Capítulo 11 «Cada tú...Cada yo [I/II]»

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Tom abrió sus ojos, y a primera vista todo era borroso. Parpadeó un par de veces, hasta que finalmente pudo darse cuenta de dónde estaba. Era la misma habitación del hotel, pero los rayos del sol iluminaban directamente a su rostro. Cegado por la repentina luminosidad, gruñó por lo bajo y trató de incorporarse.

Al hacerlo, reparó en que Camille no estaba a su lado. En lugar de eso, sus cobijas hechas un puño en el lugar en el que tal vez, hacía algunas horas, estuvo dormida. Su aroma aún estaba impregnado en las sábanas.

― Al fin despiertas ― Tom se volteó al escuchar su voz. Ella estaba en la puerta del baño, con apenas una minúscula toalla que le llegaba unos centímetros más arriba de la rodilla. Su cabello estaba mojado, y el vapor salía detrás de ella, formando un halo a su alrededor. Tom se quedó momentáneamente paralizado.

― Sí… soy algo dormilón ― Admitió bostezando. Camille se acercó a su maleta, y sacó un poco de ropa. Entre ellas, unas tentadoras bragas de encaje blanco.

― ¿Por qué me haces esto? ― Cuestionó Tom, mirando como cuando se inclinaba, se podía apreciar un poco de su escote.

― ¿Hacerte qué? ― Preguntó Camille adentrándose en el baño. No cerró la puerta para poder escucharlo mejor.

― Eso ― Inquirió Tom ― Te paseas por allí semidesnuda, y esperas que me quede estático ― Bufó mientras terminaba de levantarse ― Creo que estoy a punto de cometer un crimen.

Camille asomó su cabeza por el baño.

― Oh… ¿es por eso tu…? ― Faltaban las palabras, pero sobraban las miradas. Y la de Camille, particularmente, estaba clavada en la entrepierna de Tom. El aludido miró hacia abajo.

― Oh, no ― Se apresuró a decir ― Eso es…Mmm…― Hizo un mohín, y luego un ademán con las manos ― Llamémoslo síndrome mañanero. ― Camille soltó una carcajada.

― Pues dile a tu síndrome mañanero que se aleje de mí ― Bromeó Camille. Esta vez fue Tom quien rió.

― ¿A dónde irás?

― Desayunaré con Brokelle ― Respondió Camille ― Y luego a trabajar.

― Oh… claro ― Tom volvió a bostezar y miró a su alrededor ― ¿Podrías venir después de hacer tu “trabajo”? ― Hizo comillas con ambas manos.

― Mmm… ¿para qué?

― He notado que te excitas un poco después de trabajar, y me gustaría aprovecharlo ― Tom ensanchó su sonrisa, recordando su primera cita, y lo que había sucedido después de matar a aquellos desconocidos.

Camille solo asomó su mano por la puerta, levantando su dedo del medio. Tom siguió riendo, y tomó el control remoto para encender el televisor que tenía frente a él. Camille salió unos segundos más tarde, vestida completamente de negro. Sus pantalones entubados, sus botines, su chaqueta de cuero, y su bolso, todo del mismo color. Tal vez, como algunos decían; el color de la muerte.

― ¿Brokelle también suele vestirse de negro? ― Preguntó Tom al verla. Camille terminó de ponerse su guante y respondió:

― A veces lo combina con blanco, o gris.

Tom la miró de pies a cabeza, mientras asentía.

― Te ves bien.

Camille sonrió vagamente ante el halago.

― No quiero verte hoy mientras hago mi trabajo ― Sentenció, mientras se acomodaba el asa de su bolso. ― ¿Entendido? ― Sostuvo sus gafas con su mano izquierda, mirando sobre ellas a Tom.

― No puedo prometerte nada ― Dijo él sonriendo de medio lado.

― No me hagas perder la paciencia ― Camille terminó de ponerse sus gafas ― Y te veré en la noche… si tienes suerte.

