boca con ayuda del vino.
Bueno…es un poco…creo que…
Tom no hallaba palabras para decir que era lo más asqueroso que había comido en su vida. Pero no quería admitirlo, por el simple hecho de que tenía la mirada de una docena de empleados clavada en él, expectantes por su reacción.
Camille, al ver que simplemente Tom no podía hablar, captó rápidamente su intención, y sin esperar mucho, comenzó a carcajearse al unísono con Tom. Los empleados les miraron confundidos, sin entender una palabra de lo que Camille y Tom decían, pero si de algo estaban seguros, era que la comida no les había gustado, puesto que después de la primera bocanada, no siguieron comiendo más.
Con una extraña sonrisa en los rostros, les lanzaron unas mirada asesina, y se marcharon.
Joder, ¿qué nos han dado? preguntó Tom mirando con un mohín de asco su plato.
No tengo ni la menor idea respondió Camille, pero debía ser algo bueno para semejante reputación.
Bien, suponiendo por los elevados precios, la comida debía ser exquisita. Pero…sabiendo que en lugar de euros, Tom arregló viejas cuentas con el gerente del restaurante para pagarle una noche, probablemente se estaba vengando de su no tan ortodoxa manera de conseguir lo que quería, y había ordenado que la comida fuese simplemente espantosa.
De modo que, comer algo que probablemente fue envenenado o escupido por los meseros, no era del todo factible, se valieron del champagne y los mejores vinos para pasar la noche, algo que más tarde, le jugó en contra a Camille. Al llegar al hotel, el equilibrio era casi nulo, y la coherencia y el control de sus acciones, iba por el mismo camino de disolverse. Tom la llevaba tomada de la cintura, cuidando que no se tropezase y si lo hacía, que no se cayese. Aunque el pelinegro no estaba totalmente sobrio, él había tomado un poco menos que Camille.
Presionó el botón del elevador, y minutos después las puertas se abrieron. Para suerte de ambos, era tan tarde que nadie estaba allí, de modo que el elevador quedaría sólo para ellos dos.

•••

No puedo creer que aún no lleguen dijo Brokelle a Bill, quién yacía a su lado en la cama. Bill la rodeó con su brazo, y besó su cabeza.
Supongo que eso es una buena señal inquirió encogiéndose de hombros. Brokelle comenzó a deslizar su dedo por el torso desnudo de Bill. El pelinegro sintió un cosquilleo placentero, y con sus manos tomó el rostro de Brokelle para depositar un beso prolongado.
De pronto, lo que estaba a punto de comenzar nuevamente, se vio interrumpido por un golpe en la pared. Estruendoso, violento.
Bill se separó de ella, y con los labios enrojecidos agudizó su sentido auditivo, para volver a escuchar otra serie de golpes iguales al anterior.
¿Escuchas eso? preguntó a la rubia, quién asintió sin mucho interés. Volvió a unirse sus labios con los de él, pero Bill parecía no responder.
Iré a ver qué sucede le dijo. Brokelle volcó los ojos y tomó una de las sabanas blancas para tapar su cuerpo desnudo, y siguiendo los pasos de Bill, abrieron la puerta de la habitación.
La escena que presenciaron los dejó momentáneamente atónitos. Tom estaba apoyado en la pared, con un par de piernas rodeando su cintura, y un par de manos rodeando su nuca, concediéndole uno de los besos más apasionados que Bill había visto. Supuso que era Camille, al ver su cabello rojo y alborotado moviéndose de un lado al otro siguiendo el apresurado ritmo de aquel beso. Entonces, cuando Tom trató de avanzar a la habitación, esta vez fue la espalda de él la que colisionó con la pared. De inmediato Bill supo de dónde provenían aquellos golpes, y simplemente sonrió.
Dirigió su mirada a Brokelle, quién también estaba muy divertida viendo la escena. Cuando la rubia le miró a él, unas ganas inmensas de imitar la conducta de su amiga se apoderaron de ella, y con sólo asentir al mismo tiempo que Bill, tomó su mano y se adentraron a la habitación lo más rápido que pudieron.
Tom y Camille siguieron en los suyo, una utopía por quitarse la ropa tan rápido como pudiesen, sin siquiera separar sus labios. Tom llegó a la puerta de su habitación finalmente, para lo que para él fue una eternidad, y con Camille aún aferrado a él, se le hizo casi imposible encontrar la ranura dónde debía pasar la tarjeta para abrir.
¡Mierda! espetó después de múltiples intentos, aunque su voz sonó ahogada al estar aún disfrutando del beso. Finalmente abrió la puerta, y la gravedad les ganó la partida cuando cayeron de espalda, Tom encima de ella.
Camille comenzó a reír como nunca, y Tom al ver que no la había lastimado, también lo hizo. Después, cuando las risas cesaron y sus miradas se encontraron, sedientas de ellos mismos, Tom tomó su rostro y la besó de una manera inexplicable, con una avidez inescrutable, como si fuese el último beso que daría en toda su vida. Camille descendió su mano hasta encontrar el pantalón de Tom, y sin separarse de él, comenzó a despojarlo de sus ropas.
En cierto momento Tom se detuvo, y no estaba seguro del porqué. Simplemente lo hizo, se separó de ella y se incorporó. Camille le miró confundido, esperando alguna palabra o excusa. Tom se limitó a decir un simple:
Necesito ir al baño.
Y sin decir nada más, corrió hasta allí y cerró la puerta con pestillo. Su respiración era agitada, y su corazón latía a una velocidad inimaginable. No sabía por qué estaba nervioso, por qué temblaba y por qué sus pensamientos parecían dar vueltas en su mente, mareándolo.
Caminó a zancadas hasta quedar frente al espejo, y mirando su reflejo comenzó a alentarse a sí mismo: “Vamos Tom, tú puedes hacerlo” decía como tratando de convencerse, pero lo cierto era que tenía más miedo que ninguna otra vez. Estaba a punto de desobedecer las órdenes de Gordon, a punto de cometer lo que probablemente sería, el error más grande de su vida, y sin embargo, simplemente no podía dejarlo pasar. Había pasado un mes en penumbra, sin poder siquiera tocarla cuando sentía tantas ganas, a conformarse con un simple roce de labios que la mayoría de veces él comenzaba.
No, definitivamente no lo dejaría pasar. Sonrió para sí mismo, tomó aire, y salió del baño en busca de sus sueños…
¿Camille? le llamó al verla en el suelo, con los ojos cerrados. ¿Se había dormido? No, no podía tener tanta mala suerte.
Cam, despierta murmuró agachándose hasta dejar su rostro frente al de ella. La tomó de la barbilla y sacudió un poco su cabeza, pero simplemente no daba señales de abrir los ojos. Decidió no intentarlo más, o corría el riesgo de despertarla pero para que ella vomitase por tantas sacudidas.
Rendido, tomó a Camille y la cargó hasta la cama. Decidió dejarle la ropa que andaba, porque sabía que si intentaba ponerle un pijama no podría controlarse. La arropó con las sabanas, y después de depositar un rápido beso en sus labios, se acostó al lado de ella.



