Capítulo 12 «Cada tú...Cada yo [II/II]»

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El estridente sonido del móvil de Tom no daba señales de detenerse. Gruñendo por lo bajo, se incorporó tallándose los ojos, y tomó su celular.

— Mierda — Fue la primera palabra que salió de su boca al ver quien lo llamaba. Se volteó y se cercioró que Camille no estuviese, y por suerte para él, así era.

Se acercó al balcón de la habitación, y abrió las puertas para salir. Una vez allí, apoyo sus codos a la baranda, y contestó finalmente.

— ¿¡DÓNDE COJONES SE HAN METIDO!? — Esa voz furiosa, lo que lo obligó a separar su móvil de la oreja para no quedar sordo. La conocía bien…

— Gordon — Musitó apenas audible — Siento no haberte llamado…

— ¡¡RESPONDE A MI PREGUNTA!! — Vociferó Gordon del otro lado de la línea — ¡¡Y te juro que si te escucho decir que estás en Francia voy ya mismo a matarte!!

— No, no, claro que no — Negó frenéticamente con la cabeza, como lo hacía cuando estaba nervioso — ¿Por qué habríamos de estar en Francia?

— ¡No te atrevas a mentirme! — Refutó Gordon — ¿Dónde carajos estás metido?

— Eh…— Y calló. Vamos, Tom. Piensa rápido se alentaba a él mismo, mientras fruncía los labios pensando un buen lugar. Necesitaba ser creíble, no por nada estaría allí por casi un mes. Caminó un poco en círculos, y se le vino una idea a la cabeza.

— Oh, David — Exclamó de repente — Joder, no te escucho — Y comenzó a hacer un sonidito con la boca, simulando que la línea se estaba deteriorando — ¡Oh, mierda!

— ¿¡Tom!? ¿¡Qué sucede!?

— ¡Oh, joder! ¡No puedo escucharte! — Mintió Tom, quién actuando podría ganarse hasta un Oscar. Era bastante creíble lo que hacía…

— ¡Busca señal! ¡Y dime donde estás! — Escuchó decir a Gordon. Tom tomó un papel que estaba botado en una esquina del balcón, y comenzó a arrugarlo simulando de nuevo aquel sonido.

— ¡Estoy en…! — Entonces hizo de nuevo el sonidito.

— ¿Qué? ¡No puedo escucharte! — Dijo Gordon.

— ¡Que estoy en…! — Y de nuevo aquel sonido.

— ¡Por el amor de Dios que busques señal!

— ¡Oh, creo que se va a cortar! — Dijo Tom y continuó con su farsa — ¡Estaré aquí un mes, te veo en diciembre! — De nuevo el sonido, y cortó la llamada.

Una carcajada salió de su boca al dejar su móvil de lado, y volvió a apoyarse de la baranda del balcón. Esperaba que Gordon no le llamase de nuevo, o no hasta que le ocurriese una excusa creíble.

Gordon le había prohibido seguir con todo el trabajo de Camille. Sabía que las cosas comenzaban a tomar un rumbo diferente al que él había planeado, y que en cualquier momento Tom o Bill podrían salir lastimados. Claro, que Gordon no sabía que Camille y Brokelle habían cedido, y que hacerles daño o matarles, no estaba entre sus planes.

Para Camille tal vez después de cansarse de él, pero para Brokelle no en un futuro cercano, no si Bill jugaba bien sus cartas…

— Te levantaste temprano — Escuchó Tom a sus espaldas. Se volteó y al ver a Camille allí sintió que su corazón había sido víctima de una punzada.

— Cam…Camille — Titubeó tragando con dificultad — ¿Hace cuanto estás allí?

— Lo suficiente como para escuchar tu patética excusa — Respondió ella cruzada de brazos — ¿Por qué lo preguntas?

— No...Por nada en… específico.

— Oh, vamos — Exclamó la pelirroja volcando los ojos — ¿Era acaso tu novia o algo así? — Preguntó, pero a son de broma. Realmente dudaba que el pelinegro tuviese una relación… o más bien tuviese el potencial para mantener una.

Tom se sintió aliviado al saber que no había escuchado nada sobre Gordon. De modo que al estar fuera de peligro, decidió bromear un poco con ella.

