Capítulo 24 «Miénteme»

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Aquellos pasos sonaban furiosos, rápidos y seguros. Caleb los reconoció de inmediato, su hija tenía un caminar peculiar, y el sonido que transmitía era más que conocido para sus oídos. La puerta se escuchó abrirse de manera rápida, un golpe sordo cuando colisionó con la pared al abrirse completamente, y en su umbral la pelirroja le miraba.
Su mirada escondía muchas cosas, pero definitivamente ese día no quería esconder cuan enfadada y furiosa se encontraba, y Caleb sabía el porqué. Ella se acercó a su escritorio, y él permaneció sereno, tranquilo y con la misma sonrisa arrogante de siempre. Camille reboso aún más de furia.
―¡Lo sabes! ―le rugió sin siquiera saludar. A Caleb no le sorprendió.
―Camille, si vas a gritarme, al menos dime porqué lo haces.
―¡No juegues a que no lo sabes, porque lo sabes perfectamente!―Su bolso aterrizó directamente en el escritorio de su padre, y un par de papeles revolotearon en el aire.
―Eran papeles importantes ―mencionó con el semblante serio. Sin embargo no se preocupó por recogerlos, ni mucho menos Camille.
―¡Tom! ―gritó de nuevo―¡Sabes perfectamente mi relación con él!
A Caleb se le curvearon los labios en una sonrisa suspicaz.
―Debo admitir que sí, lo sospechaba. Siempre has tenido esa pequeña…debilidad―La última palabra fue como una daga para Camille―. Vamos, Camille. ¿Qué esperabas enamorándote de un matón como ese? Sabes muy bien que estás rompiendo las reglas, y aún así te arriesgas. Entonces, aquí la culpa no es mía ¿o sí?
―¡Claro que lo es! ¡Tú y tu maldita obsesión por hacer mi vida miserable!
Caleb nunca había escuchado aquellas palabras por parte de Camille. De pronto se tornó más serio de lo común.
―¿Hacerte la vida miserable? ―repitió como si se tratase de una ofensa―. Es lo más dramático que he escuchado en mi vida.
―¿Lo ves? ¡Eres un patán! ¡Sabías muy bien que no podría matarlo, y aún así no hiciste nada!
―Utilizas mal las palabras, Camille. Sí puedes matarlo, pero no quieres.
―¡Da lo mismo! ―rugió ella, y tragó con dificultad―. No lo mataré. Él no ha hecho nada malo, es… ¡Insignificante! ¿Por qué te tomas tantas molestias con un simple delincuente, eh?
―Resulta que ese delincuente ha puesto en peligro a la Organización más de una vez.
―¡Pero ya no lo hace! ―objetó Camille―. Lo he controlado, y eso es todo lo que importa. ¡No tienes derecho a matar a cuanta persona se cruce en tu camino a tu estúpida ambición!
―Camille, ¿en serio crees que lo controlas? ¿Realmente sabes quién es? ―Camille no pudo responder―. ¿Lo ves? No esperaba más. Yo puedo tener una ambición… ¿pero tú? Tú te dejas llevar por una linda sonrisa. Como lo hiciste con Georg.