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2 Response to Capítulo 15 «Mírame caer»

1 de diciembre de 2010, 20:27

No puede ser!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Es la cosa más hermosa que he leído, los amo, amo a ese par de tontos tan malos pero que juntos son terriblemente lindos ♥_♥
Extrañaba leer, siento que me relajo cuando lo hago, y más si es con este Fic (:
Me cagué de risa en la que Bill insinuó cargar a Cam xD y la rubia con cara de: ni lo intentes porque te la corto! xD hahahahahah
Y luego el desorden de Cam, se parece a mi y la rubia a mi madre ¬¬º xD justo hoy tuve que ordenar mi habitación después de no sé cuánto tiempo xD
Owwwww, Tom con ropa ajustada xD me lo imaginé hhahahahahah no no, lo prefiero con su ropa normal! OH VAMOS! ESO ES MIERDA! IGUAL SE VERÍA RICO XD con lo que sea se vería hermoso, el wn es perfecto ¬¬º lo odio por eso, pero ya ya no me desvío (:
No sé porqué pero en la parte donde Cam y Broke se están cambiando y todo, nos imaginé a las dos alistándonos para salir pero con Tom xD reamigas compartiendo todo xDDDD neeeeeeeh xD
Luego cuando Tom esta en medio o.o madre! que me morí empecé a saltar ¡te lo juro wn! xD ahí sí imaginé que era yo sola hahahahah y luego bailan puatamdreee! más lindos ♥_♥ y la comida de mierda ¬¬º hasta a mi me dio asco o.o ok no -.- xD
Y cuando se meten al elevador y lo cortas ahí ¬¬º yo dije: LA MATO! Ò.Ó pero luego vino la parte que más me gustó EL BESO APASIONADO xD ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh! lo imaginé tan pero taaaan bien que hasta yo movía la cabeza hahaha ok no no!
Es que fue tan, brutal xD no sé cómo describiría la "relación" de ese par xD son tan hermosos, tan... asesinos! hahahahha xD
Y luego Cam se queda dormida ¬¬º PORQUÉ, PORQUÉ LO HACES SOOOU d.d aunue me encantó eso del besito n.n y luego se recuesta a su lado owwwwwwwww ♥ lo amo, lo amo a ese maldito bastardo (?

Quiero maaaaaaaaaas! Por favor, no acabes nuuuuunca, este Fic tiene que ser de por vida (: hasta que Cam y Tom sean ancianos, deberías escribir diario, así tipo que escribes lo que ellos hacen durante el día (?) hasta que mueran, por lo tanto hasta que muera yo xD (?)

Espero el capi muuuuy pronto (:
Te adooooooooooro ♥
PD: Ya abrieron los Fics ¬¬º y realmente no quería xD

2 de diciembre de 2010, 20:52

joderrrrrr me he desaparecido dos dias creo ¿?
el capi estuvo hermoso me encanta la forma en que le celebran el cumple a cam y tom por dios me gustaria verlo con ese traje tan apretado xD
estaba media alucinada imaginando como bill cargaria a camille pobre creo que se partiria y esa comida de mierda que le dieron no lo puedo creer yo lo hubiera tirado en la cara a los meseros y despues cuando a broke y bill se antogaron hacer lo mismo que tom y camille plop esa parte me dio un atque de risa que mi madre se asusto xD
cada ves que mencionas a gordon la piel se me pone de gallina al no saber que haran a camille y tom espero que se enamore lo mas pronto posible aunque creo que va por buen camino !!!
ya quiero leer el otro capi nose pero creo que utopia es una obsesion ayer soñe con el capi 12 xD y waaaaaa parecia tan real
PD : de donde sacas todas las canciones que pones en cada capitulo todas me encantan al igual que todo lo que haces ♥