— ¿Te molestaría si así fuese? — Indagó Tom arqueando una ceja. Camille dejó de apoyarse en la puerta, y caminó hacía él con lentitud. Ahora, con ayuda de unos tacones de ocho centímetros, no había mucha diferencia de estatura. Acercó su rostro a él, lo suficientemente cerca para sentir el calor de su boca, pero lo suficientemente lejos para no tener ningún tipo de contacto.

Con su mirada clavada en los ojos avellanados de Tom, se dirigió a él en un murmullo:

— La que debería estar molesta es ella — Musitó. Tom sintió su aliento tibio colándose por sus labios entreabiertos, y luego le miró guiñar un ojo. Justo cuando se acercó para besarla, ella dio dos pasos hacia atrás.

— Ahora alístate, que vamos a desayunar — Dijo y se adentró en la habitación, con Tom siguiéndole los pasos y reclamándole lo recién ocurrido. A pesar de todo, a él le gustaba que ella lo provocase. Simplemente le causaba el mismo efecto que una adicción, sólo que a diferencia de la mayoría de estas, el no quería dejarla.




•••




— Y bien… ¿qué harán hoy? — Preguntó Bill dirigiéndose más que todo a Brokelle. La rubia miró a Camille tratando de encontrar la respuesta.

— Tenemos el día libre — Dijo Camille ante su mirada, y se encogió de hombros. — Creo que yo me quedaré en la habitación.

— Creo que yo también me quedaré — Intervino Tom de la nada. De inmediato, todas las miradas se posaron en él. — ¿Qué? ¡Oh vamos! Todos saben que si voy con ustedes será…raro.

— Probablemente te dejen solo mientras ellos follan sobre una obra de arte — Repuso Camille burlándose de ellos con una sonrisa socarrona. Tom estalló en carcajadas, y Bill se sonrojó. Brokelle por su parte, simplemente negó con la cabeza mientras le recriminaba con la mirada a su amiga aquel comentario.

Todos terminaron de comer, Bill en especial trató de hacerlo lo más rápido para aprovechar lo que quedaba de la mañana y la tarde con Brokelle. Después de unas horas, cuando el reloj marcaba las 12 medio día, Bill y Brokelle partieron en el auto de la rubia, a recoger cuanto museo, u otra atracción turística se les apareciera en su camino.

Por su parte Camille decidió quedarse en la habitación de hotel, a pesar de las insistencias de Tom por hacer otras cosas. Se tumbó en la cama y de inmediato tomó el control remoto para encender el TV. No sirvió de mucho, ya que aunque Camille hablaba un poco de francés, no lo entendía del todo.

Tom también se acostó a su lado, pero a diferencia de ella, no entendía una sola palabra de aquel idioma. Los minutos pasaban, y para Tom parecían ser horas. Justo cuando pensaba que ya habían pasado 2 horas o más, veía el reloj y se daba cuenta que apenas habían pasado 30 minutos. Camille tampoco se veía muy entretenida, de modo que Tom pensó en plantearle una idea que le rondaba la cabeza desde que había visto aquel ostentoso Porsche.

— Cam…— Musitó para llamar su atención.

— ¿Sí?... — No quitó la mirada del televisor, y siguió pasando los canales. Tom jugueteó con sus dedos pulgares.

— ¿Qué dices si vamos a dar un paseo en tus autos? — Propuso finalmente. Camille apagó el televisor, y ladeó la cabeza para verlo.

Estaba a punto de preguntarle como sabía acerca de los autos, pero sabía que Tom no le diría, o simplemente le respondería con uno de sus arrogantes comentarios, como siempre lo hacía. De modo que cerró la boca, y devolvió su cabeza a la posición original, sin responder nada aún.

Se quedó en esa misma posición unos segundos, como si estuviese absorta en una película de suspenso, solo que el TV estaba apagado. Tom no quiso insistir más, de modo que se posicionó igual que ella, y ambos quedaron mirando al techo, perdidos en lo blanco.

Después de un largo rato de silencio, Tom habló de nuevo.

— Estoy aburrido — Dijo después de un suspiro. No obtuvo respuesta, hasta que después de 10 minutos Camille se incorporó sin decir nada.

— ¡Oye! — Le dijo al verla — ¿A dónde vas? — Preguntó al tiempo que se incorporaba.

— Sígueme — Se limitó a decir ella. Tom no quiso replicar nada, sabía por su mirada que iba a ser algo divertido.