Tom sonrió ante su sutil amenaza, y Camille cerró la puerta.

«…Si tienes suerte…» Había dicho Camille. Claro que tenía suerte…estaba con ella.




•••




Brokelle esperaba a Camille en una de las mesas del restaurant del hotel. La había escogido al aire libre, para disfrutar un poco del sol mañanero. Bill aún dormía en la habitación de la rubia.

― Al fin llegas ― Dijo Brokelle al instante que Camille se sentó a la mesa. La pelirroja se despojó de sus lentes de sol y su bolso.

― Tuve una pequeña discusión con Tom ― Se excusó Camille, tomando de inmediato el menú.

― ¿Y con pequeña discusión te refieres a una follada de 5 minutos? ― Brokelle trató de reprimir una carcajada sin mucho éxito. Camille bajó el menú para ver a su amiga, lanzándole una mirada fulminante.

― Hablando de folladas… ¿qué tal tu noche? ― Esta vez fue Camille quién preguntó. Brokelle por poco se atragantó con su taza de café.

― Por Dios Camille― Exclamó fingiendo indignación― No seas indiscreta.

La susodicha comenzó a carcajearse por el repentino cambio de moral de su amiga.

― ¿Indiscreta? ― Cuestionó ― Más bien tú, que se escucharon tus gemidos por todo el hotel.

Brokelle abrió los ojos más de lo normal, y comenzó a toser por la repentina risa que le azotó.

― ¡Ya cállate! ―Dijo y rió, tratando de disipar la vergüenza que sentía…tal vez sí era cierto.

― ¡Oh, vamos! No me juegues de santa y al menos dime en qué posición lo hicieron ― Repuso Camille. Brokelle derramó un poco de su café en su blusa, y luego miró hacia los lados rogando por que nadie hubiese escuchado eso.

― ¡Camille! ― Le reprendió con la mirada, mientras tomaba una servilleta para tratar de quitar la mancha color marrón en su blusa. Camille se carcajeó.

― Señoritas ¿desean algo más? ― El mesero hizo acto de presencia, y para suerte de ambas, hablaba en inglés.

― Otro café, por favor ― Pidió Camille. El joven asintió y volvió varios minutos después con una humeante taza de café.

Camille le agradeció y el chico se marchó.

― ¿Qué tenemos para hoy? ― Preguntó Brokelle dándole un sorbo a su café.

― Un ex trabajador de Caleb ― Respondió Camille ― El chico es fácil. Lo difícil será atrapar a su jefe.

― Explícate mejor ― Inquirió Brokelle, y Camille se irguió para acercarse más a ella.

― El chico trabajaba para Caleb, pero él lo despidió, ya sabes, por la sabandija que nos está echando al agua ― Camille hizo un ademán con el que Broke asintió ― Debemos sacarle información, y obviamente…― Miró hacia los lados, y luego susurró: ―deshacernos de él… ― Tomó de su café nuevamente ― La información es acerca de su jefe, el chico trabaja para alguien.

― ¿Alguien de la policía? ― Cuestionó Brokelle frunciendo el ceño.

Camille negó con la cabeza.

― Alguien de la mafia.




•••




El Porsche de Camille se estacionó frente a unos apartamentos horribles, a las afueras de la ciudad. Al entrar se respiraba un aire sucio y putrefacto, y los niños que jugaban a las afueras eran tan sucios como las mismas calles. Camille entró, y prefirió tomar los escalones al dudar del estado del elevador. Por suerte para ella, el chico al que buscaba vivía en el tercer piso.

― Departamento número 125 ― Murmuró Camille para sí misma. Cuando finalmente lo encontró, acomodó un poco su cabello, y bajó la cremallera de su chaqueta para pronunciar aún más su escote.

Tocó dos veces a la puerta, y casi de inmediato le abrieron.

― ¿S-sí? ― Titubeó el chico. Castaño, de ojos verdes y gafas de pasta. Camille lo había visto trabajando para su padre hacía unos meses. Para suerte de ella, él nunca llegó a conocerla.

