Capítulo 42 «Cadenas de Oro»

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«Tengo buenas noticias. Te espero en mi oficina hoy, no después de las 15:00»
Inevitablemente le sacó una sonrisa, sabiendo que el mensaje de texto provenía de Aggynes, aquello solo podía significar una cosa: su coartada había servido y la estación de policía era más tonta de lo que ella creía. A su encantador humor, se le añadió saber que Caleb no tendría la necesidad de saber lo que había sucedido en los últimos días, y si así lo fuese, ya no podría reclamarle, ella lo había manejado bien. ¡Siquiera había necesitado de alguien que diese respaldo a su coartada! Aquello debió haber sido invención de Aggynes, y por ende, no se negaría a irle a visitar por la tarde, tal vez le llevaría algún presente insignificante, pero grato.
Apenas puso sus pies fuera de cama, se acercó al ventanal de su habitación y abrió las cortinas de par en par, el aire entró fresco y le dio un aire gustoso, la mañana estaba soleada, pero no calurosa. Decidió darse una ducha.
Cuando salió del baño, el vapor la persiguió hasta su armario y se esfumó cuando abrió la puerta para salir. Aún era temprano, y podía deducir, por el olor, que Brokelle recién cocinaba el desayuno. Se apresuró a bajar los escalones, y encontró a la rubia mirando la televisión. Pasaban una noticia sobre el asesinato del oficial Luke Lehmann, ¡pero qué fastidiosas eran las personas! ¿no podían aceptar que había sido asesinado, y ya?
—Me pregunto cuándo dejaran de darle tanta importancia a la muerte de los oficiales —dijo, causando la atención inmediata de Brokelle—.Después de todo, no han hecho mucho por la seguridad en Frankfurt.
—Las personas siempre están engañadas —replicó Brokelle—, y deberías agradecerlo. Es por eso que aún no estás tras las rejas.
Camille elevó una esquina de la boca, formando una sonrisa traviesa.
—Por lo que veo, ya sabes que estoy libre de toda culpa en el caso de Lehmann.
—No debían tener pruebas irrefutables —opinó Brokelle—, debe ser una vergüenza para Robert mirarte a la cara. Desde luego no estaba equivocado echándote las culpas, pero no tenían pruebas que apoyase su teoría.
—Espero no encontrármelo hoy —murmuró Camille.
—¿Vas a la estación?
—Desde luego. Debo agradecerle a Aggynes.
—¿Aggynes? ¿Qué hizo ella? —preguntó.
—Debes suponer que mi coartada necesitaba un respaldo, y asumo que fue ella quién lo hizo. ¿Quién más podría ser?
«Tom» respondió Brokelle para sus adentros. Sin embargo, de su boca salió algo distinto:
—Tienes razón, ¿quién más lo hubiese hecho? Camille arqueó ambas cejas, mientras se llevaba la taza de café a la boca. Brokelle dejaría que se llevase una gran sorpresa, de modo que también se llevó la taza de café a la boca, pero esta vez, escondiendo la sonrisa.