•••




Cuando las puertas del galerón se abrieron, Tom tuvo la misma expresión de felicidad que Camille la primera vez que vio los autos. Estaba completamente embelesado, viendo los lujosos modelos, todos a su merced. Caminó entre ellos, rosando sus dedos por el capó, introduciendo su cabeza por las ventanas para tocar la tela de los asientos.

— Vamos, escoge uno — La oyó decir, y sintió que la sonrisa que se le dibujó no podría desvanecerse por nada del mundo. Acceso ilimitado a aquellas preciosas máquinas, aquello era tan irreal que hasta se quedó estático entre los autos, con una expresión dubitativa en el rostro.

— Anda, tenemos mucho que recorrer — Dijo de nuevo Camille, y Tom supo que era verdad.

No tardó mucho en dirigirse hacia un Ferrari F430 en color negro, que al ser convertible podría apreciarse el color rojo en sus asientos. Abrió la puerta y se sentó en el asiento del piloto, así mismo adelantó el auto para llegar hasta donde estaba Camille, en el mismo Porsche de hacía unos días.

Bajó la ventanilla y la miró. Se veía como una diosa, con unos anteojos que encajaban perfectamente en su rostro, su cabello rojo amarrado en una coleta, una gabardina roja que hacía contraste con el color platino del Porsche, y sus manos aferradas al volante.

Su rostro era la expresión de adrenalina pura, y a todo aquello lo culminaba el rugir de ambos motores. Tom le guiñó un ojo:

— ¿Hasta dónde piensas llevar esto, linda? — Le preguntó Tom de manera provocativa, aunque también un tanto divertida.

— El arco del triunfo — Respondió ella — Veremos que se lleva el ganador — y le guiñó un ojo.

Los motores volvieron a rugir, y más tarde lo único que se escuchó fue el chillar de sus llantas.

El transcurso no fue para nada tranquilo, no cuando un coro de bocinas les seguía en toda su carrera. Los autos derrapaban un poco en cada curva, al sobrepasar a otros y pasar por caminos muy estrechos ya se estaban aprendiendo un par de groserías en francés. Camille reía al verlo por el retrovisor, y Tom trataba de pisar a fondo el acelerador, pero no podía adelantarla.

Camille tomaba muy bien las curvas, hasta mejor que él aunque le doliese admitirlo. Tom por poco tuvo que adjudicarse la muerte de dos ancianas y tres niños, los cuales no eran tan inocentes después de todo. La pelirroja solo se carcajeaba al ver como le alzaban el bastón las señoras y los niños le sacaban el dedo del medio.

Tom lo único que hacía era reír también, reír porque aunque Camille lo estuviese humillando, se veía muy sexy haciéndolo. Hasta pensó en dejarse humillar toda su vida, pero sabía que no disfrutaría con ninguna otra chica como lo disfrutaba con ella.

Se preguntó a sí mismo como podía manejar ella con aquellas botas de tacón de aguja, si a él con aquellas zapatillas se le hacía dificultoso. De todas maneras, Camille podría patearle el trasero manejando hasta descalza, pero claro que Tom siempre tenía una excusa por haber perdido.

Pasaron el arco del triunfo, y Camille le había ganado por menos de un metro. Después de recorrer unos metros más en auto, se detuvieron frente a un parque para disfrutar del atardecer.

Tom bajó del auto, y Camille también lo hizo, con una gran sonrisa que mostraba su perfecta dentadura.

— ¿Lo ves? Siempre seré más rápida.

Tom volcó los ojos sin poder contener una sonrisa.

— Oh, por favor — Bufó mientras caminaba para encontrarse con ella en la vereda — Fue todo culpa de esa anciana. Si no hubiese sido porque casi la mato, yo sería el ganador.

— Acepta tu derrota, Kaulitz — Dijo ella con aires de grandeza — Ahora es hora de reclamar mi premio.

Tom pensó que iba a preguntarle algo acerca de su trabajo, lo cual lo tensó de sobremanera. Pero Camille tenía una idea diferente, ella no quería pensar en su trabajo, ni mucho menos en el de Tom. Olvidó por completo quién era él, o más bien, quién no era, y con una sonrisa traviesa se acercó a un puesto de helados.

— ¿Helado? — Preguntó Tom.

— Sí, tendrás que pagar mi helado — Dijo ella arqueando una ceja. Tom se alivió de repente, parecía ser que aquel día el destino estaba a su favor. De modo que decidió pagar por el helado antes de que ella le pidiese otra cosa.

