Capítulo 41 «Amor es un Verbo»

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Sentía que algo se le estaba arremolinando dentro del pecho, y hasta el aire que respiraba le resultaba increíblemente abrumador. Las manos le sudaban, y no hacía frío, las piernas le temblaban, y como pocas veces en su vida, sintió miedo.
Cuando su mano se irguió no hacía más que temblarle. La punta de mira permanecía a centímetros de distancia de la cabeza, y podía sentir como si millones de miradas se clavaran en ella, a la expectativa.
No eran millones de ojos clavados en ella, eran únicamente los de su padre, que tenía la misma equivalencia para ella. Las piernas comenzaron a temblarle, y un vacío en el pecho comenzó a abrirse cada vez más, sin tener oportunidad de detener el sentimiento que en ella no nacía, sino que moría.
—Hazlo — le escuchó susurrar, con una avidez que la atemorizó—. Recuerda tu entrenamiento.
—No puedo.
—Sí puedes —le corrigió, ella seguía hesitando—. Recuerda; no dudes.
—No puedo hacerlo, papá, por favor, no me obligues…—estuvo a punto de que la voz se le quebrase—. No conozco a este hombre, ¡no quiero matarle!
Caleb tomó a su hija con fuerza, como abrazándole por detrás. La detuvo de su repentina rabieta, y hasta que ella se calmó, él susurró de nuevo:
—Debes hacerlo. Nadie tendrá piedad de ti como la estás teniendo ahora.
—Oh, por favor, no quiero…—Caleb tomó la mano de Camille y volvió a levantarla, apuntando a la cabellera rubia que permanecía frente a ella, indefensa, con mirada retadora.
—Hazlo, ahora.
—Papá…
—Hazlo, es una orden…
—¡No puedes obligarme a hacerlo!
—¿Es esta la clase de asesina que entrenaste, Caleb? ¿Una miedosa, berrinchuda y débil? —La voz, por primera vez, salió de su boca agrietada—.No debes estar muy orgullo con semejante fraude.
Caleb no dijo nada. Camille le miró directo a los ojos.
De pronto sabía que no podía detenerse, y que la única pizca de piedad que la impedía de jalar del gatillo, comenzaba a evanecerse. Había demasiada rabia dentro de ella, acumulada, y tratando de canalizarla de otra manera no lograría nada. De pronto la mano dejó de temblar.
—Hazlo —ordenó de nuevo, su padre.
Y ella lo hizo.
—¿Camille, estás bien?
De repente despertó de su ensimismamiento. Estaba de pie, en medio de los escalones, con la mirada vacía fija en un punto de la pared. Brokelle estaba abajo.
—Lo estoy —respondió, no muy segura. Brokelle torció el gesto.
—¿Quieres que te acompañe? Luces nerviosa.
—Ah, lo estoy —convino, bajando los peldaños—, pero será mejor que te quedes aquí. Si sucede algo grave, te lo haré saber.
Brokelle no se sintió alentada con la última frase de su amiga, de modo que preguntó:
—¿Tienes una coartada, al menos?
—Algo así —Pero no lo dijo muy segura—. Debo irme ya —dijo, tras echarle un vistazo a su reloj—, promete no decir nada a Caleb a menos que se torne realmente serio.
—Me pones más nerviosa de lo que ya estoy — alegó la rubia, pero finalmente sonrió—. Te lo prometo.
Camille le devolvió la sonrisa, y salió de casa.
Segundos más tarde el timbre sonó de nuevo, Brokelle se apresuró a abrir la puerta y fuera de ella esperaba Bill, con un ramo de rosas. Brokelle atinó a alzar una ceja.
—Ni creas que con esto te vas a librar de las explicaciones que me debes.
—Ah, cariño ¿de qué hablas? ¿ahora los novios no pueden regalarle rosas a sus novias? —El sarcasmo en su voz era más que notable, sin embargo, Brokelle pudo descubrir algo más en la voz de Bill, tal vez era miedo.
—Pasa— concedió ella, y así lo hicieron. Ella puso las rosas en agua, mientras Bill se sentaba en la sala y se frotaba las rodillas, nervioso. Brokelle volvió a la sala con una expresión en el rostro difícil de descifrar, se sentó frente a Bill y se mordió los labios.
—Te doy una hora para que me expliques totalmente todo este asunto. Y quiero la verdad, Bill, sabes que soy muy buena descubriendo cuando mientes. Y no te conviene verme enojada, de ningún modo.
—Cariño, ¿de qué hablas? Yo…
—Shht — le acalló Brokelle—. He dicho que una hora, será mejor que no pierdas el tiempo jugando a “no sé de qué hablas”
Bill tragó con dificultad, y se dispuso a decirle.
No fue fácil, debía admitir, Brokelle no decía absolutamente nada, no se mostraba asombrada, ni siquiera expresaba emoción alguna con un ademán, aparte de asentimientos de cabeza. Bill trató de ser lo más subjetivo posible, siempre dejándole claro que, aunque sabía que la intención de Gordon no era lastimar a Camille, nunca supo sobre el parentesco que tenía con ella.
—Nuestra misión nunca fue lastimar a Camille —dijo Bill, en algún momento de la conversación—.Gordon fue claro al decir “encuéntrenla, pero no dejen que sepan quiénes son” Si Camille y tú saben que existimos, fue porque Tom fue impulsivo y no dejó oportunidad en hacerle saber a Camille que no era la única asesina a sueldo que rondaba esa ciudad. Los planes de Gordon nunca fueron dejarnos expuestos a ustedes, todo lo contrario, sabía que corríamos un grave peligro con el sólo hecho de hackear a la Organización de tu padre y Caleb.
»Brokelle, tu nunca fuiste parte de mi trabajo. Y si así fuese, mandaría todo a la mierda solo para estar contigo, porque yo… yo… te amo. Y eso nunca va a cambiar.
La rubia no supo que decir. Solamente se inclinó hacia adelante y rodeó el cuello de Bill con sus brazos. Él se sintió a salvo, de alguna manera.
—Te creo —le confesó, suspirando audiblemente.