•••


Cuando la pelirroja puso pie en la estación, muchos de los oficiales de allí voltearon a mirarla con cierta vergüenza. Además, se preguntaban qué hacía ella allí. Ya era lo bastante penoso que uno de los mejores y más respetables detectives de Frankfurt se hubiese sumido en una rabieta contra ella, sin base alguna de sus acusaciones, como para que ahora ella regresase y todos la miraran con cara de “lo sentimos mucho”. Ahora que la veían caminando con ese andar tan de ella, se preguntaban ¿cómo pudimos pensar que ella podía haberlo matado? Era tan factible como que Aggynes dejase de decir obscenidades cada 2 segundos.
Lo cierto era que, si Camille desease, podría prender fuego a toda la estación y matarlos sin una sola arma antes de que se diesen cuenta que, de hecho, estaban siendo asesinados. Y que a Camille no le gustase usar la violencia física, no significaba que no había sido entrenada duramente desde los 15 años, y que, a pesar de no usarla, debía entrenar 5 veces a la semana con su padre.
Aggynes no hizo más que sonreír cuando la vio entrar, y ella, también sonreía ampliamente. Por un momento había olvidado la alevosía de Tom, de Sarah, y de todos en general. Ahora sólo le importaba que era libre, totalmente…libre.
—Nadie puede tener tanta suerte, Novek —dijo Aggynes, apresurándose a darle un cálido abrazo—.Dime la verdad, ¿eres bruja?
Camille soltó una carcajada.
—No te imaginas el susto que me he llevado. Robert es bastante intenso, ¿eh?
—Claro que lo es, si los asesinatos no se resuelven, la ciudad a quién mira con malos ojos es a Robert, no a mí.
—¿Cómo es eso? ¿No se supone que eres tú la teniente?
—No lo entenderías —Camille comprendió que aquello significaba más “no quiero decirte”, de modo que se limitó a callarse.
—¿Y bien, algún sospechoso para el asesinato? Estuve viendo las noticias hoy, parece que tienen a alguien.
—Bueno, tú mejor que nadie sabes que a quién tenemos es inocente, o bueno, al menos de este asesinato. Escapó de prisión hace unos días, Luke lo había encarcelado. Algunos vecinos dijeron que lo vieron el día del asesinato, cerca de la casa. Matamos dos pájaros de un tiro, lo metemos de nuevo a prisión, y el caso de Luke se cierra.
—Y yo, quedo libre de toda sospecha. Debo admitir que no iba a estar tranquila hasta que cerrasen el caso, aunque ya no fuese sospechosa.
— Y con toda la razón, pero bueno, finalmente se terminó la pesadilla.
—Así es…
—Y todo gracias a ese bombón. Es que ya te lo dije, no puedes tener tanta suerte. ¿Ya le agradeciste en la cama, si sabes a lo que me refiero? Yo no estaría aquí hablando conmigo.
A Camille le desconcertó ese comentario. ¿A qué se refería Aggynes? Por alguna razón, temía a la respuesta de la incógnita que ella misma se había formulado. Se atrevió a preguntar:
—¿Y quién vendría a ser ese bombón?
A Aggynes por poco se le cae la quijada.
—¿Así que no lo sabes?
—Pues…no.
—¿Realmente no lo sabes?
—Si lo supiese, no estaría preguntando.
—¡Joder! ¿Qué tan despistada puedes ser?
—¿Vas a hablar?
—¿¡Realmente no lo sabes!?
—Aggynes…—dijo en tono cansino, odiaba cuando las personas hacían eso—.No lo sé, ¿sí? Déjate de tantos rodeos.
—¿Todo lo que hizo, y tú ni siquiera lo sabes? ¿Qué clase de novia eres? Cuando termine contigo, dile que estoy completamente dispuesta a ser su rebote.
—¿Hablas de Tom? —temió adivinar.
—¿Cuántos novios tienes, querida? ¡Claro que hablo de Tom!
—Debes estar bromeando —masculló, con sus ojos clavados en ella.
—¿Sucede algo?
Camille se levantó de súbito.
—¡Claro que sucede algo! —vociferó sin reparos— No debió haberse metido, ¡no tenía derecho!
—¿De qué hablas?
—¡No debiste dejarlo declarar, Aggynes!
—¿Acaso sabía algo? Será mejor que hables con claridad, Camille.
—¡Ah, mierda! — Camille se paseó por la habitación, y luego preguntó: —¿Qué ha dicho? ¿Fue por eso que cerraron el caso?
—Dijo que habías estado con él a la hora de la muerte de Luke, como cliente. Había una reservación en el motel a su nombre, a esa misma hora. Y sí, por eso se cerró el caso, ¿por qué otra cosa hubiera sido?
—No lo sé, joder. Sólo… sólo ha complicado todo, ¿vale? No debió meterse en asuntos que no le corresponden.
—Le corresponden porque eres su novia, y no lo hubiese hecho a menos que realmente le importases. ¿Es eso lo que te molesta? Camille, si es eso…
—No te metas en esto, Aggynes —le refutó, sabiendo de antemano qué rumbos tocaría esa conversación—.No sabes todavía el resto de la historia.
—Bien, no diré nada más si no quieres, pero dudo que quieras seguir aquí, perdiendo el tiempo conmigo.
Camille le miró, y quiso decir algo, pero se abstuvo. Tomó su bolso y salió de allí con rapidez, algo le decía que su gran humor no podría durar tanto.