Camille sintió que su corazón se le iba a salir del pecho.
―No metas a Georg en esto ―refutó con fiereza.
― ¿Por qué no Camille? ―indagó Caleb―. ¿No es acaso la misma situación? Tú tratando de defender al chico que te gusta, sabiendo que no es lo que te conviene.
―Esto es diferente ―dijo ella―, esta vez no volveré a cometer el mismo error.
―¿Error? ¿Y aún piensas que fue un error?
Camille no iba a responderle si ella mismo lo acababa de afirmar. Sin embargo la conversación no iba a terminar allí.
―No voy a matarle.
―No lo mates, bien. Eso no impedirá que otra persona lo haga.
―¡No dejaré que lo mates!
―¿Qué tiene de especial este chico, eh?
Ella tragó saliva con dificultad.
―Es algo que tú egoísmo no te dejará entender nunca.
Caleb se echó una sonrisa socarrona.
―¿Qué medicamentos te han estado dando? ―preguntó de repente, mirando fijamente al tobillo de Camille. Ella se sintió irremediablemente ofendida.
―Púdrete ―espetó sin el menor respeto.
―Anda, Camille. Ve a casa, descansa un poco y… no vuelvas a tomar lo que sea que te estén dando. Estoy segura que cuando estés sobria vas a entender que lo que me estás pidiendo es una locura.
―¡No es una ninguna locura! ―objetó ella. Caleb se levantó de su asiento, exaltado como pocas veces Camille le había visto, sin el semblante arrogante y despreocupado que le caracterizaba. Entonces Camille pensó que tal vez sí le había conmovido, no de la manera que deseaba, pero el sólo hecho de haberlo sacado de sus casillas ya era un punto a favor.
―¿Estás enamorada? ―preguntó mirándola fijamente a los ojos. Aquella pregunta la tomó por sorpresa completamente, y simplemente no pudo responder―. Dime, Camille. ¿Por qué te quedas callada ahora? ¿Por qué de repente ya no gritas? Respóndeme, ¿estás enamorada de ese chico? ―Pero ella seguía sin responder. Le sostuvo la mirada un par de minutos, hasta que él se sentó de nuevo.
―Eso pensé ―concluyó.
Ella sintió que la ira la recorría y le quemaba la garganta. Sin embargo, gritarle ya no era una opción. Prefirió serenarse antes de hacer su última petición.
― No lo mates ―musitó tragando con dificultad―. No te lo estoy pidiendo como empleada…te lo estoy pidiendo como tu hija.
Caleb finalmente se dignó a mirarla.
―Debería comportarte como tal, entonces.
―Bien ―dijo Camille, pero no resignada, sino más bien decidida―. Te he dicho que no cometeré el mismo error dos veces, y cumpliré mi palabra. No dejaré que le mates ¿entendiste? No lo permitiré.
―Suerte con eso.
Camille tomó su bolso y se marchó de allí. Esta vez sin azotar la puerta, sin hacer berrinches. Se marchó con paso decidido, dejando en el aire una inminente amenaza.