•••


—¿Estás lista? —preguntó Aggynes, y la voz le salió más nerviosa de lo que debía.
—Sí —respondió la pelirroja— ¿Lo harás tú?
—No puedo —dijo—.Lo hará Robert.
—¿Es fácil de engañar?
—Ni me lo preguntes —respondió, conforme caminaba con ella hacia la habitación que se dirigían.
Afuera de la cabina, se reunieron todos los detectives del departamento para presenciar por medio de una cámara de video, las respuestas de la sospechosa. Camille se adentró a la habitación, se sentó en una silla que estaba a un costado de la mesa, y fijó su mirada en el detective Robert Kahle.
—¿Sabe por qué está aquí? —preguntó el castaño, lanzándole una mirada indescifrable.
—No aún —respondió.
—El viernes pasado fue asesinado uno de nuestros mejores oficiales, en su departamento. Tenemos pruebas de que usted estuvo en su habitación ese día, probablemente con él. ¿Es así?
—Lo es —respondió con seguridad—¿Soy sospechosa?
—Así es —Robert arqueó ambas cejas— ¿Me dirá que estaba haciendo el Viernes 03 de abril en la casa del Oficial Luke Lehmann, a eso de las seis de la tarde?
—¿Luke? ¿A eso de las seis de la tarde?... — se quedó fingidamente pensativa—. Estaba disfrutando de los servicios por los cuales había pagado.
—¿A qué se refiere?
—Lo sabe muy bien, detective. Sabe para qué trabajo, yo sólo estaba ganándome un poco de dinero, eso es todo.
—Hable claro, si puede hacer el favor.
—Llámelo como quiera, follar, coger, hacer el amor. Estábamos teniendo sexo, el me pagó y yo le correspondí. Me fui apenas terminamos, y a lo que yo supe, quedó bastante satisfecho con mi trabajo.
—¡Mientes! —gritó exaspero, Robert. — ¿¡No será tal vez, que Luke te detuvo hace un par de años robando una tienda, y tu tomaste venganza asesinándolo!? ¿¡Haciéndolo parecer un suicidio!?
Aggynes debía tomar cartas en el asunto. Robert estaba entorpeciendo el caso con sus rabietas de ansiedad por querer encontrar al asesino de Luke, y ni siquiera estaba dando un buen argumento para encarcelar a Camille, que, aunque culpable, no tenía suficientes pruebas para meterla presa. Se adentró a la cabina, y llamó a Robert de un grito.
—Cálmate, maldita sea —masculló, apenas salieron de la cabina. Camille permanecía serena dentro de la habitación— ¿¡Qué demonios sucede contigo!? ¡Sabes bien que la chica no hizo nada!
—¡Ah, mierda! —Roberto golpeó la pared con ambos puños.
—Sé que quieres encontrar al bastardo que asesinó a Luke, Robert, pero no puedes meter preso al primer sospechoso que se te aparezca, sólo por rabia— Aggynes le lanzó una mirada severa—. Deja que yo termine con esto, ¿vale? Y tomate unos días libres.
—No puedes hacerme esto, Aggynes.
—Es por tu bien, y por el bien de la investigación.
—No lo digas, maldita sea, Aggynes, te juro que…
Ella no se inmutaría.
—Estás fuera del caso —sentenció, para después entrar de nuevo a la cabina y terminar el cuestionario. Camille estaba salvo, por ahora…
Después de un par de preguntar insignificantes, Aggynes no tuvo más que dejar ir a Camille. A veces le sorprendía la suerte con la que la pelirroja se manejaba por el mundo, el único indicio legal que encontraron en Camille, cuando la buscaron en la base de datos, fueron un par de multas por lo mismo, la prostitución. Y aunque Camille realmente no era prostituta, y esas multas fueron a causa de alguna misión, la coartada le sirvió casi a la perfección. Sólo necesitaba algo que probara que, a las 18:00 horas del día viernes 03 de abril, momento en que Luke fue asesinado aproximadamente, ella estaba en otro lugar. Y Aggynes sabía que ella lo encontraría, de modo que no habría problema.