El escogió sabor chocolate y ella de vainilla. Ambos caminaron con el helado en sus manos hasta una pequeña banca que había en el centro del parque. Allí se sentaron, y miraron como entre los edificios se colaban los tímidos rayos del sol, para ir desapareciendo poco a poco, dando paso a un atardecer hermoso.

— ¿Cuánto llevas en esto? — Preguntó Tom al tiempo que lamía su helado. Camille hizo lo mismo con el de ella, y aunque le daba cierto temor responderle, algo en ella simplemente le permitía confiar en él.

— Desde los 15 Caleb empezó a entrenarme… A los 20 cumplí con mi primer trabajo sin ayuda de él… ¿Y tú?

— Diecisiete — Respondió el con una sonrisa de medio lado. — ¿Sentiste…no lo sé…culpabilidad?

Camille se quedó pensativa por unos segundos, y después… simplemente negó con la cabeza.

— ¿Tú?

— Tampoco…

Ambos sonrieron, y se quedaron mirando hacia al horizonte.

— ¿Sabes? Ahora mismo pareces una persona normal…— Mencionó Tom mirándola. Camille ladeó la cabeza para encontrar su mirada.

— ¿”Normal”? — Repitió cual ofensa — ¿A qué te refieres con que “parezco normal”?

Tom se echó una carcajada.

— Me refiero a que nadie pensaría que eres la asesina más buscada de Alemania — Respondió Tom.

— En realidad no lo soy — Replicó ella, y al ver la cara de desconcierto de Tom, procedió a explicarse: — Verás, nadie sabe que los asesinatos que yo cometo son hechos por la misma persona. Trato de ser versátil ¿sabes? Eso los distrae.

Tom sonrió al ver como ella hablaba del tema con tanta naturalidad.

— ¿Cómo no te han atrapado? — Preguntó frunciendo el ceño.

— Dejo pistas que incriminen a otros — Respondió ella — Y además, Caleb tiene comprado a la mitad del departamento de policías de Frankfurt — Camille rió lamiendo de nuevo su helado.

— ¿No te da…?

— ¿Miedo contarte eso? — Terminó ella la frase — No.

— ¿Y si yo fuese un policía encubierto? — Cuestiono él arqueando una ceja.

— Sé que no lo eres — Respondió ella — Y si lo fueras, también estarías en problemas por hacer mi trabajo.

Tom sonrió, dándole la razón.

El sol terminó por caer, y el cielo se tiño de azul. Un par de estrellas centellearon frente a sus ojos, y Camille sonrió. Le gustaba la noche, y lo enigmático que podía llegar a verse París bajo la luz de la luna. Pero más que todo, le gusta su compañía….




•••




El Museo del Louvre, gloriosa pieza arquitectónica y de gran importancia para los franceses, pero para Bill no era más que otro lugar donde Brokelle dejaba de ponerle atención, y cuando le hablaba era solo para pedirle que le tomase una foto. Aquello empezaba a irritarlo, de modo que decidió hacer algo al respecto.

— Broke…— Dijo y apenas habló, Brokelle de nuevo le hizo señas para que le tomase una foto. Lo hizo y la siguió hasta otro lugar.

— ¿Qué me decías? — Preguntó Brokelle sin mucho interés, mientras seguía caminando y tomaba fotos a cosas completamente insignificantes.

— Hemos estado de museo en museo toda la tarde — Comenzó a quejarse el de cresta — ¿Por qué no vamos a otro lugar? — Brokelle le miró, cuestionándole con la mirada. Bill se encogió de hombros y continuó — No lo sé, a un centro comercial o algo más divertido.

— ¡Bill! — Le recriminó Brokelle — Hay centros comerciales en todo Fráncfort, pero dime ¿dónde tenemos museos como este, eh?

— Bueno, tal vez en…

— ¡Ninguno lado! — Terminó la frase la rubia — Ahora deja de quejarte y tomame una foto — Bill se limitó a bufar y tomó la foto sin mucho afán.

Así pasaron más horas, y Bill seguía sirviendo solo como fotógrafo. Claro que toda la historia del museo le gustaba, desde luego, pero eso de pasarse toda la tarde tomando fotos, no le gustaba tanto. Brokelle se percató de su semblante aburrido, y solo unos minutos después, decidió ceder ante sus caprichos.