―●―

Había solo una manera de ayudar a Tom en toda aquella situación, y ella estaba dispuesta a hacerlo aunque no quisiera. Conocía su corazón, se conocía a ella misma, y dividía sus sentimientos en tres partes: Querer, enamorarse, y amar.
Aunque la gente los tomase como sinónimos, Camille las veía como tres palabras diferentes, con diferentes significados y diferentes sensaciones. Se dio cuenta el día anterior que a Tom le quería, y que si seguía con toda esa farsa, iba a terminar enamorándose. Y enamorarse de Tom no era algo seguro, ni para ella, ni para él. Muchos menos conociendo a Tom, y la fama de mujeriego que se daba él mismo.
Tampoco era como si fuese a morir sin él, aquello sonaría ridículo. Sí, le guardaba cierto cariño, pero lo que haría sería lo mejor para los dos, especialmente para Tom, y eso era lo que ella buscaba, el bien del pelinegro. A esas alturas le importaba ya muy poco que quisiera Tom con ella, porqué se entrometió en su trabajo, o porqué la seguía. Ya nada importaba, sólo necesita sacar a Tom del peligro en el que se encontraba.
Cuando bajó del auto su mano temblaba al tocar el timbre. Lo que estaba a punto de hacer no era nada fácil para ella, sin embargo esperaba que sí lo fuese para Tom. Esperaba que él solo estuviese jugando con ella, esperaba que Tom no se hubiese hecho ilusiones, y más que todo esperaba que Tom se creyera la situación.
Gordon abrió la puerta, para sorpresa de Camille. Cuando él le vio no pudo evitar verla como si estuviese frente a él un fantasma, sin poder evitarlo sus ojos se clavaron en ella, abiertos a más no poder, sorprendido. Camille comenzaba a acostumbrarse a obtener esa mirada, desde la vez que vino y Gustav le miró de la misma manera. De modo que solo se limitó a darle una mala mirada y a preguntar por Tom.
Gordon, balbuceando le dijo que se encontraba en la cocina, y ella se encaminó allí sin mirarle dos veces. Cuando lo vio, reparó también en la presencia de Bill y Brokelle, todos la miraron con una sonrisa jovial, como si hubiese llegado en el momento perfecto.
―¡Miren nada más quién llegó! ―vociferó Bill. Camille pudo distinguir un tono de ebriedad en su voz. Después reparó en el vaso de whisky de Tom y Bill. Brokelle parecía estar tomando vino.
―Se han armado una pequeña fiesta, ¿eh? ―dijo.
―Algo así ―Tom hizo un mohín divertido para dejar en vergüenza a Bill. Brokelle se echó una carcajada―. Y… ¿qué te trae por estos rumbos?
―Bueno…yo en realidad, necesito hablar contigo ―dijo Camille. Tom asintió como diciéndole que comenzara a hablar.
―A solas ―especificó. Brokelle entendió perfectamente y se llevó a Bill a rastras. Cuando estuvieron totalmente a solas, la mirada insistente de Tom la obligó a hablar.
―Seré breve…―Pero las palabras parecían amontonarse todas sin salir ninguna. Respiró hondo, antes de volver a hablar―. Nosotros. Tiene que acabarse.
Aquello le había tomado por sorpresa. Le miró con el ceño fruncido y apenas acató a decir:
―¿Qué?
―Ya sabes, todo el jueguito de la intriga por tu vida. Se ha hecho viejo.
―¿Podrías explicarte mejor?
―Tú estás entendiendo bien ―dijo ella con fingida frialdad―. Lo sabes. Se acabó. Fue bueno mientras duró, pero… tiene que acabarse.
―¿Eso es todo? ―cuestionó él altanero.
―¿Querías algo más? ―dijo ella con el mismo tono―. Vamos, no actúes como si te sorprendiera porque sólo te engañas a ti mismo. Se acabó el juego, llámalo empate… declárate el ganador. A mí me da igual.
―No te da igual ―objetó él, y sentía toda la situación tan irreal―. ¿Y así es como le llamas? ¿Un juego? ¿Eso fue?
―¿Cómo le llamarías tú? ―cuestionó ella.
―No te agradará oírlo ―Y Camille entendió muy bien a qué se refería. Le dolía más que todo la reacción de Tom. Y aunque ahora comenzaba a comportarse hiriente y con aire despreocupado, Camille sabía que era todo lo contrario, y era eso exactamente lo que le dolía más. Lo estaba lastimando.
―Sólo…no quiero saber nada de ti ¿entiendes? No en mi trabajo. Tú puedes seguir con tu vida, y cualquiera que sea tu trabajo conmigo, será mejor que renuncies.
―¿Me estás amenazando?
Tom pensó que ella iba a ser como todos los demás, y le diría un “tómalo como quieras” pero ella fue más directa.
―Sí, te estoy amenazando.
Tom se echó una risa amarga y le dio un sorbo a su whisky.
