Capítulo 48 «Libertad»

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Cuando Gordon volvió a su asiento en primera clase, por poco sintió la necesidad de pellizcarse para saber que lo que estaba viendo era realidad. Junto a Tom, abrazados el uno del otro, se encontraba Camille. Y tras esa melena pelirroja apoyada en el hombro de Tom, podía vislumbrarse a Brokelle en compañía de Bill. Se iba acercando, paso a paso, sin que nadie reparase en su pronta presencia.
—¿Bill? —El aludido, que tenía una sonrisa en el rostro, mientras veía la escena de Camille y Tom, se volteó y alzó la mano a manera de saludo.
—¡Gordon! —dijo con jovialidad.
—No quiero sonar grosero, pero… ¿qué hacen ustedes aquí?
—¡Nos vamos todos! —gritó casi extasiado—. Broke, Cam, Tom y yo.
—¿Y eso cómo sucedió?
—Oh, bueno…—Se le dibujó una sonrisa cómplice con Brokelle—, digamos que Broke es bastante persuasiva.
Camille se separó de Tom y le fulminó con la mirada, de manera divertida.
—¡Ah, y ahora quieren jugar a no-somos-nada! —bromeó Bill—. Admitan que se aman tanto como yo y Brokelle.
—Dime que nunca terminaremos en ese nivel de cursilería —murmuró Tom a Camille, consciente de que todos estaban escuchando. Brokelle le sacó el dedo del medio.
—Prometido —culminó la pelirroja, a lo que todos soltaron una carcajada.
Se acercó una azafata y les pidió a todos que tomaran asiento, pronto iban a despegar. Tom ayudó a Camille a poner su equipaje en los compartimentos, al igual que Bill a Brokelle. Gordon aún seguía consternado.
La única razón por la cual había tomado ese avión era para escapar del dolor que le causaba verla. Cada una de sus facciones parecía deletrear cada letra de la palabra traición, y ver sus ojos le recordaban irremediablemente a Sophia, lo cual desataba por sí solo una ola de dolor completamente brutal.
Había descubierto que su propósito de vida durante los últimos veinte años habían sido una total mentira, y eso no significaba que había dejado de amar a Camille, por el contrario, no creía que pudiese ser posible, pero creía que ahora la amaba más, lo que significaba era que no tenía derecho de amarla con la vehemencia con la que lo hacía.
Decidió que para ese viaje necesitaría más que un par de revistas o una película cuyo sonido era pésimo, de modo que llamó a una de las azafatas y pidió algo de whisky en las rocas.
En los asientos delanteros, se encontraban Camille y Tom. Ella miró por la ventana, con el corazón queriéndose salir de su pecho. Vislumbraba cada partícula del paisaje, uno que con suerte, no volvería a ver. Comenzaría una nueva vida, y eso…le asustaba.
Justo en ese momento, en el que por un segundo dudó sobre lo que hacía, sintió la mano de Tom estrujando la suya, con fuerza, como si dijese “quédate conmigo”
—Eres mía ahora.
Ella reflexionó en lo que recién le había dicho. Sus labios tenían una sonrisa, mientras le miraba directamente a los ojos. Camille presionó su mano, de nuevo, y respondió:
—Lo soy.

•••

El viaje fue largo y exhaustivo. Demasiadas horas estando sentados, y por más que intentaron no pudieron dormirse, a excepción de Gordon, pero parecía más bien desmayado.
—¿Suele tomar tanto? —preguntó Camille, mirándolo en la incómoda posición que mantenía sobre el asiento—. Dime que no, por favor, ya tengo demasiado con Brokelle.
—¡Oye! —se escuchó berrinchuda la aludida, desde el asiento diagonal. Camille sólo soltó una risa.
La voz que salió de los altavoces anunció que pronto arribarían y que debían permanecer en sus asientos y colocarse los cinturones de seguridad. Los chicos siguieron las directrices, mientras una ola de adrenalina los azotaba a todos por igual.
Camille se asomó por la ventanilla, todavía no comenzaban a descender, sin embargo el paisaje había cambiado las nubes por la vista de la ciudad. A primera vista todo parecía color marrón, con cierto aire desértico, y ya se comenzaba a sentir un cambio de temperatura, dentro del avión, definitivamente más cálido. Finalmente una ola de vértigo le hizo saber que comenzaban a descender, y estaba segura, esa sensación que le estaba carcomiendo el estómago, no se debía a la velocidad con la que bajaban, sino a lo que le esperaba una vez que aterrizaran.
Y así lo hicieron.
Bangalore tenía cierto atractivo que la hizo sonreír cuando se encontraron dentro del aeropuerto. Era moderno, desde luego, pero guardando ese misticismo hindú que tanto le intrigaba. Podían verse mujeres vestidas como ejecutivas, asimismo hombres con turbantes y abundantes barbas. Más de una llevaba la vestimenta típica, llamada Sari, aunque dándole un toque moderno, con exquisitas telas en colores llamativos. Los cincos se acercaron a tomar su equipaje de una maquina.
La India era un país ruidoso, y resultaba aún más abrumador cuando quienes gritaban y daban alaridos lo hacían en un idioma que nunca había escuchado antes, y del cual nos sabía ni como decir hola. Ciertamente se habían aventurado a ese país sin la menor de las prudencias, pero agradecía infinitamente que la mayoría de hindúes manejara un inglés presentable, aunque con cierto acento que dificultaba su comprensión.
Una vez que consiguieron un taxi —de dudoso estado—, tardaron unos diez minutos en poder comunicarse con el conductor, que, aunque hablaba inglés, lo hacía demasiado rápido y con una fonética que era casi incomprensible. Finalmente todos entendieron lo que decía, Tom dio la dirección del pent-house en el que iban a hospedarse, y el hombre dio marcha a su auto. Lo próximo que pasó por la cabeza de Camille era que iban a morir atropellados por un vehículo de tres ruedas, con espacio para cuatro personas pero que cargaban ocho, llamados rickshaw.
—¡Este señor quiere matarnos! —aseguró Brokelle, sujetada de Bill y del techo del auto. Las vías parecían no tener ningún tipo de señalización, con costos había carriles, pero aquel hombre doblaba en “U” cuando se le venía en gana y tocaba la bocina como si fuese lo único que lo mantenía en vida. Bastaron dos minutos de viaje en ese caótico taxi para que todos terminaran con un dolor de cabeza insoportable.
—¿¡En qué jodido momento escogieron este país como destino!? —preguntó Bill en un alarido. Todas las miradas se clavaron en Camille.
—¡Ah, no sean tan delicados! —se defendió, mientras brincaban a causa de un hueco en la carretera. De repente hacía demasiado calor.
El hombre siguió conduciendo a su manera, mientras el sol comenzaba a esconderse. Finalmente llegaron al pent-house que Gordon había averiguado antes de tomar el avión, era un lugar realmente acogedor. Frente había una construcción, por lo que las calles estaban llenas de polvo y piedra. Tom fue el primero en bajar del auto.
Seguido de él bajaron los demás, mientras el conductor abría la parte trasera del auto para sacar sus equipajes.
—¡Bill, ven por tu cosas! —dijo Tom malhumorado—. ¡La mitad de todo esto es tuyo, y yo no pienso cargarlo!
El aludido se acercó con mala cara y comenzó a bajar sus maletas. Camille llevaba el equipaje de mano de Tom y ella, mientras Tom las grandes valijas. Gordon ya comenzaba a reaccionar, por lo que llevó su equipaje, sin embargo, era claro que no estaba del todo sobrio.
Los guardias de seguridad del edificio les guiaron hasta el elevador, cuya puerta parecía las deslizadoras de un armario. Todos entraron y marcaron el tercer piso, las puertas se cerraron y comenzó a sonar una melodía bastante molesta.
Camille miró hacia arriba y se arrepintió de ello durante toda su estancia en el elevador. Los mosquitos, que se hacinaban todos en la luz fluorescente del techo, parecieron ver un festín con ella y se abalanzaron a todos a atacarlos a una velocidad casi descomunal. Eran miles de ellos, todos rodeándolos, y lo único que se escuchaba a parte de la molesta melodía, eran los manotazos que daban en contra de ellos mismos cuando sentían un piquete.
—¡Maldita sea, estamos en el infierno! —inquirió Bill, las puertas finalmente se abrieron.
Caminaron hasta la puerta que tenía con números dorados un elegante “483”, Tom introdujo la llave y los chicos entraron complacidos. No era demasiado espaciosa, pero iba a servirles para las pocas semanas que estarían allí. Supuso que no tardarían mucho en una ciudad llena de mosquitos y conductores dementes.
Había tres habitaciones, lo justo para ellos. Cada una con su propio baño, una pequeña sala de televisión, y un balcón. Cuando Brokelle preguntó por la cocina, Tom respondió que en el primer piso se encontraba el restaurante.
—Y…¿comeremos comida hindú? —preguntó con cierta preocupación.
—Pues…sí —respondió Tom, aunque en realidad nunca lo había pensado.
—¿Sabes algo de la gastronomía hindú? —cuestionó.
—No en realidad, pero ¿qué tan diferente puede ser a la alemana?
Brokelle le miró casi con lástima, y respondió:
—La última vez que comí comida hindú, no dejé el baño en una semana.
Todos soltaron una carcajada, en especial Camille, quién añadió a la hazaña:
—¡Debiste ver la cantidad de kilos que perdió!
Tom sonrió, aunque aún seguía preocupado.
—¿Y qué debemos comer, entonces?
—No lo sé, pero no estoy dispuesta a enfermarme de nuevo. Yo iré a desayunar a algún otro lugar más…occidental. ¿Vienes conmigo, Bill?
—Claro, ¿Tom?
El aludido miró a Camille.
—Si estoy despierta, iré —dijo encogiéndose de hombros, la pelirroja.
—Bien, yo también.
Después de esa conversación, todos decidieron ir a dormir. Tal vez no era precisamente la mejor hora, pero la diferencia de horarios comenzaba a hacer de las suyas. Aunque la noche no pasó muy placentera, en menos de cinco horas, Tom ya había matado a unos quince mosquitos y tenía unas cincuenta picaduras alrededor de su cuerpo. La situación empeoró cuando intentó cobijarse y descubrió que hacía demasiado calor como para esconderse debajo de las mantas. Tuvo que acostumbrarse al irritante zumbido y a rascarse por inercia mientras dormía, aunque ni siquiera así, logró conciliar el sueño.  A las dos de la madrugada, su mirada se dirigió a Camille, dormida de espaldas, dándose manotazos.
Se le acercó demasiado…
—Debes estar bromeando —masculló entre dormida y despierta, con cierto tono cansino.
—Ah, ¡vamos Cam! —susurró Tom, lo más alto que pudo—. ¡Me están comiendo vivo los mosquitos y no puedo dormir!
—Ah, y tú crees que estando desnudos y balanceándonos por la cama va a hacer que eso cambie.
—Pues… no. Pero si estoy desnudo y balanceándome por la cama, no creo que me importen las picaduras.
—Oh, joder, mañana cambiaré de habitación con Gordon —increpó, sin darle mucha importancia a Tom.
—Vamos, Cam… además, estamos en Asia, ¿alguna vez has tenido sexo en Asia?
Camille se volteó.
—¿De veras quieres que responda a tu pregunta? —insinuó con mirada pícara. Tom abrió los ojos de más.
—¡Mientes! —dijo en un grito.
—¡Shhh! ¿podrías no hacer tanto ruido? ¡Son las dos de la mañana!
—¡Lo ves, estás mintiendo! —aseguró, aunque no le duró mucho —. Joder, ¿realmente lo hiciste en Asia? ¿¡Con quién!? ¡esto es inaudito!
Camille rio al ver la expresión celosa de su rostro, pero a Tom no le pareció gracioso.
—¡No te rías, esto es serio! Mi ego ha sido fuertemente lastimado. ¿¡Cómo es que mi novia tiene sexo en Asia, primero que yo, y ni siquiera es conmigo!? —Camille continuó riendo—. ¡Dime cómo fue! —exigió—. ¿La tenía pequeña, no? ¡Claro que sí, probablemente no era ni la mitad de la mía!
Camille lo tomó del rostro y le besó, silenciándolo. Poco a poco, Tom fue acostándose sobre la cama, mientras Camille se erguía y se posicionaba sobre él. Finalmente separaron sus labios y ella sonrió de lado.
—Cam… ¿podrías decirme que fue el peor sexo de tu vida, aunque sea mentira?
Ella se acercó a su oído, dándole un gentil pero excitante mordisco al lóbulo de su oreja, y le susurró:
—Cariño, yo nunca he tenido sexo en Asia.
Tom le miró con una sonrisa triunfal.
—Lo sabía —inquirió con voz pícara, y la besó con fiereza.