 
•••
Cuando llegó a casa, no hizo más que amargarse más. Brokelle no estaba, pero algo le decía que podía ser partidaria de la infame “proeza” de Tom. Estaba muy equivocado si creía que de esa manera borraría la mentira a la que la había sometido. Se miró en el espejo que tenía en la habitación, su reflejo no le decía absolutamente nada. Y que inoportuno había sido, el estridente sonido del timbre de la casa. Había días en que sólo deseaba acallarlo sin necesidad de responder a la puerta.
De modo que bajó, se acercó a la puerta y la abrió. Encontrar a Tom allí no era realmente lo que esperaba.
—¿Qué haces aquí? —le soltó, sin pretender siquiera que le agradaba la visita. Aunque de alguna manera, así era.
—No me iré hasta que hables conmigo —le hizo saber, con firmeza en la voz—.Necesitas escuchar mi versión de la historia…
—¿Y de modo que la versión que escuche no fue la tuya, pero fue narrada por ti? —Tom no se sintió muy astuto que digamos, pero no dijo nada—No tiene sentido ¿no? Será mejor que te vayas, por lo que veo no tienes nada que decirme que me haga cambiar de opinión.
Camille intentó cerrar la puerta, pero Tom le impidió.
—¿Es así como termina esto, Camille? —Ella sólo le miró, se había inmutado frente a él—Si es así, dímelo ahora. Sólo dilo y prometo que voy a desaparecer de tu vida, pero estaré consciente de que nada de lo que está sucediendo es mi culpa.
Él le miró con más severidad de lo que ella podía aguantar, sin embargo, no le apartó la mirada ni un segundo. El semblante de Tom se suavizó por un momento.
—Anda. Dilo.
Ella tragó con dificultad.
—No debiste ir a la estación —repuso, incapaz de responder a la demanda de Tom—.¿Qué pretendías con eso?
—No pretendo nada, y si lo hice fue porque quise. Porque te quiero y porque…no soportaría la idea de perderte.
Su rostro se había suavizado por completo, y aunque en Camille el rostro aún no dejaba ver la vulnerabilidad que sentía, sus ojos comenzaron a perder la severidad con la que antes le miraba.
—Nunca me tuviste —dijo ella, y Tom sintió en su pecho una opresión difícil de manejar.
—No me hagas esto —murmuró, con voz tenue y apenas perceptible. Camille trató de azotar la puerta, y se volteó rumbo a los escalones. Tom abrió la puerta de nuevo, y entonces vociferó, asegurándose que llegaría a sus oídos:
—¡No puedes hacernos esto!
Camille se volteó con fingida tranquilidad, y le increpó al mismo tiempo con suavidad:
—¿Tienes algo más que decir? ¿Algo más que agregar a la gran mentira que has estado construyendo?
—Sólo quiero que me escuches, joder ¡solo quiero que entiendas!
—Lo entiendo todo. Entiendo que tu padrastro quiera pretender ser un padre, aún cuando se marchó hace 20 años, sin importarle nada ni nadie. Haz el favor de informarle que ya tengo un padre, y que con él me basta y me sobra. No quiero saber nada de la vida de burdel que llevó Sophia cuando estuvo viva. Ah, y hazle saber también que le agradezco infinitamente por ser el causante de la muerte de cierta puta, le ha hecho un gran favor, porque con tanta cosa, ha de ser mejor que te mate tu esposo a tu propia hija, porque eso hubiese hecho yo si aún estuviese viva.
»Puedes cerrar la puerta cuando te vayas, y si antes no pude decirlo, ahora lo haré: SE ACABÓ.