―Así que… ¿ya no quieres saber para quién trabajo? ¿Ya no te importa? Vamos, que si mantuviste toda esta farsa ha de ser porque te interesa ―Camille identificaba en las palabras de Tom un dejo de resentimiento, aunque se mostrase altanero y despreocupado. Y aunque Tom no lo sabía, a ella también le dolía, tal vez más que a él. Pero él no veía las intenciones de ella tras eso.
―Sí, antes, pero ahora no causa ningún tipo de interés en mí. Será mejor que le digas a tu jefe que ha estado perdiendo el tiempo.
―Se lo diré ―dijo Tom inclinando su vaso de whisky hacia ella. Soltó una sonrisa, de esas arrogantes pero que a Camille le dolió.
―Eres increíble ―repuso ella, más bien bufando y con una risa que no tenía ni el más mínimo rastro de hilaridad. Ahora comenzaba a creer que en realidad Tom no fingía, y que realmente nunca le importó ella para más que su trabajo.
―Ya me han dicho eso antes ―dijo él de nuevo, con ese aire arrogante que no se disipaba ni siquiera en aquella situación―. Claro, no en las mismas circunstancias. Imagino que no es a lo que quiero que te refieras si no estás en mi cama, desnuda―Y sonrió culminante. Camille sintió una punzada en su corazón, y antes de poder decir palabra alguna, Tom se le adelantó:
―De hecho… la última vez que me lo dijeron fue en Francia―Camille comprendió de inmediato a qué se refería.
Y con un mohín que lo hacía parecer recordar, Camille sintió que todo en ella ardía. Esta vez no de dolor ni mucho menos lástima, esta vez de furia. Tom se estaba comportando como un verdadero idiota, y ella lo hacía todo para simplemente alejarlo del peligro al que se arriesgaba estando a su lado. Entonces una mirada siniestra se dibujó en la totalidad de sus pupilas grises, y con aire altivo se dirigió a Tom por última vez, antes de que las cosas empeoraran.
―Me alegra saber que no fui la única que se divirtió allá―Tomó su bolso, acomodó el asa y se marchó de allí caminando tranquila, como si aquello no le hubiese afectado en lo más mínimo.
Tom sentía algo completamente ajeno a lo que alguna vez hubiese podido experimentar. La quemazón en el pecho, como si dentro de él ardiesen las llamas más grandes del infierno. El vacío que sentía, como si ella hubiese introducido su mano dentro de su pecho y le hubiese arranca el corazón como quien arranca un insignificante pedazo de papel adhesivo. Ella, tan fría y manipuladora, no podía olvidar su mirada mientras le decía que todo había acabado, que todo había sido un simple…juego. Sus ojos grises como un cielo nublado, burlándose de él con la frialdad de un hielo. Y él que se quemaba por dentro, que sentía que su estómago se retorcía y su corazón estaba siendo acribillado por puñados de agujas listas para inyectarle el peor ácido. Su mano temblaba, sosteniendo el sabor amargo del whisky, que sin embargo se asemejaba al manjar más dulce comparado a lo que sentía ahora. La mano le ardía, y como la culpa fuese del vaso lo estrelló directo a la pared, acompañado el sonido del vidrio rompiéndose y el whisky escurriendo por las paredes. Tomó su cabeza con ambas manos, jalando de sus trenzas como si ellas fueran las causantes del vacío que sentía. Maldijo a todo pulmón el momento en el que la conoció, el momento en el que ella comenzó a formar parte de su vida, el momento en el que…
En ese mismo instante Gordon acudió a la escena al escuchar el sonido de vidrio quebrándose. Tom parecía estar más que enfadado, parecía estar herido de una manera muy profunda, pero aquello no le daba derecho a hacer añicos la cocina.
―¡Tom! ―vociferó Gordon―¡Tom, cálmate joder!
Él aludido se volteó con los ojos rojos, llameantes. Gordon no supo descifrar si era la rabia o el dolor al que Tom estaba siendo sometido. Lo único que sabía era que sus ojos se encontraban rojos, tal vez cristalizados pero no podía verlo bien.
―Renuncio ―le espetó sin explicación. Gordon le miró con el ceño fruncido.
―¿¡De qué hablas!? ―cuestionó―¡Cálmate, y explícame qué rayos te sucede!
―Me ha terminado ¿entiendes Gordon? ¡Me ha terminado! ¡Puedes mandar a la mierda tu estúpido plan, porque ya no participaré más en él!―Tomó una chaqueta que estaba cerca del mueble, para salir de allí con paso rápido y furioso.
Gordon no se apuró en detenerlo. Más bien suspiró prolongadamente mientras se decía para sí mismo «Te lo dije» en un tono crudo y hasta cierto punto melancólico. Sí, Gordon lo sabía, de nada había servido tanta prohibición, si de igual manera se iba a enamorar de ella como lo estaba ahora. Tom no lo sabía aún, pero a los ojos de Gordon era más que evidente.