•••


Cuando los ojos negros de Gordon se encontraron con los grises de Sarah, algo en él, que llevaba dormido mucho tiempo, despertó de súbito. Sólo verla hizo que el corazón se le acelerara tanto que le fue imposible disimular, era exactamente como recordaba a Sophia, con el rostro angelical y el cabello caoba lacio.
Pero para Sarah, verlo solo la hizo sentir que la sangre le comenzaba a hervir. Aquel hombre era el causante de todas las cosas malas que habían pasado últimamente, y también, el causante de la estrepitosa muerte de su hermana gemela. Él no podía asegurar amarla, porque la palabra amor le quedaba muy grande a su boca. Sarah le hizo pasar, sin decir palabra alguna. Y Gordon sumiso, lo hizo, sentándose en el sofá con pena.
—No quiero escucharlo decir nada —dijo Sarah— .Aquí quien habla seré yo, y nada más —después de la última advertencia, Sarah soltó sin miramientos: — Mi sobrina no necesita otro padre que quiera cagarle la vida, usted ya lo hizo una vez, no se lo permitiré que lo haga dos. Sophia ya está muerta y usted no tiene nada que ver con Camille, porque déjeme decirle, el remordimiento de padre le dio muy tarde.
—No puede asegurar eso —Se atrevió a decir Gordon—. Tengo todo el derecho de querer hacer una vida con mi hija, porque la amo.
—¿No le da vergüenza asegurar eso? —cuestionó—. ¿Acaso no entiende que usted de padre de Camille no tiene lo mínimo? ¿Acaso la crió, le dio de comer, le dio amor? ¿Le trajo algo más que problemas? Lo único que usted le regaló a ella fue el recuerdo de su madre siendo asesinada.
—¡Eso es mentira!
—¡No lo es, y usted lo sabe! —rugió Sarah—. Pudo no haber jalado el gatillo, pero fue la voz que obligó a Caleb a hacerlo. Usted, siendo su amigo, su hermano, no tuvo reparo en meterse con una mujer ajena.
—No puede juzgarme por eso —dijo Gordon, quién ahora notaba la clara diferencia entre Sarah y Sophia— ¡Usted no lo sabe porque usted no se enamoró de ella!
—Yo en su lugar, hubiese respeto.
—¡Usted no sabe nada! —Gordon se levantó del sillón— ¡Y de ninguna manera me va a prohibir ver a mi hija! ¡Yo pase 25 años de mi vida buscándola, y ahora que la he encontrado, no me la arrebatará! ¡No dejaré que lo haga, ¿escuchó?!
—Y ahora escúcheme usted a mi bien, señor. ¡NO DEJARÉ QUE LE HAGA LA VIDA MIERDA A MI SOBRINA! Y sepa algo, que no voy a dudar en matarlo yo misma si es necesario para que deje a Camille en paz, ¡no tiene derecho alguno sobre ella!
—¡Lo tengo porque soy su padre!
—¡Usted no es su padre!
Gordon se paralizó, escuchando bien el significado tras aquella frase. Sarah se refería a otra cosa, y no dudó en decírsela.
—Usted no es el padre de Camille, ¿acaso Sofía nunca se lo dijo? Camille es hija biológica de Caleb Novek, y solamente de él. Usted no tiene vela en este entierro.
—Eso…¡eso es mentira! —Los ojos de Gordon comenzaron a cristalizarse con la rapidez de una ráfaga de viento, pero había algo en él que le decía que eso era verdad. ¿Podía ser posible? ¿Había gastado los últimos 20 años de su vida, buscando algo que nunca fue suyo, y que nunca iba a serlo? Un vacío en el pecho, se sintió mucho más evidente después de escuchar esa noticia. Le dolía el alma, el pecho.
—Lárguese de mi casa ahora —sentenció la mujer—.Si me doy cuenta de que ha estado molestando a Camille, tenga por seguro que no va a estar vivo mucho tiempo.
Gordon no tuvo más remedio que marcharse de allí. Después de lanzarle una última mirada, el azote de la puerta fue lo último que Sarah escuchó sobre él. Le dolía la garganta, las lágrimas comenzaron a bajar de sus blancas mejillas.
Le había mentido, cruelmente. Camille no era hija de nadie, y ella lo sabía. Esa era una verdad que se había muerto junto con Sophia, pero sabía que las cosas debían quedarse como estaban. Lo último que Camille necesitaba era otro padre igual de mafioso en su vida.