A Tom le costó asimilar lo que ella había dicho, sin embargo, la comprendió. Nadie podía obligarla a aceptar repentinamente a un padre que aparentemente la abandonó, y ahora Tom comprendía, basado en lo anterior, que Camille recordaba todo, justo como Gordon le había dicho alguna vez:
—¿Pretendes decirle que eres su padre y que ella te acepte así como así?
—Pretendo que recuerde, Tom. Me bastaría sólo con que sepa quién soy yo. De lo demás se encargará el destino, no en vano la he estado buscando todos estos años. No importa lo que dijo Sarah, sé que Camille es mi hija, siempre lo ha sido. Lo siento aquí, en mi corazón, cuando la vi nacer. Tiene que ser mi hija.
—No estoy aquí por Gordon —murmuró, y ella le escuchó perfectamente. Cerró los ojos con fuerza, sostenida de la baranda, en el primer peldaño de los escalones—. Estoy aquí por ti… porque…Camille, yo…—tragó con dificultad, no podía creer lo que iba a salir de su boca en ese momento—Yo te…
—No lo digas.
Tom intentó descifrar lo que quería decir con eso, pero simplemente no pudo. Sintió una punzada en el corazón, que le causó un vértigo repentino. El pecho le ardía, y le fue imposible intentar decirlo de nuevo.
—Sabes lo que siento. No importa cuánto intentes callarme.
—¡Déjalo ya, quieres! —Se había volteado, y Tom sintió un dolor indescriptible quemándole la cabeza. Lo sabía, la estaba lastimando, sin siquiera tocarla, sin decirle nada, sólo con la mirada, le podía decir todo y nada a la vez, y la estaba lastimando. Aún no sabía porque, pero podía reconocerlo en sus ojos. Quería detenerse, detener el dolor que sabía que ella estaba sintiendo.
—Sólo… dime qué quieres que haga.
—¡Quiero que te largues, y no vuelvas a aparecerte nunca por aquí! ¡Quiero que le digas a Gordon que no lo necesito en mi vida, no le quiero cerca! ¡Quiero que…! —Y de pronto él estaba tan cerca, que la tomó de los hombros y le acalló los labios con un beso. Ella se zarandeó y se separó rápidamente.
—¿¡Crees que puedes hacer eso cada vez que quieres arreglar la situación!? —le increpó irritada, con los labios rojizos. Él la tomó de nuevo de los brazos, la elevó de los escalones y la colocó paralela a la pared.
—¡Suéltame, maldita sea! ¡Suéltame ahora!
Tom no atenuó su fuerza, por el contrario, presionó un poco más su espalda a la pared, tomándola de las muñecas y pegándolas a la pared, un poco más arriba de su cabeza, con suavidad, sin perder la fuerza. Su pecho se apegó a ella, dejando sus rostros a poco más de un centímetro, clavando su mirada en Camille.
—Dímelo ahora, mirándome a los ojos, sin titubear, y te creeré.
—Suéltame, ¡joder! —Estaba consciente de que podría zafarse de su agarre, pero no quería lastimarlo. Él la presionó más, lo suficiente como para no dejarla ir, pero no tanto para lastimarla.
—Dímelo, ¡dímelo! —Tom sintió como si una llamarada de fuego comenzase a quemarle el rostro, se sentía completamente a la deriva, sin poder descifrar lo que ella quería—. Quiero escucharlo, ahora…
—Déjame, por favor, ¡déjame!
—¡No lo haré hasta que me lo digas! ¡Dímelo ahora, que todo se acabó, que no hay nada que puedas sentir ya por mí! ¡Hazlo y prometo alejarme para siempre de ti!
—¡Maldita sea, Tom! ¿¡Qué pretendes conmigo!? ¡Ya ni siquiera sé quién eres! ¿¡Qué puedo esperar de ti, además de una maldita llamada a la policía cuando estoy haciendo mi maldito trabajo!? ¿¡No es eso lo que hacías!? ¿¡No era ese tu trabajo!? ¿¡Cómo se supone que debo creerte!?
Tom se tensó completamente. ¿De dónde había sacado semejante mentira? Él nunca había llamado a la policía cuando andaba tras Camille, era completamente estúpido pensar en ello, cuando necesitan a Camille más libre que nunca.
—¡Nunca hice tal cosa! ¿¡De dónde sacaste semejante calumnia!?
—¡No lo niegues ahora! —vociferó, aún más irritada.
—Te estoy diciendo la verdad, ¡Mi trabajo nunca fue hacerte daño! ¡Lo único que debía hacer era encontrarte, hallarte hasta en el lugar más inhóspito de toda Alemania, para que Gordon pudiese verte después de tantos años! Si mi imprudencia fue hacerte saber sobre mi existencia y la de Bill, no me arrepiento, ¡porque hasta el momento, el único mal que te he hecho fue enamorarme de ti!
Camille se inmutó. No quería hacerlo, pero algo dentro de ella, le decía que le creyese, que viera en lo más profundo de sus ojos avellana, y encontrase la verdad. Que si bien le había ocultado, realmente, nunca le había mentido.
—Si vine a Frankfurt nunca fue para hacerte daño —murmuró, con suavidad, pero con la misma fortaleza que sus palabras habían tenido anteriormente—.Nunca podría hacerlo, porque yo te amo.
Camille sintió, en lo más profundo de ella, una daga inyectándole el más mortal veneno que pudiese haber sentido nunca. Sentía el ardor en su alma, la saña recorriéndole las venas, el dolor de escucharle decir aquellas palabras, que no significarían algo más que su propia maldición. Crispó las finas facciones de su rostro, y de repente, ya no hacía fuerzas contra él.
Tom esperó una respuesta, pero ella sólo había echado la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos con fuerza. Y en su inexorable espera por sus palabras, podía sentir el palpitar de su corazón tan rápido cual caballo galopando, latiéndole cerca de la garganta.
—Por favor, no lo digas más… , no quiero escucharlo…
—Aunque no sientas lo mismo —dijo con el dolor tildándole las palabras—,me iré con el recuerdo de que algún día lo hiciste.
—Tom, por favor…
—Y lo diré cuantas veces quiera, porque es lo que siento.
—Cállate, por favor, es lo único…
—¡Te amo, ¿algún día podrás entenderlo!? —increpó de nuevo— ¡TE AMO, AMO A CAMILLE NOVEK! ¡LA AMO!
—¡Cállate! ¡No lo digas una vez más!
—¡Dame una razón para no hacerlo!
—¡PORQUE NO QUIERO PERDERTE! —gritó entonces, y sintió el peso en su pecho descargándose. Una lágrima tímida comenzó a cristalizar sus ojos, sin embargo, ella los cerró con fuerza, no quería que la viese de esa manera, tan vilmente débil.
Tom sintió todo lo contrario. Vio en sus ojos, una fuerza que nunca antes había visto, y a pesar de ser consciente del orgullo que la caracterizaba, ahora era diferente. Porque veía en sus lágrimas el mismo poder que siempre había tenido sobre él, su parte humana, la que él había despertado, la que la había hecho cuestionarse a sí misma, habiéndose caracterizado siempre por ser una mujer segura. Pero, ¿qué era de la fuerza interior cuando realmente se amaba? Porque eso era lo que ella sentía, y aunque, incapaz de decírselo abiertamente, se lo estaba insinuando. Porque aún en esa situación, no quería perder el control, no quería ceder a un sentimiento que, tal como se había formado, de esa misma efímera manera, podía destrozarla. No quería decirlo, porque si lo aceptaba, también debía saber que aquello conllevaba a un inminente desarraigo.
Su cabeza descansó en el hombro de Tom, quién ahora, en lugar de presionarla, la abrazaba. Le besó la cabeza, con suavidad, y sintió una cálida sensación inundándole el pecho. Ella levantó la cabeza, sus ojos ahora estaban como si nunca hubiese derramado lágrima alguna, la serenidad recorriéndola de pies a cabeza. Tom paseó su pulgar por su mejilla, luego por sus labios, y finalmente la besó.
Camille asió ambas manos al rostro de Tom, tomándolo del cabello con delicadeza, mientras él la tomaba de los muslos y la dejaba enlazar sus piernas a su cintura. Sentía que ardía de pasión, y subir los escalones no era algo que tenía planeado. Necesitaba poseerla en ese mismo instante, recordar todas y cada una de las formas de su cuerpo, la suave textura de su piel de porcelana, ahogarse de placer con cada embestida, sentirla más cerca de su corazón, recorrer con su boca cada uno de los rincones de su cuerpo.
Tomó su blusa, las pasó por sus brazos y logró despojarla. Camille comenzó a desabotonar uno por uno, su camisa a cuadros, de franela. Cuando finalmente lo logró, la deslizó hacia atrás, pasando sus manos por sus hombros, para luego aferrarse de su espalda, cuando él se trasladó hasta el sofá. La acostó en la superficie de terciopelo gris, se posicionó sobre ella, y la llenó de besos desde el pecho hasta el vientre, dónde lo detuvo el botón del pantalón que ella llevaba. Volvió a sus labios, esta vez con más pasión de la que podía manejar, y en un momento, sus posiciones se vieron inversas. Ahora sobre él, Tom logró quitarle el sostén, y de inmediato se vio absorto entre los placeres de sus senos.
No pasó mucho tiempo, antes de que ambos se encontrasen completamente desnudos, y a sus lados, las prendas apiladas como expectantes. Se sentó ella sobre él, sintiendo con el mayor de los detalles como se adentraba en ella, y un gemido de placer se escapaba de su boca inconscientemente. Tom continuó moviéndose, concediéndose a ambos placer, y allí, sentados sobre el sofá, nació algo nuevo, desconocido, y avasallante.
Aún no quería ceder, no se sentía preparada para hacerlo. Por, sin saberlo, con cada roce, con cada beso que le concedía, cada vez sus cuerpos se encontraban desnudos el uno con el otro, y hacían de ellos un frenesí de vehemente deseo… cada vez que sus ojos le penetraban el alma y le perforaban el corazón. Con algo tan simple como lo era sentirlo, las murallas que le impedían entregarse completamente a su inminente declive, comenzaban a caer.
Ese día el conejillo de indias no fue ferozmente atacado por la cobra, ese día el pequeño ciervo no fue la cena del hambriento león. Ese día lo absurdo le ganó a la razón, la pregunta se tornó en la respuesta, y el orgullo no le ganó al amor.



