Capítulo 26 «Deja que el juego comience»

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           Solo la luz de aquella luna llena, plateada y tétrica, podría inmiscuirse en aquella habitación. Siendo testigo mudo, espectador irrelevante, la presencia de algo indeleble, cargando con una importancia casi nula, porque simplemente nada podría detenerla. El sonido de un chasquido entre la penumbra, y sus ojos escrutando la oscuridad en busca de lo proveniente. Segundos después, el sonido de casquillos de bala colisionando contra el suelo.

          La manera con la que aquellas manos manejaban el arma era majestuosa, sublime. Piel blanca como el alabastro, manos delicadas y esbeltas, contrastando con el barniz rojo sangre de sus uñas, unas que tenían el corte perfecto, el largo perfecto, y la textura perfecta. Parecía ser que en ella todo era perfecto.

          Cuando sus ojos pudieron ver algo a través de la venda, pensó que su mente le estaba jugando un mal truco. Aquel rostro, tan delicado y fino, con facciones que parecían haber sido cinceladas por el mejor artista del mundo, tenía algo que embelesaba sin remedio. En aquella oscuridad, pudo ver como sus ojos brillaban de un color gris muy peculiar, cual perla a la luz de la luna, aquella luna.

          Tenía la gracilidad de un felino, el sonido de sus pasos parecía ensayado, sincronizado con el de alguna gota que caía desde el techo hasta alguna cubeta. La delicadeza en sus movimientos era casi irreal, el conjunto de belleza y peligro era algo que no podía pasar desapercibido. Aún quién no supiese a lo que aquella hermosa mujer se dedicaba, sabía que aunque su cuerpo le instase a acercarse, sus ojos le decían lo contrario.

          Pero nunca, siquiera toda su belleza multiplicada, podría alcanzar lo cruel y peligrosa que podía llegar a ser, y era tal vez, esa, su mejor arma, y la que mejor sabía manejar; Lo sublime de su rostro. Había sido así como él había llegado a aquel galerón, seducido por los encantos de una mujer que no escondía un as bajo la manga, escondía toda la baraja. Su cabello rojo se movía con gracia, instándole a acercarse, a contemplarla no solo a lo lejos. Y así fue como quedó atrapado sin remedio, ahora que su muerte se acercaba sólo podía recordar aquellos ojos, mentirosos, insaciables…asesinos.

          La frecuencia cardíaca comenzaba a disminuir, ella se tomó la molestia de envenenarlo en vez de asfixiarlo o dispararle, y debía quedarse allí, a su lado hasta que él muriese. Pero aunque lenta y agonizante, no podía imaginar una muerte más satisfactoria. A manos de la asesina más buscada de Alemania, a manos de la asesina más hermosa del mundo, a manos de una de las personas más peligrosas de todo Europa. Ahora que lo pensaba era casi un halago, y ni siquiera la muerte acechandolo podía hacer que la sonrisa en sus labios de desvaneciera.

          Estaba muriendo a manos de Camille Novek.







•••


          Klaus Poehlke no esperaba aquella llamada, aquel día ni a aquella hora. Pero era inminente. Deberle dinero a Caleb Novek era uno de los peores errores que podía cometerse en el negocio del narcotráfico, y a pesar de haber hablado con Caleb para pedirle más tiempo, él era de esos hombres que perdonaban, pero no olvidaban. Estaba seguro al ver lo rápido que había accedido Caleb en cuanto a prolongar el tiempo, que le haría pagar por la espera. De alguna u otra manera, pero simplemente lo haría.

          ― ¿Hola?

          La voz al otro lado de la línea la conocía muy bien. Daniel, uno de sus mejores empleados, y quién había contratado para cuidar de su hermano, hablaba como si le faltase el aire, o como si hubiese visto al mismísimo demonio frente a él.

          ― ¿Daniel? ¿Qué ha sucedido?

          ― Señor… su hermano… él…―Pero la voz le temblaba, y era imposible hablar. Parecía estar cansado, como si hubiese corrido un maratón.

          ― ¡Daniel! ¿Qué demonios sucede? ¿¡Por qué hablas así!? ― El pánico en la voz de Klaus era imposible de ignorar.