•••


No lo dudaría más, estaba seguro de lo que haría.
Había algo dentro de él que lo obligaba a hacerlo, sin remordimientos, sin ataduras. Sólo hacerlo. En el momento en que escuchó de la boca de Brokelle que necesitaban ayuda, no dudó en hacerlo. Y Broke lo hizo porque conocía a Camille mejor que a nadie, y sabía que aunque orgullosa, sufría la mentira que Tom le había escondido todo ese tiempo. Brokelle entendía la necesidad de ambos por estar juntos, pero también comprendía, que así como el parpadear de los ojos, la confianza eran algo efímero. Y Tom había luchado tanto por ganarse la de Camille, ahora la destruía por algo que ni siquiera era su culpa.
Pero Tom tenía más fuerza de voluntad que cualquier otra persona con la que Brokelle se hubiese topado, y veía, en su mirada traviesa, algo de sinceridad escondida. Sinceridad que decía a gritos “Camille”.
Él entró por la puerta principal, y fue hasta que Aggynes lo vio, que se sintió seguro de lo que iba a hacer. A continuación, la castaña lo tomó del brazo y se lo llevó a la cabina para hacerle las preguntas necesarias, mientras Robert —quién no pudo tomarse las vacaciones que Aggynes le había recomendado— permanecía afuera, con demás detectives, escuchando atentamente a las respuestas de Tom.
—Ese día, la recogí a unas cuantas cuadras de Velvet. No vestía muy llamativa, aún no había oscurecido. Pero ya teníamos una cita previa.
—¿A qué hora sucedió eso? —preguntó Aggynes.
—A eso de las 17:55. Lo recuerdo, lo dijeron en la estación de radio que estaba escuchando.
—¿Qué hicieron después?
—La llevé a un restaurante, comimos, y finalmente fuimos al motel. Imagino que no debo especificar a qué…
—¿Podría regalarnos el nombre del motel a la que llevó a la Srta. Novek?
—“Das Paradaise” —afirmó Tom, con una reciente seguridad. Todo salía como lo planeado.
—Muy bien, señor Kaulitz. Esto es todo por ahora, puede retirarse.
Afuera, Robert no podría encontrarse más enfadado. Aún no encontraban pista alguna que pudiese incriminar a quién fuese. Porque a Robert no le importaba si era culpable o inocente, él sólo quería terminar de resolver el caso y dejar el nombre de Luke Lehmann limpio. Aggynes sólo le lanzó una mirada de inseguridad, al tiempo que con una señal de cabeza lo llamaba hacia ella. Él se acercó y ambos caminaron juntos hacia el elevador.
—Eres muy terco —dijo Aggynes, marcando el primer piso del edificio.
—Es hora de que te dieras cuenta —le replicó Robert— ¿adónde iremos?
—Motel “Das Paradaise”
Ambos volcaron los ojos, aquel lugar no les traía exactamente los mejores recuerdos. Cuando llegaron al estacionamiento subterráneo del edificio, ambos abordaron la patrulla de Aggynes y salieron directo hacia el motel. Aggynes estaba casi segura de que no encontrarían nada malo, por el contrario, lo que probablemente descubrirían sería que la coartada de Camille ahora sí funcionaba a la perfección. Después de un par de minutos en la carretera, dieron con la dirección del lugar.