My Obession-Cinema Bizarre

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4 Response to Capítulo 42 «Cadenas de Oro»

16 de agosto de 2011, 14:57

:o MAEEEEE!!!! La frase del final me ha llegado al corazón!!!! Gosh creo que esa frase me enamoró *.*
Y por Dios que tan lindo Tom!!!! Diciéndole que la ama así!!! Simplemente hermoso u.u
Uy que sexys son esos dos follando, insuperables!!! xD
Jajaja ya muero por el otro!! ('.')

16 de agosto de 2011, 18:11

Aún me cuesta creer que lo que leo no es un best seller. Con frecuencia olvido que lo que leo es una novela
en un sitio web. Amo la forma en que escribes y me fascino este capitulo!!
que emocionante!!!
Y si, el último párrafo me fascinó.

BrendaV.E
18 de agosto de 2011, 20:55

Casi me lloro el ojo xd y opino lo mismo la frase del final fue demasiado. Realmente ame este capitulo con todo♥

21 de septiembre de 2011, 15:44

Yo soy tu fan número 1, de verdad...
esta es la historia más emocionante que he leido.
De las mejores que me he topado y he tenido la fortuna de leer.
Solo una mega duda, este fic es el mismo que se publica en ATDM
acá el url:
http://www.atravesdel-monsoon.com/2010/02/fan-fic-utopia-prefacio.html

Porque no sé, como se llaman igual, pero pues leí unos capis del otro y nada que ver con esto... estoy en la duda.

Ahora sí, para cuando más capis!!!!???
que no es que presione, pero me muero por saber que pasara ahora!!!!