          ― Señor, yo lo siento… lo siento muchísimo― La voz de Daniel se quebró― No pude evitarlo, le dije que ella era peligrosa, pero no quiso escucharme…yo…

          ― ¿¡De quién demonios hablas!? ― Klaus gritaba a través del teléfono de casa.

          ― Ella señor, lo mató― finalmente hablaba claro, pero para Klaus no fue un alivio escuchar aquella noticia― Lo mató señor, yo he escapado, pero… su hermano… él murió.

          ― ¡Eso no puede ser posible! ― Vociferó Klaus con los ojos escociéndole de lágrimas― No se ha escuchado de ella en un mes, es imposible…ella no puede…― Tragó con dificultad. La última vez que Camille Novek había dejado de asesinar, se había ido del país por dos años, y nadie nunca supo nada de ella, era como si la tierra se la hubiese tragado.

          Y Klaus se había equivocado cuando pensó que después de no escuchar sobre ella en un mes, podía bajar la guardia.

          ― ¿Señor? Yo lo siento, traté de advertirle pero…― Y en ese instante Klaus dejó de escucharlo. El teléfono resbaló de su mano, y el mundo se quebró bajo sus pies, su hermano estaba muerto. La mirada en sus ojos era indescriptible, el dolor que sentía en su pecho era peor que cualquier otro que hubiese sentido, como si le hubiesen arrancado el corazón.

          Dejó sus lágrimas fluir sin impedimentos, nunca pensó que Caleb Novek pudiese llegar tan lejos por dinero. Pero ahora la mayor incógnita era ¿a quién mataría después? ¿A su esposa? ¿A sus hijos? No quería pensarlo. Debía conseguir el dinero antes de que otra persona saliese herida. Sin embargo el odio en sus ojos, la sed de venganza, era imposible de ocultar.

          Le pagaría, pero Caleb también tendría que pagar por lo que había hecho con su hermano.







•••




          Aquella mañana la nieve parecía no querer cesar. Caleb miraba atento por la ventana, su preciado jardín ahora estaba bañado en una capa de nieve blanca, y apenas comenzaba el invierno. Mientras le daba una calada a su habano, recordó que esa mañana Camille le llevaría noticias sobre su misión del día anterior. Era la primera a la que había accedido después de todo el altercado con Tom, que por cierto parecía haberse calmado la situación, pues ya había pasado un mes y Camille no había dicho palabra alguna.

          Su hija apareció justo cuando él terminó de fumar, se volteó y se sentó en su escritorio, frente a ella. Aún cuando Camille no decía nada, podía verse en su semblante que aún se sentía enfadada con él. Caleb no le dio mayor importancia.

          ― ¿Te fue bien? ― preguntó acomodando un par de documentos en una carpeta.

          ― Sí― respondió cortante.

          ― ¿Dejaste escapar al guardaespaldas?

          ― Sí― volvió a repetir.

          ― ¿Te aseguraste de que estuviese muerto?

          Esta vez Camille le fulminó con la mirada. Caleb curveó ligeramente sus labios en una sonrisa.

          ― No me culpes, no puedo confiar mucho después de lo que sucedió con Tom ¿no?

          ― Púdrete, Caleb― espetó Camille. ― ¿Me vas a pagar? No estaría aquí de no ser por eso.

          Caleb sacó de su escritorio un sobre que llevaba dentro una cantidad considerable de billetes de euro. Camille lo abrió y se aseguró de que su paga estuviese completa.

          ― Me ofendes― mencionó él al verla contar el dinero― ¿Cuándo te he quitado dinero?

          ― No me culpes, no puedo fiarme mucho desde que te tengo a ti como padre.

Caleb sonrió casi imperceptible, al ver a su hija usar las mismas palabras que él para ofenderlo.

          ― Touché― Musitó guiñando un ojo. Camille se marchó sin siquiera mirarle.

          Así Caleb se mantuvo en su escritorio después de que Camille se marchase, en espera de otro de sus compromisos ese día. Le entusiasmaba pensar que dependiendo de lo que sucediese hoy, en unos días Camille estaría dándole razón sobre Tom. El sonido de la puerta lo hizo despertar de sus pensamientos.

          ― Caleb― Dijo Evan, era de las pocas personas que lo llamaba por su nombre― Has vuelto. ¿Te fue bien en Italia?

          ― No puedo quejarme― respondió con media sonrisa― ¿Has traído al chico?

          ― Sí, señor.

          ― ¿Verificaste que no tuviese armas, no?

          ― Sí señor, pero en todo caso puedo permanecer aquí, si usted lo desea.

          ― No es digno de un empleado mío ser entrometido, ¿lo sabías Evan?

          El aludido bajó la cabeza, avergonzado e incapaz de replicar nada.

          ― Quédate afuera― continuó― Dudo mucho que el chico cause problemas, pero en dado caso, sé como arreglármelas.

          ― Sí, señor― Evan hizo una especie de referencia, y salió sólo un minuto de la oficina, para volver más tarde con otro chico. Caleb le hizo una seña con la cabeza a Evan para que se marchase.

          ― Puedes sentarte― le dijo al rubio, aunque más bien parecía una orden. Caleb mismo tomó asiento.

          ― Gracias, pero estoy mejor así.

          A Caleb le pareció sospechoso que el chico se rehusara a sentarse.

― ¿Tienes alguna herida? Porque te advierto que si estás herido no vas a servirme para este trabajo.

          ― No lo estoy, señor.

          ― ¿Estás seguro? Es tu vida la que corre peligro, chico, no la mía.

          ― Estoy bien, gracias.

          ― Entonces, siéntate― Esta vez Caleb habló más claro, mirándole para que él no se atreviese a desafiarlo. El rubio se sentó mascullando entre dientes “si usted lo desea” aunque no muy feliz de tener que seguir sus órdenes. Caleb lo examinó un segundo, a ojos de cualquier adolescente era atractivo, sin embargo su hija no caería tan fácilmente con aquel rostro de Ken.

          Tenía ojos verdes, como el color de la esmeralda. El cabello rubio cayéndole como cascadas a los lados, un poco más arriba de los hombros. Se podía deducir que trabajaba duro ejercitándose, puesto que sus hombros eran anchos y sus caderas angostas. Facciones finas, la nariz recta y los labios delgados.

          ― ¿Ethan? ― El rubio asintió al escuchar su nombre― Bien, chico. Debes saber que el trabajo que te voy a dar no es muy sencillo.

          ― Descuide señor, estoy consciente de cómo hacer mi trabajo― Lo último lo dijo con una sonrosa arrogante. Caleb sentía que él chico era demasiado inexperto como para halagarse a sí mismo.

          ― Mi hija no es una puta, si te estás fiando en tu físico― le dijo Caleb― Ahora, hablemos de precios.

          ― Le cobraré lo mismo que le cobré a su amigo Paul.

          ― No me importaría pagar un poco más si me aseguras que vas a ser efectivo. No estamos hablando de un simple guardaespaldas, ¿de acuerdo? ¿Acaso tienes le menor idea de a quién vas a raptar?

          ― Pues acaba de decir que su hija― respondió Ethan― No creo que una mujer dé el menor problema.

          Caleb no sintió ira ni mucho menos, más bien lástima de la ingenuidad con la que aquel chico pensaba.

          ― ¿Tienes idea de cuantas personas han muerto a manos de esa “mujer”? ― Cuestionó el castaño, y al decir «mujer» uso el mismo tono despectivo que el rubio.

          ― Honestamente, no.

          ― Muchas― se limitó a decir Caleb― ¿Entiendes lo que es muchas? Lo dudo mucho, chico. Pero ya lo he advertido, es tu vida, no la mía.

          ― Lo entiendo, pero ¿sabe usted a cuantas personas he raptado?

          ― Me importa muy poco― replicó Caleb― Estoy segura que ninguno del calibre de la asesina más buscada de Alemania.

          ― ¿La policía anda tras ella? ― preguntó Ethan.

          ― No― Caleb sonrió― Eso es lo bello de todo esto, es la más buscaba y sin embargo nadie sabe quién es. ¿Ya tienes una idea de con quién estás tratando?

          ― Seré cuidadoso.

          ― Ser cuidadoso no te mantendrá vivo, pero de nuevo, no es mi problema. ― Caleb encendió uno de sus habanos, estaba a punto de echar a aquel inútil de su oficina, pero logró mantener la calma.

          ― Bien, el único requisito que tengo es que no la lastimes, ¿de acuerdo? Si encuentro un solo golpe en ella, date por muerto.

          ― Entendido― murmuró el rubio.

          ― Bien, ahora puedes irte. ― Caleb arrastró un sobre color marrón a las manos de Ethan―Te daré le otra parte del dinero cuando hayas cumplido con tu trabajo.

          El rubio sonrió, un brillo siniestro iluminó su mirada. Caleb lo miró, sin embargo no le dio importancia, aquel chico era insignificante, y Caleb no necesitaba lanzarle una mirada amenazadora para hacerle saber que si no acataba sus órdenes, estaría muerto más rápido de lo que pensaba.

          ― Antes de irme, ¿puedo saber para quién estoy trabajando? ― Se tomó la osadía de preguntar, sin embargo para Caleb aquello sería la cereza en el pastel. Sonrió.

          ― Tom Kaulitz. ― respondió, para luego añadir: ― Asegúrate de que lo sepa.

          Ethan le lanzó una media sonrisa, suspicaz.

          ― Imagino que usted no es Tom Kaulitz, ¿me equivoco?

          Caleb se echó una ínfima carcajada.

          ― Muy astuto― Le halagó, a lo que Ethan sonrió de nuevo, arrogante― Pero muy entrometido― Caleb tornó el tono de su voz en un serio cuando dijo lo último. Ethan se estremeció.

          ― Puedes irte.

          Y sin replicar más, el chico salió de allí, dispuesto a hacer su trabajo.







•••




          Aquella tarde los gemidos habían acabado, el efímero placer de tenerla entre sus brazos comenzaba a escocerle en el pecho. Había pasado un mes, y contrario a lo que alguna vez pensó, el dolor era cada día más intenso. Carolina era una buena chica, pero no era Camille. Y eso era lo que a Tom más le dolía, estar a tal punto en que no importaba si tenía a la mujer más hermosa en su cama, si no era Camille, él simplemente no se sentía satisfecho.

          Esa, como muchas otras veces, se encontraron simplemente para tener sexo. Lo bueno de aquella chica era que no le gustaban los compromisos, y Tom no estaba listo para abordar una relación seria, no si se sentía de esa manera. Al terminar volvió a sentarse a la orilla de su cama, a su lado ella descansaba con una capa de sudor sobre sus bronceados y desnudos hombros, con el cabello negro estirado en la totalidad de la almohada.

          Tom tenía la espalda ligeramente encorvada, los antebrazos apoyándose en sus piernas, el semblante sombrío y la sensación de vacío en su pecho. Contrario a lo que él pensó, Carolina no estaba dormida, más bien parecía removerse demasiado en la cama, como si estuviese incómoda. Él ladeó la cabeza para verla.

          ― ¿Quién es? ― Preguntó la pelinegra de la nada. Tom frunció el entrecejo.

          ― ¿Quién es quien? ― le devolvió la pregunta.

          ― Llevamos un mes teniendo sexo, y cada vez que terminamos te sientas en la cama con el semblante nostálgico. Tiene que ser algo, estoy segura… o un alguien.

          ― No es nada― dijo Tom, tratando de evadir el tema.

          ― Entonces es una ella, ¿eh? ― Tom se echó una carcajada― ¿O un él? ― Bromeó Carolina, fingiendo indignación en su voz: ― Oh por Dios, dime que es una ella.

          Tom volvió a sonreír.

          ― Bien, bien… es una ella.

          ― ¿Es la chica que te llevó el día que te golpearon en el bar?

          Tom sintió que su corazón se encogió. Después de todo era verdad, Camille lo había salvado. Pero lo que más le intrigaba era saber porque lo había hecho. ¿Todavía le quería? ¿Realmente Camille no sólo estaba jugando con él? Prefirió no hacerse ilusiones, aunque la repentina felicidad que sentía nadie podría quitársela.

          ― No lo sé… creo. ¿Cómo era?

          Carolina se echó a reír.

          ― ¿Ni siquiera lo recuerdas? ― preguntó― Eso es un tanto grosero, tomando en cuenta que te salvó de la paliza de tu vida… ― volvió a sonreír, y se quedó absorta en sus memorias un ínfimo segundo― Si no me equivoco, llevaba el cabello rojo.

          ― Entonces sí, es ella― convino Tom.