―●―

Cuando su pie se hundió a fondo en el acelerador, Tom siquiera reparó en la gravedad que lo hacía mantenerse aferrado al asiento de su auto. Tampoco reparaba en las luces del semáforo, en las personas que cruzaban la calle, ni mucho menos en las bocinas que se dirigían, todas a coro, hacia él. Estaba más molesto que herido, le dolía más el hecho de que alguien se atreviese a terminarlo, que la persona quién había osado hacerlo, aunque claro, aquel detalle era un dolor de cabeza más, pero Tom preferiría omitirlo.
No sabía qué hora era, pero a juzgar por el celaje definitivamente debía ser de noche. Eso sería suficiente para entrar en un bar sin ser juzgado por un vago que le gustaba embriagarse. Estacionó su auto, entre un montón de motocicletas pandilleras que también estaban estacionadas en fila. El bar no era lo más elegante de Frankfort, pero funcionaría para hacer lo que tenía planeado hacer. Beber un poco, buscarse una chica y probablemente tener sexo.
Al entrar múltiples miradas se clavaron en él, hombres de mediana edad, regordetes y sin un solo cabello en la cabeza, pero demasiados en la barba. Vestidos de negro y cuero, lentes de sol aunque ya era de noche, y brazos cubiertos por tatuajes.
No le intimidó en ningún momento, más bien se acercó a la barra y le pidió a una rubia desaliñada que le diese un gran vaso de cerveza.
Alzó la mirada y en un viejo televisor se reproducía lo que parecía ser un partido de fútbol. No le gustaban mucho los deportes, pero sería mejor eso que no ver nada, de modo que se concentró en el partido y trató de olvidar lo que había sucedido hacia unos minutos. Camille no valía tanto la pena, pensó para sus adentros.

―●―

Caleb no podía ignorar las últimas palabras que su hija le había dicho. Le había amenazado, muy sutilmente, pero lo había hecho. Sabía que cuando Camille se proponía algo no descansaba hasta lograrlo. «Maldita perseverancia» se dijo para sus adentros, él mismo se lo había heredado, y había apoyado esa cualidad de Camille. Le pareció, cuando a los quince años comenzó a entrenarla y la veía practicar hasta tarde, que sería una chica determinada y perseverante. Se le dibujó una sonrisa cuando los recuerdos de Camille siendo una niña le pasaron por la cabeza, iluminándose cada uno cual rayería en una tormenta.
En aquellos momentos sentía que podía protegerla de todo, que nadie tocaría nunca a su hija, y ahora la sentía tan distante, a la intemperie del peligro, y ella no aceptaba su ayuda.
No podía comprender que todo lo que hacía él era por y para ella, para alejarla del peligro, como lo hizo con Georg, y como ahora sucedía con Tom. Un desamor se superaba rápido, con el tiempo, así como ella había superado al castaño, pero una muerte… una muerte nunca se superaba, nunca se sanaba la herida y el vacío. Caleb nunca se perdonaría a sí mismo ver el cuerpo de su hija inerte a causa de su trabajo, nunca se lo perdonaría.
Tomó el teléfono de su oficina y marcó el número de Paul, su amigo más cercano, y quién podría ofrecerle información valiosa. Los tonos parecían no terminar, hasta que finalmente el rubio contestó al otro lado de la línea.
―Caleb, ¿qué sucede? ¿Todo bien?
―Todo está bien, Paul ―dijo aminorando la tensión. Usualmente no se llamaban, sólo en circunstancias sumamente particulares. Preferían hablarse cara a cara.
―Bien, ¿para qué llamas?
―Necesito el nombre del chico al que contrataste hace unos meses.
―¿El chico que secuestró al empleado de Boissieu?
―Sí, el mismo.
―Ethan Ebel, si no me equivoco.
―¿Es competente? ―preguntó Caleb.
―Lo suficiente. ¿Para qué lo necesitas?
―Oh, un trabajo…personal.
Paul se echó una carcajada.
―Si no quieres decirme, no hay problema ―bromeó el rubio, a lo que Caleb soltó otra de sus risas de fumador―. ¿Te mando el número al que puedes contactarlo?
―Mándamelo con Evan, no me fío mucho de los teléfonos celulares.
―Lo haré, dile a Evan que venga por la mañana. En la tarde estaré ocupado.
―Bien. Gracias, Paul…y, por favor no le comentes a nadie sobre esto.
―¿Por quién me tomas Novek? ―cuestionó Paul con fingida indignación―. Claro que no le diré a nadie, hombre. Últimamente andas muy desconfiado.
―Sí, bueno. Trato de cuidar mis espaldas…
―Bien, bien. Sólo cuídate de ese chico, tiende a sobrepasarse con los precios.
―Me aseguraré de que sea coherente ―aseguró Caleb―. Nos vemos.
Y después de un adiós, Caleb terminó la llamada. No dejaría que nadie lastimara a su hija.
Nunca.