― Hola… ― Saludó Camille sonriendo con picardía, mordiendo su labio inferior ― Me preguntaba…si…― Comenzó a jugar con sus dedos, aparentando estar nerviosa ― Yo… vivo en el último piso, pero he dejado mi llave dentro de casa y no tengo como entrar ― El castaño terminó de abrir la puerta, embelesado. Tal vez ni siquiera estaba prestando atención a la excusa de Camille. ― Me preguntaba si podrías prestarme tu teléfono para hacer una llamada….― Y culminó su perfecta mentira agachando la cabeza.

― Yo...yo…― El chico ni siquiera podía hablar.

― Entiendo si no puedes…― Camille se balanceó en sus talones.

― ¡Cl-claro que s-sí! ― Apenas pudo articular bien la palabra. Dio un paso hacia atrás, dándole la pauta a Camille para entrar. Él mismo estaba jugando con la muerte, y ni siquiera lo sabía.

― Gracias ― Y fingió su mejor sonrisa dulce.

Entró al pequeño departamento, con las paredes tapizadas de color oliváceo, y pisos de madera vieja y desgastada. Los sillones tenían un color verdusco, y olor a vagabundo. Y las cortinas eran diferentes pedazos de tela, probablemente mal cosidos, guindando de un par de clavos.

Camille sintió la necesidad de sentarse, pero corría el riesgo de hacerlo sobre una rata. Prefirió mantenerse en pie.

―Allí está el teléfono ― El chico señalo al lado del sofá, una mesa ― ¿Quieres algo de tomar?

― No, gracias. Estoy bien ― Dijo Camille. El solo hecho de imaginar como estarían los vasos le dio nauseas.

― Siéntete como en tu casa ― Musitó el chico tímido, en cierto momento Camille sintió lástima ― Puedes quedarte todo lo que quieras.

Camille le sonrió:

― Está bien.

El chico caminó hasta el baño, y se encerró allí. Camille no quiso pensar en qué podía estar haciendo, y prefirió concentrarse en su trabajo. Se acercó el teléfono y allí había una libreta con número telefónicos y sus respectivos nombres. Camille la leyó rápidamente tratando de encontrar algo que le sirviese, pero fue un intento fallido.

Los minutos pasaron, y el chico aún no salía. Camille decidió actuar en ese momento. Se posicionó al lado de la puerta del baño, y espero allí, a que el chico saliera.

Cuando el castaño lo hizo, sintió una fuerza inhumana que lo jalaba desde el cuello, haciéndole dificultosa la respiración. El chico trató de zafarse, pero mala suerte para él, pues Camille no era la primera vez que hacía eso. Con un pañuelo en la mano impregnado de cloroformo, lo puso en la nariz del chico, y este cayó inconsciente a los pocos minutos después.

Camille sacudió sus manos al verlo en el piso. Tenía la respiración agitada.




•••




Cuando él despertó, todo parecía estar borroso. Si acaso podía recordar que estaba haciendo hacía unas horas atrás, mas no podía recordar el porqué de una pelirroja sentaba frente a él, mientras el estaba amarrado a una silla, sin posibilidad de moverse.

Camille estaba sentada en un sofá, frente a él. Sus piernas estaban cruzadas, al igual que sus brazos. Con su mano derecha, sostenía un revólver que giraba alrededor de su dedo índice. Una de sus cejas arqueadas, y aunque sus labios permanecían relajados, sus ojos centelleaban de manera maliciosa.

― ¿Tuviste una pesadilla, cariño? ― Preguntó fingiendo un tono meloso. El chico frunció el ceño, y miró como ella se acercaba. ― Lamento decirte que aún no despiertas ― Murmuró tomándolo de la barbilla, para después asumir un tono más agresivo a medida que le susurraba al oído: ―Escúchame bien, porque solo diré esto una vez ― Masculló, mientras su pie derecho se posicionaba entre el escaso espacio que había entre las piernas del chico. ― Dime para quién trabajas, y saldrás ileso de todo esto.