          ― ¿Por qué no vas por ella? Digo, si te tiene así ha de ser porque realmente te importa.

          ― Es complicado― respondió Tom, ahora dándole la espalda.

― Vamos, ¿qué puede ser tan complicado como para que renuncies a ella así, sin el menor esfuerzo?

          ― Algo realmente complicado― respondió Tom, ahora notablemente incómodo por el tema que comenzaron a abordar― No lo entenderías, y… realmente no quiero hablar de eso.

          ― Bien, sólo una última cosa. ¿Puedo saber su nombre?

          ― ¿Para qué? ― preguntó cauteloso.

          ― Oh, es sólo que por las noches repites el nombre de una chica, y quiero saber si es ella.

          Tom se sintió ligeramente avergonzado. Si bien había noches que soñaba con ella, nunca creyó que hablase dormido.

          No le respondió de inmediato. Se quedó en esa posición un segundo, mientras que la mirada inquisitiva de Carolina se clavaba en él. Decidió volver a acostarse, se sentía agotado y la posición que mantenía no era nada confortable. Así, con la suavidad de una pluma cayó en la almohada, con ambos brazos cruzados tras su cabeza. Y después de un largo suspiro, logró responder, pero más bien como un murmullo para sí mismo:

          ― Camille.







•••




          Por la noche, como tantas otras, Camille quería tomarse un par de tragos antes de ir a la cama. Pero aquel día, Bill se encontraba en la casa, con Brokelle, y de alguna manera se sentía cohibida. Era como si tuviese a Tom frente a ella todo el tiempo, de modo que decidió ir a tomar algo, pero fuera de casa.

          Cuando iba bajando los escalones, se encontró con Brokelle, quien no tardó en preguntar a dónde iba.

          ― Sólo iré a tomar algo, necesito salir.

          ― Oh bien, Bill y yo podemos acompañarte.

          Camille hizo un mohín que Brokelle entendió a la perfección.

          ― Entiendo, quieres ir sola ¿no?

          ― En realidad, sí. ― dijo Camille― Es sólo que… tú sabes.

          ― Lo entiendo, sí― Brokelle miró a Bill. Sabía a que se refería. ― ¿Vas a estar bien?

          ― Sí, sólo serán un par de horas. Vendré antes de la media noche.

          ― Bien, si estás muy ebria llámame― Bromeó, Camille se echó una risa.

          ― Estás comprometida, Zeller― Canturreó la pelirroja mientras bajaba los escalones.

          ― ¡Olvídalo, no me llames! ― La escuchó gritar― ¡Hablo en serio, Camille! ¡No me despiertes!

          ― ¡Como si fueras a dormir! ― Vociferó por último, con una carcajada. Escuchó balbucear a Brokelle otro par de cosas, pero no le dio importancia. Subió al auto y se dejó ir a algún lugar, cualquiera que fuese, pero lejos de allí.







•••




          El whisky en la mano, la mirada ida, sentada en la barra negando cualquier invitación a bailar con segundas intenciones. Aquella no era precisamente la noche para acercársele. Sin embargo trataba de no ser tan dura a la hora de rechazarlos, la realidad era que ninguno de aquellos chicos tenía la culpa de lo que le sucedía, y parecían bastante buenos, de no ser porque ella les llevaba media década más.

          Ya había sentido una mirada que parecía no querer apartarse de ella, y aunque estaba acostumbrada a llamar bastante la atención, aquellos ojos, cuales fuesen, parecían estar realmente empeñados en ella, de una manera casi obsesiva. Le había visto, era atractivo a sus ojos, ciertamente, pero no sería ella quien se acercaría a hablarle, no si no era su mirada la que se clavaba en él.

          Otro trago, el bar ténder que se los servía ya sabía responder a su señal cuando ella quería más, y a pesar de sus miradas coquetas e intentos inútiles por entablar conversación, lo único que Camille le respondía era en monosílabos, salvo cuando le pedía más whisky.

          Se volteó, la silla de la barra era giratoria, y de inmediato, frente a ella, reconoció aquellos ojos verdes. La sonrisa le cautivó, como primera impresión. Ella le devolvió la sonrisa.

          ― Los hombres de aquí son unos verdaderos idiotas― comentó él sentándose a su lado. La vista de los dos al frente, a veces se ladeaba para mirarla.

          ― ¿Por qué lo dices? ― cuestionó Camille sin apartar la vista. Le dio un sorbo a su bebida mientras escucha atenta la respuesta. Él se acercó para susurrarle en el oído:

          ― Porque todos han dejado pasar la oportunidad de hablarle a una mujer como tú.

          Tal vez él creyó que la había impresionado, sin embargo se necesitaba más para realmente cautivarla. Dejó pasar ese mínimo desliz, después de todo lo compensaba sus casi irreales facciones. Ella sonrió.

          ― ¿Eso crees? Tal vez eran tímidos. No puedes culparlos ¿no? ― esta vez se volteó para mirarlo y ofrecerle una sonrisa suspicaz― Digo, también tardaste un poco antes de atreverte a hablarme. ―Esta vez fue él quién sonrió.

          ― La belleza intimida.― le dijo, y guiñó su ojo. Por los labios de la pelirroja se pasó una efímera sonrisa, antes de volver a ver al frente.

          Cuando había pasado poco más de una hora, Camille decidió acceder a bailar con él. Ciertamente era verdaderamente terco, y había estado rogándole sutilmente durante todo el rato que estuvo junto a ella. A Camille le sorprendió lo perseverante que podía llegar a ser, después de todo, quienes se atrevieron a sacarla a bailar lo hacían tímidos y avergonzados, mientras que él se veía confiado, y por nada del mundo aceptaría un no por respuesta. Aquella insistencia le recordó a Tom, en cierto momento, pero no dejó que le afectase.

          La música era buena, de esas que aunque no sepas bailar simplemente te instan a hacerlo. El alcohol ya había hecho su trabajo mareándola, por lo que a veces daba un mínimo desliz, pero aquellos brazos bien formados estaban tras ella para evitar su caída. Camille decidió en ese instante, con ayuda etílica, que le daría una oportunidad al chico. Después de todo el chico era atractivo, un poco superficial, pero ella no necesitaría que él le hablase de temas importantes cuando lo único que quería era un poco de diversión para desestresarse.

          Cuando la noche comenzaba a llegar a su fin, él insinuó algo que ella había estado esperando casi toda la noche. Accedió, sin ninguna complicación, no era como si quisiese volver a verlo, por lo que no se preocupó en actuar recatada. Él colocó la palma de su mano en la espalda baja, como haciéndoles saber a los demás, que ella, se iba con él. Un par de miradas envidiosas se cruzaron, sin embargo no les dio importancia.

          En el estacionamiento, él la guió hasta un Ford Mustang del 67, en color azul eléctrico y descapotable. A ojos de Camille, simplemente exquisito.

          Bien, era atractivo, poco inteligente, y con buen gusto en los autos. Nada mal para una sola noche. Él rodeó su auto, mientras ella prometía adentrarse también después de avisarle a su amiga que llegaría tarde.

          Comenzaba a poner las primeras letras en su celular, cuando de repente un sentimiento indescriptible la azotó como una ráfaga de viento. ¿Qué estaba haciendo? ¿Tratando de olvidar a Tom con un chico que ni siquiera conocía bien? Sonaba tan patético que sintió nauseas. Aquello no era para nada su estilo.

          Borró el mensaje, ahora que él alcohol ya era casi nulo en su sangre, se daba cuenta de la estupidez que estaba cometiendo. Sin embargo, el rubio – sí, aún no sabía su nombre- la esperaba en el auto, impaciente, haciendo rugir el motor. Ella se volteó.

          ― Oye…― comenzó a decir, apenada― Mi amiga me ha dicho que ha sucedido una emergencia, debo estar en casa ahora.

          ― Oh, vaya. ― él sonaba decepcionado― Supongo que lo dejaremos para otro día, ¿no?

          Camille sonrió de medio lado. Él se mostraba realmente apenado.

          ― Sí, lo siento. Me agradó hablar contigo.

          Terminó por darle una última sonrisa de despedida. Al andar de sus pies se le sumó rápidamente los de otra persona, que ella pudo escuchar en el camino de grava claramente, aparte de la música.

          ― ¡Camille! ― Le escuchó gritar. Ella sintió que el corazón le golpeaba el pecho, y entonces una sensación de pánico la arrasó por completo. ¿Cómo sabía él su nombre? Era ya era muy cuidadosa con su identidad, como para dársela a un chico con el que se iba a acostar una sola noche. Y en dado caso, si le diese un nombre, sería falso. Se volteó, con el ceño fruncido y las pupilas dilatadas.

          Pero antes de poder siquiera abrir la boca para decir algo, él ya le había propinado un golpe casi brutal. Aquellos ojos que antes brillaban de un color verde inocente, ahora se iluminaba siniestros a la luz de la luna.


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4 Response to Capítulo 26 «Deja que el juego comience»

8 de febrero de 2011, 16:38

Me encantó esa intro!!! Simplemente hermosa, en espacial esta frase:
"una mujer que no escondía un as bajo la manga, escondía toda la baraja" xD
Huy y ni hablar de Ethan! *baba regandose* jaja Deamciado guapo! y todo el que es como el rubio tonto... bueno no tan tonto, y que HP que es Caleb diciendole que trabaja para Tom Kaulitz :@ como lo odio!
Ohhh!! y tan lindo mi Tommy ya por fin admitió que está enamorado de Cam (L)jajaj y habla dormido xD
Jajajajajajaja y damciada cagada de risa Cam y Brook: ¡como si fueras a dormir! xD me identifico tanto!
Y al final Camille por zorra, nadie la tiene metiendose con maes que apenas conoce!!!! xD
Bueno ya chaup! xD

Lauren
10 de febrero de 2011, 01:19

lo ame sigue tu fic esta GENIAL y muy original ya me dejaste con la incertidumbre de que ira a pasar espero subas pronto cuidate bye!!!

15 de febrero de 2011, 16:28

O______________________________O
Me cagó la última parte o.o Pero se suponía que no le haría daño, Caleb lo mata xDDDD
Ya, a ver, Carolina, la amo = me amo xD De sólo pensar que puedo ser yo me da morbo hahahahaha y Tom me da pena u.u está sufriendo mucho por Cam, Y YO QUE NO PUEDO SATISFACERLO Ò.Ó ¡QUÉ FRUSTRANTE! XD
Oh, la primera parte me encantó, lo narraste excelente Sou :D Te lo juro, es que leía y me quedaba O_o Me encantó esa narración, la descripción de Cam, lo de sus uñas, todo perfecto, lo amé :D
No entiendo porqué cojones Caleb quiere que rapten a Cam ¬¬º Creí que quería matar a Tom, ¿o esto es parte de su plan de matanza? (Me siento asesina escribiendo así) xD
Ya, ahora me paso al siguiente capítulo <3

PS: Yo de Cam, me iba con el rubio. Teníamos un buen sexo, y ya luego que me rapte xD

20 de febrero de 2011, 21:56

La descripcion de Camille en el inicio es genial no existiria nadie mejor que ella ... pero que haras cuando quieran pasar la historia a peli y no encuentres a alguien como Camille *exagero *
Ohhh me da pena por la muerte del hermano de ese señor 0_0 sjhafudgh Caleb de mierda que estas planeando desgraciado deberian castrarte *soy sadica * secuestrar a tu propia hija y culparle a Tom .

Le golpeo maldito Ethan te dijeron que no la golpearas me he quedado idiota jamas pense que Cam confiaria en alguien tan rapido y ahora esta secuestrada todo es un plan malevolo de Caleb desgraciado como lo odio...
La conversacion entre Carolina y Tom es chistosa cuando le dice :

― Entonces es una ella, ¿eh? ― Tom se echó una carcajada― ¿O un él? ― Bromeó Carolina, fingiendo indignación en su voz: ― Oh por Dios, dime que es una ella.

Hacen una buena pareja pero para Tom solo existe Cam ♥♥
Este capi ha quedado espeluznante por el secuestro de Cam yo alucinaba en que se demoraria un mes en secuestrala y solo fue un dia ... se me hace que Cam se ha vuelto mas vulnerable desde que sabe sus sentimentos hacia Tom ♥
PD: Me botan asi que mañana tendre que seguir leyendo los dos capis que me faltan tendre que ponerme spedy para comentar y leer rapido , es que me gusta leer despacio y con calma disfrutando cada palabra cada coma cada punto * jajajaja estoy exagerando *
Nos vemos mañana ♥