— Bien — Bufó volcando los ojos — ¿Qué quieres que hagamos?

— Pues ya nada — Respondió Bill berrinchudo — A esta hora no hay nada que hacer.

— Oh vamos, cariño. Debe haber algo que quieras hacer.

— Mmm…— Bill lo pensó unos segundos, porque aunque ya lo tenía en mente, no sabía como podía reaccionar ella — ¿Sabes? De hecho sí hay algo, pero…

—… ¿Pero… qué?

— Bueno, sabes… es un poco…pues —Bill no sabía como decírselo, o al menos no sabía como utilizar las palabras correctas para que ella lo entendiera. Mientras se rascaba la nuca y farfullaba palabras casi inaudibles, Brokelle pareció captar la idea.

— ¿Bill? — Cuestionó frunciendo el ceño — ¿Te refieres a…?

— A… — Bill trató de hacer señas con sus manos — A…eso

— ¿Eso? — Brokelle pareció alarmarse un poco — ¿Ahora?

— No — Respondió Bill con una sonrisa nerviosa — Quiero decir sí…—Y luego se dio cuenta de cómo sonaba ese “sí” — Quiero decir…si quieres…

— Bueno, supongo que sería…divertido.

— ¿Eso es un sí? — Bill sonrió ampliamente.

— ¿Con eso me dejaras de fastidiar?

— ¡Sí, lo prometo!

— Entonces…sí— Brokelle respondió casi de inmediato, y sólo bastó esa rápida palabra para que Bill tomara su mano y la encaminara a los baños.

Lamentablemente, los baños no eran una buena opción. Una vez que llegaron allí, se dieron cuenta que había muchos turistas haciendo sus necesidades, y a decir verdad, Bill se vería extraño entrando al baño de chicas, y aún más si era al mismo cubículo con la chica que llevaba de la mano. Bill pensó que los franceses no serían tan estúpidos como para no darse cuenta de lo que iban a hacer, de modo que tomó de nuevo la mano de Brokelle, y la encaminó a otro lugar más privado.

Encontraron una puerta casi escondida, y cuando la abrieron se encontraron con un montón de trapeadores, escobas y productos para limpieza. Bill le sonrió a Brokelle de manera pícara.

— ¿Aquí? — Cuestionó la rubia, y con su mohín solo expresaba asco.

— No tenemos otro lugar — Respondió Bill, y sin dejarla replicar nada, jaló de su mano para adentrarla. No sin antes cerciorarse que no hubiese nadie por allí.

De modo que cerró la puerta, y aunque estaba oscuro, se las arregló para encontrar los labios de Brokelle. Lo estrecho del lugar tampoco fue obstáculo alguno para despojarse de sus ropas, y terminar con lo que estaban a punto de comenzar.

Una risilla que sonó traviesa, y ese fue su único incentivo para continuar.




•••




— Camille, ya es tarde — Murmuró Tom y movió un poco su hombro para que la pelirroja despertase. Cuando así lo hizo, Camille se sintió extraña al haberse dormido allí, no era que se habían conocido hacia unos minutos, pero tampoco sentía la confianza suficiente como para dormirse en su hombro. Un poco extraño, tomando en cuenta que habían estado a punto de tener sexo en dos ocasiones, y lo había visto desnudo otras dos también. Pero Camille era una chica complicada, de modo que simplemente, se sintió así. Se incorporó y caminó junto a Tom hasta los autos, y de allí partieron hasta dejarlo en el garaje.

— Creo que no quiero dejarlo — Dijo Tom cuando hubo salido del auto. Camille sonrió volcando los ojos.

— Vamos, otro día puedes andarlo — Bromeó ella mientras presionaba el botón para cerrar el portón eléctrico. Tom salió antes de que éste se cerrase completamente.

— ¿En serio? ¿Me lo prestarías otro día? — Preguntó él con un aire de esperanza.

— Claro, podría patearte el culo de nuevo — Le espetó la pelirroja y le sonrió de manera burlista. Tom soltó una sonrisa sarcástica, y ambos emprendieron camino al hotel.

París era hermoso por la noche. Los autos, la gente, los edificios, todo era muy diferente a Fráncfort. Allí había cualquier cantidad de parejas tomadas de la mano, y eso le causaba cierta diversión a Camille, aunque no sabía exactamente por qué.

— Es curioso como aquí todos andan tomados de la mano — Comentó Camille a Tom, quién iba caminando con ambas manos en los bolsillos de su gabardina.

— Dicen que en París la gente se enamora — Respondió Tom, y a pesar de la seriedad de la frase, Tom sostenía una sonrisa que podría confundirse con burla. — Tal vez sea por eso — añadió encogiéndose de hombros. Camille le miró como si estuviese diciéndole “no vayas por esos caminos”

— ¿Qué dices si nos unimos a ellos? — Preguntó él, y ante la mirada y el ceño fruncido de Camille, prosiguió para explicarse — Ya sabes, para no parecer diferentes.

Camille miró hacia abajo, y reparó en que ahora él llevaba una mano fuera, con la palma mirando al frente y los dedos separados. Ella sonrió, y sacó su mano del bolsillo.

— Tienes razón — Concedió ella mirándole — No debemos llevar la contraria.

Y sus dedos se entrelazaron.

Tom sonrió satisfecho, y así caminaron hasta llegar a la habitación del hotel.




•••




Sudor, jadeos, y gemidos…fusionados con un poco de ¿amor? No importaba, aquella habitación tenía ahora la marca de Bill y Brokelle en todos lados. No se percataron de los pasos que se oían cada vez más cerca de ellos, era como si el éxtasis al que estaban sometidos los hiciese perder la mayoría de sus sentidos, o era tal vez, que éstos estaban ocupados sintiendo otras cosas…

— Bill — Apenas pudo articular Brokelle — Creo…creo que… viene…alguien — Dijo pausadamente, a causa de los jadeos.

— No es nada — Le aseguró Bill, con sus labios en contra de los de ella, y siguió haciendo lo suyo.

De repente aquella oscuridad, ya no era la misma. Ahora la luz que había allí no era únicamente la que se colaba por debajo de la puerta, sino más bien una que entraba como si la puerta estuviese abierta de par en par.

Bill se tensó, y aún dentro de Brokelle pudo voltearse su cabeza para encontrarse con un rostro que denotaba y personificaba la sorpresa mejor que cualquier otra persona. Un conserje, lo supo por la ropa que llevaba, de unos 60 años, y un par de arrugas que hacían énfasis a su boca, ya abierta.

— ¡Seguridad! — Gritó el conserje a todo pulmón. Bill se separó de Brokelle con tanta rapidez que Brokelle, quién tenía las piernas enlazadas a su cintura, cayó sentada entre las escobas y trapeadores del suelo.

— ¡No, joder! ¡No llame a seguridad! — Pidió Bill subiendo la cremallera de su pantalón. Brokelle trató de ponerse de pie, al tiempo que acomodaba su vestido y su cabello desarreglado. Se posicionó detrás de Bill, con el rostro sonrojado a más no poder.

Dos grandes guardias llegaron al lugar apenas unos segundos después. Y al ver los labios de Brokelle rojos, y el pantalón de Bill mal acomodado, asumieron de antemano que era lo que pasaba allí.

Aún así el conserje procedió a explicarles a los hombres lo que estaba sucediendo. Y una vez que terminó, tomaron a Bill y a Brokelle y los pusieron de espaldas. Así, en esa posición, los esposaron y emprendieron camino a través del museo, para llegar a la salida.

— ¡Tengo derecho a una llamada! — Chilló Brokelle, quién apenas podía caminar a causa de sus tacones, y la rapidez a la que la llevaba aquel hombre.

— Si me haces lo que le hiciste a él, tienes derecho a cualquier cosa — Le susurró el chico, que si no tuviese la altura y el aspecto de un gorila, Brokelle lo hubiese pateado en la entrepierna.

No, tal vez su francés era muy malo y el no había dicho eso. Brokelle terminó por entrar al auto policial, y miró hacia atrás, donde estaba aquel hombre, completamente atónita.

Sí, definitivamente él le había dicho eso. Lo supo cuando formó con su mano derecha una “o”, como si estuviese sosteniendo algo. Entonces la posicionó a la altura de la cremallera del pantalón, y comenzó a mover su mano de atrás hacia adelante, con una sonrisa pícara.

— ¡Hijo de puta! — Masculló Brokelle, pero de nada sirvió, porque el auto en el que iba, ya estaba muy lejos. Aún así, podía seguir apreciando aquella asquerosa, obscena y vulgar seña.