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3 Response to Capítulo 24 «Miénteme»

28 de enero de 2011, 15:32

Cam es toda!! Me encantan los berrinches que siempre hace, jaja y Caleb siempre todo tranquilo y ella toda chiquita mimada! xD
Ohhh!! Y que duro cuando "terminaron", Cam pretendiendo ser toda fría y Tom también pero ambos estaban mueriendo por dentro, y cuando dijo:
"Claro, no en las mismas circunstancias. Imagino que no es a lo que quiero que te refieras si no estás en mi cama, desnuda"
Que fuerte, yo ahí siendo Cam le hubiera dado un solo! xD
En fin como ya había dicho antes Caleb es un HdP!!!! Lo odio ye espero que muera pronto...
Excelente como siempre...

29 de enero de 2011, 20:17

Llore como miercoles ¡ni te imaginas! ... ya junte dos litros de lagrimas u.u los dos hiriendose es insoportable ella por protejerlo y él por orgulloso
ahhh pero Camille como que se da cuenta de que Tom tambien sufre * estoy moqueando *
Jajajaaja que bien que Camille le plantara la cara a su padre ¿? Desagraciado yo no lo llamaria asi ashhhh me hierve la sangre cada ves que pienso en ese

-Camille no valía tanto la pena, pensó para sus adentros. ....Tom joder no pienses eso pufffffff su maldito orgullo ¡!!!!

Cuando Tom tira su wishky parecia de pelicula por eso dijo que lo conviertan en pelicula seria fantastico y Tom como protagonista * muero* estoy alucinada xD
Caleb de m***** ja crees que te saldras con las tuyas Camille lo impedira sea como sea

Waaaaaaa la cancion de Eminem con Rihana ¿? La adoro igual que a ti no ati mas ♥♥

PD: Lamento mi atraso en comentar porque si lei en cada posteo pero no tenia tiempo entraba y salia hasta tuve que leer los capis en partesitas xD nos vemos el lunes o talves en proximo sabado ¡sayonara ¡

8 de febrero de 2011, 16:55

Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh...
Ok ya xD Es que no leía hace mucho D: Perdóname u.u soy una hija de puta (? ok no tanto xD Es que mi hermano de mierda no me deja usar la pc ¬¬º
Cam, Tom, Cam, Tom O.O no quería que llegara a esto, no quería que se separaran T_____T Puta pobre Tom, Cam lo cagó hahahahahahahah me da risa, hoy estoy mala así que me burlaré de todos *muajajajajajaja* (?) Caleb hoy me ha caído bien (repito, hoy soy mala, así que estoy del lado contrario) xD Aunque igual sigue siendo un hijo de puta, pero es que el wn es tan shajshajhd (no encuentro una palabra) xD Y Cam, Cam no quiere matar a Tom *wuuuuuuuuu* ¿Y porqué? Pues porque lo amas, estúpida! *le doy una bofetada por idiota* Pero te cagas, porque en el siguiente capi, yo me lo follaré (según me dijo Sou, ¿habrá sexo?) xD Nota: Hoy he tomado Pisco puro, así que - no estoy ebria - pero... ok si xD
Y Tom hahahahahahahahahahahha me da pena, pero esta bien, que sufra ò.ó *Crica hoy odia a los hombres* xD
Caleb matará a Tom, o sea él no, pero ese tipo al que llamará sí O___O Y hoy estoy muy mala, pero tampoco es para que lo mate O_O ¡Tom, haz algo, maldito estúpido! ¡Cam, defiéndelo! y yo, la puta, los mato a los dos (?)

Ctm he escrito mucha mierda ¬¬º me paso al siguiente capítulo, quiero verme actuar xD
Te amo Soooooooooooooooooou ♥