•••
Brokelle dio dos toques a la puerta de la habitación de Camille y Tom, con la oreja pegada, escuchando atenta, pero nadie contestó.
—¿Y? —preguntó Bill.
—Y nada. Están dormidos.
—Claro, como ellos sí durmieron… —se quejó el pelinegro. Tom hizo acto de presencia desde atrás.
—¿Por qué tan sospechosos en la puerta, eh?
Brokelle dio un respingo.
—Tratábamos de ver si estaban despiertos, para ir a desayunar.
—Oh, cierto. Creo que Cam no irá, está…exhausta —Al decir lo último, una sonrisa le surcó los labios.
—¡Ja! ¿exhausta? ¡Debe estar muerta! —increpó Brokelle—. ¿Sabías que no nos dejaste dormir ni a Bill, ni a mí?
Lejos de ofenderlo, Tom tomó esa acusación como un cumplido.
—Oh, bueno, no se puede hacer nada cuando eres tan bueno.
—La próxima asegúrate de meterle un calcetín en la boca a Camille, o entraré a la habitación y lo haré yo misma.
—Oh, genial —Tom alzó ambas cejas con picardía—…Un trío.
Brokelle le fulminó con la mirada y Bill le propinó un golpe directo al brazo.
—Bien, ¿irás a desayunar, o no?
Tom asintió.
—Sólo déjame bañarme, estaré listo en 15 minutos.
—Te esperaremos abajo, mientras llamaré a un taxi.
Tom se fue a bañar a la habitación de Bill y Brokelle, mientras ellos llamaban a un taxi y esperaban afuera. Finalmente, los tres partieron con la propia recomendación del taxista, sobre un restaurante americano que quedaba en el centro.

•••
Kolkata, India, Julio de 2016.

Ha pasado un mes desde que los cinco emprendieron su aventura en un país del que únicamente conocían el nombre. Pero finalmente se adaptaron. Aprendieron a convivir con el repelente de mosquitos y unas raquetas eléctricas que los mataban se convirtieron en sus mejores aliados.
Cambiaron de estado, por insistencia de Camille. Un lugar más rural. Un lugar dónde sería difícil encontrarlos, además de que la movilidad los distraería en caso de hacerlo. Kolkata es un lugar donde la pobreza se ve en las calles, cuando caminan, en la cara de un niño abandonado que pide dinero fuera de los supermercados. La mirada de las personas es imposible de ignorar, les ven como si fuesen de otro planeta, pero no les molesta mucho. Brokelle insistió en comprar ropa de allá, para pasar “desapercibidos”. A Camille le pareció una broma, tendrían que broncearse demasiado, teñirse el cabello de negro y usar lentes de contactos color marrón para siquiera soñar con eso, y aún así, podrían llamar demasiado la atención.
Vivían en un condominio amueblado, lujoso en algunos aspectos. El elevador no era más que unas rejas en forma de rombo, por lo cual podían ver el pasar los pisos al ascender. Ellos se hospedaron en el último. Constantemente Camille se refugiaba en la terraza, escondiéndose de todos, mirando el cielo siempre gris, a pesar del calor bochornoso que hacía. Miraba los edificios de en frente, corroídos, los niños pobres jugando con la tierra, y ella fumaba.
Entonces Tom la encontraba, y siempre preguntaba lo mismo.
—¿Sucede algo?
Ella siempre respondía que no.
Pero allí seguía su miedo, carcomiéndola desde adentro. “¿Y si nos encuentran?” Sabía que Caleb podría hacerlo, en poco tiempo. Fumaba más, el pasar del día y la aspereza de la noche se convirtieron en sus enemigas.
Sabía que algo simplemente no estaba bien. Era como si armase un rompecabezas, uno que le había costado creces, y cuando colocaba la última pieza… reparaba en que simplemente no encajaba. Tenía miedo, día y noche, no por ella, sino por él.
Nadie lo sabía.
Aquella tarde había llovido mucho, y la terraza estaba completamente inundada. Se vio obligada a fumar en el balcón, en la ausencia de Brokelle, Bill, y Tom. De pronto sintió una presencia acercándose a ella, y supo que se trataba de Gordon cuando él se posicionó a su lado, apoyando los brazos al barandal. Camille apagó su cigarrillo.
—Si tu madre te viese se volvería loca —comentó, ambos viendo al horizonte—. Odiaba que yo fumara.
—Ya tengo a Brokelle para esa parla —dijo con una sonrisa—. Creo que voy a dejarlo, de nuevo.
—¿De nuevo? —cuestionó Gordon—. ¿Ya lo habías dejado?
—Sí…—respondió ella.
—¿Y qué te hizo volver?
Ella no quiso responder, y Gordon lo comprendió. Era el mismo silencio que Sofía guardaba cuando no quería decir algo, la misma mirada evasiva.
—Camille —dijo de pronto, y ella supo, por el tono que empleó, iba a hablarle de algo serio—. Creo que tengo que decirte algo…
Después de un mes, hasta ahora reunía las fuerzas para decírselo. No era que ya pudiese contener las lágrimas al aceptarlo, porque, en definitiva, no podría hacerlo. Era que ahora no sentía la vergüenza que lo hacía retraerse antes.
Mientras tanto, dentro de Camille, todo se revolvía de confusión. ¿No habían tenido ya una charla? Y había sido lo bastante incómoda como para no querer repetirla. Sabía que aún quedaban cabos sueltos en esa historia, pero no era algo que particularmente, quisiera averiguar. Sólo quería dejar esa parte de su vida en Alemania, dónde pertenecía, encerrarla en la caja del pasado y tirar la llave a lo más profundo del mar. Gordon carraspeó.
—Tu madre le dejó una carta a tu tía antes de morir —contó con pesar—. Y yo se la entregué hasta hace un mes. Sarah me permitió leerla, y…descubrí algo.
Camille tragó con dificultad.
—Sophia siempre supo quién era tu padre, pero nunca quiso decírmelo. Me hizo creer que yo era tu padre biológico, y fue por eso que yo…hice lo que hice —Camille podía sentir las lágrimas de Gordon a punto de soltarse—. Pero también huí, al darme cuenta de la verdad, y esa verdad es que yo no soy tu padre.
Camille suspiró, ¿aliviada?. Pudo escuchar un sollozo de parte de Gordon.
—Lo siento —dijo con la voz en un hilo—. Nunca fue mi intención arruinarte la vida, yo sólo fui presa de una mentira que desató todo este caos.
—No tienes porqué disculparte —habló finalmente—. Y esta noticia no ha cambiado nada…tal vez para ti sí, pero para mí no. Mi padre siempre ha sido Caleb, y siempre va a serlo, ¿lo entiendes, no?
—Lamentablemente, sí, lo entiendo. Yo…nunca pretendí tomar su lugar, sólo quería… volver a verte. Hacerte saber quién era yo…o al menos, quién creí ser.
—Sophia era una putita muy manipuladora, ¿no? —dijo con un bufido—. Lamento que hayas caído en su trampa…Debiste enamorarte de mi tía Sarah ,¿sabes? Ella es la gemela buena, es verdaderamente…fenomenal.
Gordon sólo sonrió.
—Así que.. ¿estamos bien?
Camille le volvió a ver.
—Lo estamos —dijo, y se acercó para abrazarlo.

•••
Por la noche, Bill se encontró sólo en su habitación con un calor exhaustivo y sin ningún tipo de diversión excepto una novela hindú. Camille y Brokelle habían salido a hacer algunas compras, Gordon daba un paseo a los jardines del condominio, y Tom dormía. Se levantó de cama y fue a buscar algo de cereal, en su paso escuchó de la habitación de Tom algo, de modo que supuso, estaba despierto. Decidió pasar dónde su hermano, antes de comer algo, y proponerle hacer algo divertido. Bill y abrió la puerta y encontró a su hermano dando un respingo del susto, mientras se llevaba las manos atrás de la espalda, escondiendo algo.
—¿Qué haces? —preguntó frunciendo el ceño.
Tom respondió tartamudeando:
—N-nada.
—¿Nada? ¿Seguro?
Tom asintió.
—¿Qué escondes, eh? ¡Déjame ver!
—¡No escondo nada Bill, y sal de mi habitación, por favor!
—¡Anda, Tom! ¡No seas así, enséñame lo que escondes!
—¡No escondo nada! —replicó fulminante—. ¿Podrías irte ya?
—¡No hasta que me enseñes lo que escondes!
—¡Joder, lárgate ya o te muelo a golpes!
Bill se abalanzó sobre su hermano, en la cama, y después de unos minutos de luchas inofensivas y pataleos, Bill logró tomar lo que Tom escondía entre manos.
—Bill, por favor, deja eso…
Tom dejó de luchar, mientras Bill se levantaba y se alejaba de Tom lo más posible para lograr ver qué era lo que tanto escondía. En las manos tenía una pequeña caja satinada, en color blanco hueso, finalmente la abrió y cuando descubrió lo que tenía, su quijada por poco cae al piso.
Sobre la almohadilla roja y aterciopelada, sostenida por una ranura en la espuma, yacía un precioso anillo de plata.






I'm coming home-P.Diddy ft Skylar Gray

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2 Response to Capítulo 48 «Libertad»

Anónimo
20 de octubre de 2011, 16:47

wooow!!! O__O, ya quiero saber como va a darle el anillo!!

20 de octubre de 2011, 17:06

Ay jueputa!!!! xD
Que cositas tan lindas, Bill me mató de risa, jajaja "¿¡En qué jodido momento escogieron este país como destino!?" Siempre tan florcita el! xD
Y Cam y Tom son simplemente adorables juuntos *-*
Sentí un paralelo con la realidad aquí:
"¿Suele tomar tanto? —preguntó Camille, mirándolo en la incómoda posición que mantenía sobre el asiento—. Dime que no, por favor, ya tengo demasiado con Brokelle."
Jajajaja, mae que cool, ya muero por ver el final!!!!!
Pd: no voy a parar de cantar esa canción en toda la noche xD