•••




Camille estaba tumbada en su cama, durmiendo. Tom estaba su lado mirando Tv, muy entretenido, hasta que el celular de Camille comenzó a sonar.

— Cam, tu celular — Musitó Tom, mientras mecía a Camille tomándola por el hombro. Camille gruñó mientras abría los ojos, se incorporó y tomó su celular del buró.

— ¿Aló? ¿Broke?.... ¿qué? ¿Qué demonios haces allí? ¿Por qué? ¿¡Cómo!? ¿Qué demonios estabas pensando, eh? — Tom le bajó el volumen al televisor para escuchar mejor la conversación, pero solo escuchaba a Camille — ¿30 mil dólares? ¿Estás loca? ¡No puedo creerlo!.... Vale, vale. Veré que hago…voy para allá. — Y terminó la llamada.

A Tom le sorprendió verla acostarse de nuevo, como si aquella llamada él la hubiese imaginado y en lugar de eso nunca había pasado. Frunció el ceño, y evitó que Camille cerrase sus ojos hablándole:

— ¿Qué quería Brokelle? — Preguntó.

— Oh, está en prisión con Bill — Respondió ella con tanta tranquilidad que Tom no podía creerlo. El pelinegro se incorporó con rapidez, y tomó su gabardina que estaba en el diván. Camille se levantó y frunció el ceño al verlo apurado.

— ¿Adónde vas?

— ¿Cómo que adónde? — Cuestionó Tom, como si la respuesta fuese obvia — A sacar a mi hermano de allí — Y siguió caminando hasta la puerta.

— Oh, por favor — La escuchó bufar, y se detuvo con el pomo en la puerta — ¿En serio vas a ir por ellos?

— Pues…sí — Dijo Tom, y se extrañó. Repentinamente, ya no sentía tantas ganas de ir a sacarlos de allí. Tal vez Camille le había contagiado el ser tan…fría.

— ¿No quieres hacerlos sufrir un poco? — Preguntó Camille arqueando una ceja, y logró que Tom soltase la puerta. — Iremos por ellos mañana — Añadió al ver su rostro lleno de confusión, y sonrió con malicia.

Tom también sonrió así, y dejó su gabardina, para volver a tumbarse en la cama, junto a Camille.

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4 Response to Capítulo 12 «Cada tú...Cada yo [II/II]»

4 de noviembre de 2010, 19:43

Y ahora comento yo xD y quisiera poner: Edito xD pero no hahahahah así que tendré que volver a comentar xD

4 de noviembre de 2010, 20:00

xDDDD edito ♥ pues si se extraña u.u xD

4 de noviembre de 2010, 21:09

hahahahahahahahahahahhahaha Camille es una desgraciada xD y el otro gilipollas que le hace caso en todo hahah cómo los amo!!!
Ay ay, que tengo tanto que decir xD
En la la escena de los autos, justo estuve escuchando Run Devil Run de Kesha y era como que Woooow xDDD
Adoro la relacion entre Cam y Tom, siempre suelo ponerme celosa peor con ella no xD es tan mala y me encanta hahahah es justa para él (:

Lo de los helados me pareció tan tierno y luego se van y se toman de la mano ahhhhhhhhhh ok ok, el corazón se me aceleraaaaa xDDD

Y Bill con Broke O.o nada tontos los chicos eh! se metieron al cuartillo ese hahahahha y más gafes no son xD

Me moría por leer y me he tardado porque estuve haciendo otra cosa u.u pero ya lo lei y ahora espero el siguiente xD

te adoro Sooou ♥

5 de noviembre de 2010, 18:43

aya en el foro me kede en edito pero kuando entre ia lo habian cerrado
tom siempre me hace reir jajajaja cuando le engaña a gordon ja que astuto no se como gordon se lo pudo creer y camille siempre provocandole pobre tom XD
baaaaaa tom es un mal perdedor no quiere aceptarlo
cam se quedo dormida en el hombro de tom !!!!!!!! como si fueran una pareja amo esa parte

hayyyyyyy bill y broke en el museo no lo puedo creer tienes un gran imaginacion cuando los descubrieron me mate de la risa y tendran que esperar porque no les iran a sacar jijijijijijiji
creo que aqui esta mejor que postees los capis ademas hay musica y va con lo que lees

estare por aqui siempre XD