― Yo-yo no tr-trabajo para na-nadie― Tartamudeaba nervioso. Camille estaba acostumbrada a eso.

― ¿Estás seguro que no? ― Cuestionó de nuevo la pelirroja. Ahora su pie aprisionó el miembro del chico, sometiéndolo a un dolor tan agudo e insoportable, que lo único que le quedó fue gemir.

― ¡Detente, por favor! ― Jadeó retorciéndose del dolor, y unas lágrimas tímidas salieron de sus ojos.

― Vamos, es sólo un nombre― Camille paseó la punta de su revólver desde la sien del chico hasta su pómulo ― Sólo un nombre…―Volvió a susurrar en su oído.

― Por favor, no me hagas daño ― Pidió el chico tragando con dificultad. Camille se echó una carcajada que a oídos del chico, parecía venir desde el mismo infierno.

― Tú eres el único que puede decidir eso ― Dijo Camille apartándose de él. ― Si me dices para quién trabajas, no te haré daño.

― ¿Y cómo sé que lo que prometes es verdad? ― Cuestionó el castaño. Camille se asombró por su osadía.

― No creo que tengas más opción ― Respondió sentándose de nuevo en el sofá, frente a él ― Ahora habla, si no quieres que se acabe mi paciencia.

― N-no lo haré ― Quiso sonar firme, pero sus palabras sonaron con un hilo de voz. Camille se levantó con rapidez, y en un movimiento rápido pateó el pecho del chico. Haciendo así, que la silla cayera hacia atrás, aplastando las manos del castaño con su propio peso. Se escuchó un crujido escalofriante….

― ¿Qué dijiste?― Masculló Camille con su pie en el pecho de él, ejerciendo aún más peso. Sacó su revólver y apuntó directamente hacia su frente ― ¡Vamos, dímelo!

― ¡No! ¡Por favor, detente! ― Gimió al sentir un dolor indescriptible en sus extremidades. Conforme Camille ejercía más fuerza, él sentía más dolor.

― ¡Dime de una puta vez para quién trabajas! ― Vociferó Camille, haciendo que todo su peso se concentrara en la pierna que tenía sobre el pecho del castaño.

― ¡Carter Boissieu! ―Masculló, sintiendo ahora su dolor más agudo que nunca. Había cedido a ella, y al dolor insoportable que le causaba. Camille apartó su pie del pecho del chico, y soltó una risilla malévola.

― ¿Lo ves? No era tan difícil… ― Y lo contempló retorciéndose del dolor un poco más, hasta que estalló en un llanto desgarrador.

Lo dejó allí, en esa misma posición, para ir a terminar su trabajo. Se adentró en el único dormitorio que había allí, y abrió las puertas del armario. Allí, como si estuviesen llamando su nombre, brilló antes sus ojos el color dorado del cierre de dos maletines. Los tomó y los lanzó a la cama en un movimiento rápido, para después cerrar el armario y abrir los maletines.

Justo lo que esperaba. Sonrió al ver el glorioso contenido, y sabía que gran parte de ese dinero sería para ella. Muchos billetes de euro, demasiado hasta para ella, quién toda su vida estuvo acostumbrada a eso. Cerró los maletines, y los tomó para luego caminar hasta la sala de estar, dónde se encontraba el chico.

Una vez allí tomó su teléfono celular, y marcó rápidamente a Brokelle. Un par de tonos, y la voz de la rubia, respondió en un susurro.

― ¿Aló?

― Brokelle ― Musitó Camille, y corrió la cortina de la ventana para asegurarse de que allí estaba su auto ― Ya está listo.

― Voy para allá ― Espetó sin más, y terminó la llamada.

Camille caminó de nuevo hacia el castaño, 1uién yacía en el suelo, amarrado a una silla, con los ojos hinchados de tanto llorar. No era para menos, no cuando tenía un brazo y tres dedos quebrados, los cuales estaban aprisionados por su propio peso. Camille ni se inmutó.

― Por favor…― Le escuchó decir en un murmullo, para después escucharlo sollozar de nuevo: ― Por favor…suéltame.

― Oh… casi lo olvido ― Camille sonó divertida, y se acercó a él ― ¿Ya ves lo que pasa cuando tratas de burlarte de Caleb? ― Preguntó tomándolo del cabello, colocando su rostro justo frente al de él, eclipsando con su cabello rojo la luz del recinto.

― Yo…yo no…por favor― Apenas pudo articular. El dolor era insoportable, e incesante.

― Vamos, llora. Me gusta escuchar el sonido de un hijo de puta llorando ― Le espetó sin ninguna clase de compasión, lástima, u otro sentimiento parecido. Era veneno puro cada una de sus palabras. ― Una pequeña sabandija como tú, merece esto y más ― Añadió jalando de sus rizos con más fuerza ― ¿Qué pensará Carter cuando sepa que le robaron un millón de dólares por tu culpa, eh? ― Solo obtuvo como respuesta un sollozo ― ¿Qué pensará Carter cuando sepa que su pequeña rata es un incompetente nato?

― Por favor, déjame ir…lo siento, lo siento, lo siento…― Y continuó llorando. Pero a Camille le era indiferente si lloraba, gritaba, o maldecía. Simplemente, su trabajo consistía en eso, en hacer pagar a las personas como él, personas que no merecían vivir. Camille nunca había matado a alguien inocente, su trabajo siempre eran mafiosos, estafadores, corruptos y gente de esa calaña. Para ella era fácil, más aún cuando aquellas personas no eran simplemente estafadores, sino que en su vida nocturna eran pedófilos en potencia. Caleb procuraba dejarle ese tipo de trabajos, para estar seguro de ella sería eficaz.

Era su manera de hacer justicia, aunque en realidad, no fuese justa.

― ¿No vas a seguir llorando? ― Preguntó con una media sonrisa. Ahora estaba de nuevo en el sofá, con esa pose de asesina serial que tan bien le iba.

― Lo…lo prometiste…― Jadeó el chico, con lo que le quedaba de fuerza. ― Prometiste…que…que me dejarías ir.

Camille ensanchó su sonrisa.

― Tienes mucha razón ― asintió torciendo el gesto ― Es tiempo de cumplir mi parte del trato ¿no? ― Y sin esperar respuesta, se puso en pie y caminó hasta donde estaba él castaño.

Él solo podía mirar hacia arriba, verla caminar alrededor de él, como si estuviese acechándolo, le daba cierto miedo. Uno que aumentaba cada vez que la veía girar su revólver, manejándolo con tanta soltura que parecía ser un juguete entre sus manos. De un momento a otro ella se puso de cuclillas, y le dedicó una mirada, que él no supo descifrar.

― ¿Qué dices si te saco de éste mundo tan superficial y vano? ¿Qué dices si te libero de tus problemas con Carter? No estoy segura, pero hay unos que dicen que es un lugar hermoso.

El chico no tenía la suficiente fuerza para descifrar lo que ella decía, aunque para muchos fuese completamente entendible. De modo que tragó con dificultad y frunció el ceño.

― ¿Eh? ― apenas salió de su boca, y sintió algo frío que hacía contacto con su piel.

― Buen viaje― Se limitó a decir la pelirroja.

Y se escuchó un estallido.




•••




Minutos, minutos que se convertían en horas. Comenzaba a desesperarse, y caminaba en círculos alrededor del cuerpo muerto que había en la sala. Su corazón comenzó a palpitar con rapidez, como respuesta al sonido de unos tacones caminando por el pasillo.

No eran sólo unos tacones, venían acompañados. De repente, la puerta se abrió de golpe, y el corazón de Camille se detuvo por un segundo.

Cuando divisó a Brokelle allí, en el umbral, su corazón volvió a latir con normalidad. Dio un largo suspiro.

― ¿Por qué demonios tardaste tanto? ― Preguntó casi gritando. Brokelle no respondió, y en cambio, se apartó para que otros dos chicos entraran. Eran Bill y Tom, y Camille estaba atónita.

― ¿¡Pero qué demonios hacen ustedes aquí!? ― Esta vez sí gritó ― ¡¡Brokelle!! ― Miró a la rubia, esperando respuesta.

― ¡Yo sólo vine con Bill! ― Se excusó la rubia, y de inmediato todas las miradas se dirigieron a Tom.

― ¿Qué? ―Dijo indiferente ― No me vean así, yo estaba aburrido.

Todos volcaron los ojos excepto Camille, quién se tomó el tabique con la mano derecha a medida que caminaba en círculos. Respiró profundamente, tratando de encontrar la calma dentro de sí.

― Te dije que no quería verte ― Dijo Camille, apretando su mandíbula con cada palabra. Le lanzó una mirada envenenada a Tom.

― ¡Bill también vino! ― Repuso el pelinegro al ver que toda la culpa recaía en él. Camille llevó su mirada fulminante al de cresta.

― Yo…yo… ¡Brokelle me obligó! ― Vociferó Bill escondiéndose tras la rubia. Ahora era ella quién cargaba con la mirada de Camille.

― ¡Yo no obligué a nadie! ― Se defendió Brokelle, y se apartó de Bill ― ¡Eres un idiota! ― Le espetó sin más, y Bill al escucharla, se apresuró para remediar lo que había hecho.

― Lo siento, Broke, por favor, perdóname ― Decía el pelinegro, y continuó rogando a la rubia. Brokelle se cruzó de hombros, mientras le respondía con miradas fulminantes y frases llenas de indignación. A todo aquello se le sumo los comentarios sarcásticos de Tom, que se burlaban de su demasiada ridícula relación.

Un caso, a los oídos de Camille. Aquello parecía un maldito mercado. Todos hablaban, gritaban, rogaban y reían al mismo tiempo. Contó hasta tres en silencio, hasta que…

― ¡YA CÁLLENSE! ― Gritó y en ese mismo instante todos guardaron silencio.

― ¡Bill, Tom! ― Los señaló, y los aludidos abrieron los ojos más de lo normal ― ¡sirvan para algo y lleven esos maletines al auto! ― Les ordenó. De inmediato ambos tomaron los maletines y salieron disparados del edificio.

― ¡Y tú! ― Esta vez señaló a Brokelle ― ¡Deja de mezclar tu puta relación con el trabajo! ¿Vale? ¡Si quieres follártelo habrá otro momento, no este!

Brokelle asintió cual niña atemorizada.

― ¡Ahora ve y asegúrate que ese par de idiotas no toquen ni un solo euro! ― Concluyó con una última orden gritada, y Brokelle salió casi corriendo de allí.

Ella se tumbó en el sofá, tomándose tiempo para respirar, pensar y calmarse. Llevó ambas manos a su rostro, y bufó en silencio. Su cabeza se echó hacia atrás, apoyándose del respaldo del sofá. Sin abrir sus ojos, tomó su celular y marcó el número de Evan. Unos cuantos tonos después, él contestó.

― ¿Listo?

― Listo ― Confirmó Camille. ― Trabaja para Carter.

― Lo sabía ― Dijo Evan, era ya una sospecha de todos ― ¿Ya saliste de allí?

― Estoy en eso ― Respondió Camille.

― Apresúrate, entonces. No hay tiempo ― Fue lo último que dijo, antes que Camille terminase la llamada. Ella se levantó con mucho pesar, y miró el cuerpo del chico al que acababa de matar.

No se sintió culpable…




•••




Apenas entró al auto, notó la presencia de Tom, quién estaba sentado en el asiento del copiloto. A lo lejos pudo divisar las luces del BMW en el que probablemente Brokelle ya había partido, acompañada de Bill.

― Me gusta tu auto ― Murmuró él tratando de llamar la atención de la pelirroja. Pero ella mantuvo su vista al frente, aún cuando ni siquiera había encendido el auto.

― ¿Me dejarías probarlo?

― Ni lo sueñes ― Espetó ella, e introdujo la llave para encenderlo.

― ¿Estás enfadada? ― Preguntó Tom al notar su tono un tanto agresivo, más de lo normal.

La única respuesta que obtuvo fue una mirada fulminante. Sus ojos la encontraron, y parecían llamear de ira. Mientras ella sostenía su mirada, Tom sintió una repentina sensación de vértigo azotándolo.

Ella había pisado el acelerador a fondo, y ni siquiera estaba viendo la carretera. Tom tragó con dificultad, y a como pudo, se abrochó el cinturón de seguridad.

Cerró sus ojos. No se atrevía a ver a través de la ventana, y menos a ver el velocímetro, el cual para ese momento probablemente estuviese en su punto máximo. La fuerza no lo dejaba más opción que mantenerse apegado al asiento, hasta que de repente Camille se detuvo estrepitosamente, haciendo que Tom fuese impulsado hacia adelante.

De nos haber sido por el cinturón de seguridad, hubiese salido disparado por el parabrisas. Su corazón latió vertiginosamente, y con la respiración agitada miró a Camille.

Ella también lo hizo, pero con algo en su mirada indescriptible. Tom esperó a que ella se abalanzara sobre él, como la última vez que habían viajado juntos a esa velocidad. Espero a que lo besara con fiereza y pasión, pero en lugar de eso obtuvo un crudo “Bájate”

― ¿Qué? ―Preguntó, cerciorándose que sus oídos habían escuchado eso.

― Que te bajes ― Volvió a repetir ella, aunque su voz sonó serena, sus ojos decían lo contrario. Era allí donde su apellido salía a relucir.

― Pero, ¿por qué?

― Porque tengo que encontrarme a Evan en el galerón, y tú no puedes ir.

― Pero…

― Que te bajes ― Repitió mascullando las palabras pausadamente. Tom supo que no era momento de replicar algo, de modo que abrió la puerta, y justo cuando puso un pie fuera del auto, la voz de Camille lo llamó.

― Tom…― él se volteó.

― ¿Sí?

― Dame el dinero ― Repuso ella sin mirarlo, e hizo un ademán con la mano.

― ¿Qué dinero?

― No me hagas perder la paciencia, Thomas ― Sentenció ella aún con la mano estirada. Tom metió su mano en el bolsillo del pantalón y sacó unos cuantos billetes.

― Lo siento ― Dijo entregándole el dinero ― No pensé que irías a darte cuenta.

Y Camille le volvió a lanzar una mirada asesina. Tom pensó que si las miradas matasen, el probablemente estaría muriendo dolorosa y lentamente.

Terminó por bajarse del auto, y no le dio siquiera tiempo de cerrar la puerta cuando Camille ya había arrancando. Se tambaleó un poco por la rapidez, y cuando finalmente recupero su equilibrio, vociferó a todo pulmón:

― ¡TOM! ¡Me llamo TOM! ¡No THOMAS! ¡TOOOOOOOOM!

Y su frase quedó al viento, porque el auto de Camille ya había avanzado varios metros en cuestión se segundos.

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2 Response to Capítulo 11 «Cada tú...Cada yo [I/II]»

4 de noviembre de 2010, 11:01

sahsjahsjahsjashjashajshajshaj este capi me encantó xD joder! adooro esa canción O.O

― ¡TOM! ¡Me llamo TOM! ¡No THOMAS! ¡TOOOOOOOOM!

Eso se me hizo tan gracioso xD
Ya lo dije (creo) siento que a Tom le pasará algo u.u como que estando solo alguien le fuera hacer daño O.o no nooo, no lo hagas ò.ó xD
espero el siguiente capituloooooo ♥
te adoooooro (:

4 de noviembre de 2010, 13:33

No puedo prometer nadaaaaaaaaaaa ♥ XDDDD