Siendo un oficial no era difícil obtener cualquier tipo de información. Bastaba solo con mostrar la placa para que la gente los mirase con admiración y les permitiese hacer lo que les diese la gana. En el caso de Aggynes, más de una vez había usado su placa como excusa para fisgonear cosas que no tenían realmente nada que ver con investigaciones del departamento. Pero en este caso, en particular, serviría para demostrarle a Robert que iba tras la persona equivocada.
El dueño del motel les dejó ver las listas de los clientes registrados en los últimos días. Encontraron, finalmente, el nombre de Tom Kaulitz. El día 03 de abril de 2016, un viernes, a las 18:02 minutos exactamente. No había nada que decir.
—Me siento como un estúpido —dijo Robert, apenas encontró la prueba infalible de que Camille, aparentemente, no había sido la asesina.
—Lo eres —convino Aggynes, no muy sensata—. No fue inteligente de tu parte pensar en que una chica de 1.75 que pesa 60 kilogramos pudiese con Lehmann, que medía 1.85 y pesaba alrededor de 125 kilos. Además, con la apariencia que se gastaba, más de puta tenía que de asesina.
Robert sólo tensó la mandíbula.
—Será mejor que vayamos a casa ahora.
—¿No quieres quedarte aquí? La última vez la pasamos bien.
—La última vez, si mal no recuerdo, aprovechaste de mi avanzado estado de ebriedad para hacer estragos en la cama.
Robert se echó una carcajada.
—¡Admite que te hiciste la borracha, sólo para probar al pequeño Robby!
—Llamarlo de esa manera no lo hace menos desagradable, Robert —dijo Aggynes—. Y no seas insolente, a un jefe no se le habla así.
—Como diga, mi queridísima jefa —El tono galante que usó Robert no se le hizo más que irresistible a Aggynes, quién continuaba sonriendo camino a la patrulla. Robert se acercó con pasos sigilosos y le dio una inofensiva nalgada, a lo que Aggynes respondió con una carcajada más que sonora.
Le dolía, de alguna manera, engañarlo. Si Robert supiese lo que ella hacía… no la perdonaría nunca. Nunca.






Canción: S.O.S-Apocalyptica

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2 Response to Capítulo 41 «Amor es un Verbo»

BrendaV.E
9 de agosto de 2011, 18:34

AME ESTAS DOS LINEAS... Pero Tom tenía más fuerza de voluntad que cualquier otra persona con la que Brokelle se hubiese topado, y veía, en su mirada traviesa, algo de sinceridad escondida. Sinceridad que decía a gritos “Camille”.

de la que se salvo Camille, Tom es un amorrrrr♥

12 de agosto de 2011, 14:32

Rayos!!! Me había olvidado por completo de que había capi, lo había empezado a leer hace como mil años pero nunca lo terminé u.u
Bno ya hoy lo logré, jaja que cabrona Camille siempre se sale con la suya, y mi Tommy tan lindo el como siempre salvándole el culo xD
Que rico como Sarah se cagó en Gordon jaja, se lo merecía, a el nadie lo tiene metiéndose con mujeres ajenas y menos con la esposa de Caleb Novek.
En fin ya muero por el otro ('.')
Oh y ni hablar de esa canción fue simplemente fenomenal!!!!!! (: